La relevancia de los buenos abuelos

En la semana del congreso Descarte vs. Inclusión: Hacia la resignificación del adulto mayor, me surgieron muchas ideas acerca de los abuelos y su importancia en la vida de los chicos.

Maritchu Seitún
PARA LA NACION
SÁBADO 05 DE NOVIEMBRE DE 2016

Los primeros que tienen que conocer su valor como transmisores de cultura son los mismos adultos mayores, ya que la sociedad hoy promueve la juventud como único valor y puede confundirlos. Siempre fueron agentes y portadores de cultura, y hoy lo son más que nunca porque al acelerarse los cambios las culturas no tienen tiempo de instalarse y los mayores tienen que contar muchas cosas que ellos conocieron en la infancia, que sus hijos conocieron en la suya pero que los nietos no tienen forma de saber que existieron. Con la celeridad de los cambios la cultura en la que nos criamos deja de ser visible para los chicos: desde que no existían los autos ni los aviones en la infancia de mi abuela, o la televisión en blanco y negro, distintos estilos de vida, modas, costumbres son muchos los temas que enriquecerían la vida de los niños si, sabiendo nosotros su valor, nos tomáramos el tiempo de contarles, sin presiones, sin apuro? pero también sin pausa. Los abuelos somos portadores de memoria, experiencia, de frases hechas y culturas populares, lo que no siempre se encuentra en los libros, ¡o en Google!

Los abuelos podemos ser también brújulas para los nietos, marcar rumbos y ayudar a los padres a hacerlo. Lo que seguramente tenga que cambiar es el “formato” del mensaje y para eso hace falta flexibilidad, porque no nos van a escuchar si sólo hablamos del desastre del mundo actual. En cambio les va a gustar escuchar cuentos sobre nuestra infancia, o sobre la crianza de sus padres cuando eran chicos, o las ideas que motivaron nuestras decisiones importantes.Los abuelos tenemos mucho amor para dar y tiempo para “perder” (en realidad ganar) con los nietos, contestar sus interminables preguntas, jugar con ellos y dejarlos ganar o hacer trampa, mirarlos bailar, o cantar una canción, enseñarles a tejer, a jugar al truco o al ajedrez, a cocinar, hacer la huerta, canciones infantiles, cuentos tradicionales, sacarlos del colegio para almorzar.

De todos modos descubro que no es sencillo saber dónde ubicarme con mis nietos, por un lado me dan ganas de consentirlos hasta hartarme, comprarles lo que me piden, contarles cuentos hasta muy tarde, dejarlos ver toda la tele que quieran, o jugar con mi teléfono celular hasta que se quede sin batería. Dejarlos hacer aquellas cosas que no hice con mis hijos porque era mi tarea educarlos y ayudarlos a convertirse en personas de bien. Por otro lado me surgen deseos de educarlos, (como si yo fuera la mamá ¡que no soy!): cuando no hacen caso a sus padres, o no apagan la tele como prometieron, o de la nada le pegan al hermanito menor.

Es importante encontrar un buen equilibrio entre ambos extremos, educar y retar sólo cuando están a cargo nuestro y no delante de sus padres porque cuando lo hacemos los desautorizamos y empiezan luchas de poder innecesarias y dañinas para todos. Mimarlos y malcriarlos pero no hasta el punto en que pueda parecer una competencia en la que queremos ser más buenos que sus padres, puede que sin darnos cuenta, estemos buscando que nos prefieran?

Estemos atentos porque en la relación con los nietos a menudo veremos resurgir viejos conflictos que quedaron pendientes de la infancia de nuestros hijos. Podría ser un tema nuestro (quiero que mi nieto juegue fútbol porque mi hijo no lo hizo y me quedó pendiente) o de ellos (quiero que mi mamá se ocupe de mis hijos como no se ocupó de mí).

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Cuando los tonos se elevan y las emociones son muy intensas da para pensar que pueda haber algún tema no resuelto que urge revisar para no repetir. Ser abuelos nos ofrece una oportunidad de reparar, cicatrizar viejas heridas en la relación con nuestros hijos. ¡Sepamos aprovecharla!

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