Las vacunas ahora son recomendadas para los adultos

Son las que se aplican contra el tétanos y la difteria, la hepatitis B, la antigripal y la inmunización del neumococo. El 62% de las personas mayores de 65 años no está al día con ellas. La OMS lo recomienda para una vida más larga.

Clarin.com 15/10/16

Desde fines del siglo XVII existen las vacunas, que son las “herramientas” para que el cuerpo humano reconozca microorganismos como extraños y produzca sus propias defensas. Ya existen vacunas contra 25 enfermedades. En el imaginario popular, están asociados al pinchazo en niños asustados. Sin embargo, las vacunas también son un asunto de los grandes. En la Argentina, las personas mayores tienen garantizado el acceso a 4 vacunas eficaces y seguras que les reducen el riesgo de enfermedades que pueden producir complicaciones y desencadenar la muerte, aunque muchos las desconocen y no las reciben en el momento que corresponde.

“No todos los adultos mayores saben aún que necesitan recibir vacunas que están en el calendario oficial. Ni tampoco saben que están disponibles de manera gratuitas en hospitales y centros de salud”, dijo a Clarín Carla Vizzotti, médica infectóloga y jefa de inmunizaciones del Ministerio de Salud de la Nación. El desconocimiento se debe a que desde su origen las políticas públicas sobre inmunizaciones se enfocaron en los niños, pero durante los últimos 10 años la Organización Mundial de la Salud impulsa una transición hacia el resto de la población.

“El resultado de la investigación científica de tantas décadas llevó al desarrollo de nuevas vacunas y al descubrimiento de que había otros sectores de la población que son más vulnerables a las complicaciones de las enfermedades, como es el caso de la gripe o la neumonía. Por esto, el mundo está en un cambio: es una transición desde el niño a su familia. Con las inmunizaciones a grupos de riesgo, se busca reducir la mortalidad por las enfermedades prevenibles”.

Las cuatro vacunas obligatorias que están en el calendario oficial de inmunizaciones del Ministerio de Salud de la Nación para las personas mayores son: la doble adultos contra el tétanos y la difteria, la vacuna contra la hepatitis B, la antigripal y la inmunización contra el neumococo, que es una bacteria que se transmite de persona a persona a partir de la tos o estornudos y puede producir neumonías. Además, de manera opcional, algunos médicos sugieren la vacuna contra el virus herpes zóster –que causa el trastorno popularmente conocido como “culebrilla”. La aconsejan para los adultos mayores de 50 años (hayan padecido o no la enfermedad).

La última encuesta de factores de riesgo del Ministerio de Salud de la Nación indagó en la cobertura de vacunación para la población, y detectó las diferencias en el acceso entre las distintas edades.

La vacuna doble debe ser recibida por toda la población adulta con refuerzos cada 10 años. Pero el 62% de las personas mayores de 65 años no está al día con esa inmunización. Es decir, esas personas no están protegidas contra el tétanos, que es una infección grave causada por una toxina generada por una bacteria y que se puede transmitir por heridas, punciones sucias o quemaduras en cualquier persona no vacunada. Al no contar con la vacuna doble, tampoco están protegidas contra la difteria, otra infección bacteriana que se propaga fácilmente a través de los estornudos y la tos. Si bien desde 2007 no hay registro de nuevos casos de difteria en la Argentina, la vacuna es obligatoria. “En 2012, hubo un brote de difteria en Bolivia, con fallecidos. No hubo afectados aquí. Pero necesitamos que la población que no haya recibido el refuerzo de la vacuna doble que le corresponde, se acerque para protegerse”, subrayó la infectóloga Vizzotti.

La vacuna contra la hepatitis B –que es una infección viral que afecta al hígado y se transmite por contacto con la sangre u otros líquidos corporales de una persona infectada– tampoco es común entre los mayores. El 91,5% de los mayores no se había protegido contra esa infección, a pesar de que en el país la vacuna es gratuita y obligatoria desde hace dos años. En el mundo, más de 686.000 personas mueren cada año porque el virus de la hepatitis puede producir cirrosis y cáncer hepático en las personas no vacunadas. La mayoría de los que la contraen no tiene síntomas: se detecta por un análisis de sangre. Algunos inicialmente tienen náuseas, vómitos, falta de apetito, cansancio, y orina oscura. Para estar protegidos, los adultos tienen que recibir 3 dosis de la vacuna de la hepatitis B. La segunda dosis se debe dar un mes después de la primera dosis. La tercera dosis se debe aplicar a los 6 meses de haber recibido la primera dosis.

Otra gran desconocida para los mayores es la vacuna contra el neumococo. Se debe recibir una dosis después de los 65 años. Pero sólo el 23% de las personas mayores acude a colocársela. Esa única dosis brinda protección contra las cepas más frecuentes del neumococo, una bacteria que se transmite de persona a persona a partir de la tos y los estornudos. Puede producir enfermedades como la neumonía y la meningitis.

En cambio, la vacuna contra la gripe sí es más frecuente entre los mayores, después de muchos años de campañas públicas a favor de la inmunización. El 55,3% de los mayores la recibe anualmente, ya que se trata de una inmunización que se modifica cada año porque las cepas del virus de la gripe que circulan van cambiando. Se sabe que las personas mayores que no están vacunadas, pueden padecer complicaciones si adquieren el virus. Otros grupos de riesgo son las embarazadas, los bebés entre 6 y 24 meses, las mujeres que tuvieron hijos si no la recibieron durante el embarazo, los trabajadores de la salud y las personas con enfermedades respiratorias u otras enfermedades crónicas o graves. La gripe no es un asunto superficial: durante 2016, fallecieron 283 personas en el país por complicaciones de la gripe. En todos los casos, no se habían vacunado aunque estaban en grupos de riesgo. Esto significa que esas muertes eran prevenibles con la vacuna antigripal.

Además, los mayores de 50 pueden beneficiarse con la vacuna contra el virus que causa la “culebrilla”. En realidad, es el mismo virus que causa la varicela en los niños, pero puede permanecer en el cuerpo y generar la “culebrilla” en los adultos. “El virus herpes zoster puede reactivarse después de los 50 años o en personas con el sistema inmune debilitado”, contó a Clarín Daniel Stamboulián, presidente de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos e integrante de la Coalición Mundial sobre Vacunación para adultos de la Federación Internacional de la Vejez.

La reactivación del virus genera erupción en la piel y cosquilleo. Una de cada 4 personas enfrentan además un dolor invalidante que puede durar meses o años y se llama “neuralgia postherpética”. Para prevenir que el virus “se reanime” y evitar la complicación, los mayores de 50 se pueden colocar una dosis única contra el herpes zóster, que es una versión más concentrada de la vacuna contra la varicela que reciben los niños. La vacuna no está incluida en el calendario oficial de la cartera de salud nacional. Tiene descuentos por obras sociales y prepagas. El 15 de setiembre pasado, un estudio publicado en la revista New England Journal of Medicine reveló que una vacuna experimental protege al 90 por ciento de los adultos mayores de 70 años. Y los efectos siguen cuatro años más tarde.

Puede ser tétanos, difteria, hepatitis, gripe, neumonía, culebrilla. Son todas enfermedades que pueden afectar a los grandes, quienes están aumentando su presencia en la sociedad actual. Para el año 2050 habrá 3 veces más personas mayores de 65 años, y el temor es que el sistema de salud no pueda contener el impacto de semejante cantidad de personas. Por eso, hay especialistas que hoy apuntan a generar conciencia sobre todo lo que se puede hacer hoy, para no lamentar en el futuro.

“Estamos transitando la revolución de la longevidad”, afirmó Silvia Gascón, directora de la maestría en gerontología de la Universidad Isalud. En poco tiempo, la Argentina tendrá más mayores de 60 años que menores de 15. Eso implica un cambio: la pirámide con una gran base de jóvenes y una pequeña cúspide de mayores está adoptando una forma cuadrada por la presencia de más personas en su cúspide y menos en su base. “La gente vive más años. Pero hay que apostar a que se vivan más años con calidad de vida. Las vacunas ya disponibles y las que vendrán, el mejoramiento de los servicios de atención médica, y los diferentes tratamientos podrán contribuir mucho en esa dirección”, sostuvo.

Uno de los obstáculos es que sobreviven mitos que desalientan a los mayores a vacunarse a tiempo. “Al recibir las vacuna, los mayores contribuyen a controlar la circulación de gérmenes que pueden afectar también al resto de la población”.

Según Moisés Schapira, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología, y director médico del Centro de rehabilitación y cuidados continuos Hirsch, “las vacunas obligatorias que son útiles para los adultos son un derecho. Además, sirven para proteger a los demás. Pero el desconocimiento de las personas mayores, de sus familiares y de la comunidad médica pone una barrera en el acceso”.

En cada consulta, “el médico debería preguntar si el paciente tiene las vacunas al día, además de indagar por el consumo de alcohol, tabaquismo y la actividad física”, sugirió Schapira. Otro error de la gente es creer que las vacunas hacen daño. “En el caso de la vacuna antigripal, la persona puede sentir un dolor muscular. Pero el beneficio supera ampliamente a ese efecto adverso menor”. También hay que considerar que en los mayores, el sistema inmune está más debilitado. Esto implica que “el cuerpo cuenta con una menor memoria inmunológica en comparación con el de una persona joven. Por eso –señaló Schapira–, la vacuna puede resultar menos eficaz. Pero es mejor que no recibir nada”. El lavado frecuente de manos es otra gran medida de prevención. En los hospitales públicos, están tratando cada vez más de invitar a los grandes a ponerse las vacunas cuando llevan a los chicos. Una manera de cuidar más a los mayores.

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