Sexo después de los 60, le decimos cómo vivirlo a plenitud

A muchas personas se les hace inimaginable o les parece criticable el hecho de que una pareja de adultos mayores disfruten de su sexualidad. Los comentarios burlescos o satíricos no se hacen esperar: “Ellos ya están muy viejos para esas cosas”, “ese es un viejo verde”, “esa anciana es una pervertida”…

Domingo, Septiembre 11, 2016 | Autor: Meryt Montiel Lugo
El País – Colombia

A esta sociedad, por su cultura centrada en la juventud, le cuesta aceptar el encuentro íntimo entre adultos mayores (personas de 60 años en adelante), e incluso, los consideran individuos asexuados y esto no ayuda a que puedan vivir y expresar libremente su sexualidad.

En Colombia, de acuerdo con la encuesta Sabe del Ministerio de Salud Nacional y llevada a cabo en 2015 por la Universidad del Valle y la Universidad de Caldas, el 50 % de los adultos mayores refieren que la sexualidad es “importante” y “muy importante” en su vida. La relevancia va disminuyendo en la medida en que aumenta la edad: el

55 % de las personas de 60 a 64 años, por ejemplo, le dan importancia y esta cae a un 30 % entre los mayores de 85 años.

Los abuelos de Cali superan la media nacional, pues el 58 % de ellos refirió este aspecto como “importante” y “muy importante” en su vida. Los de Medellín, por ejemplo, fueron el 49 %.

La encuesta arrojó, además, que es más frecuente que los hombres refieran que la sexualidad es más relevante (63%) que las mujeres (28 %); que las regiones donde los ancianos le dieron mayor preponderancia a la sexualidad fueron la Costa Atlántica y la Pacífica. Y que quienes tenían mejor situación económica y mayor nivel educativo le daban más impotancia a este tema.

Algunas ventajas

Parejas de adultos mayores que tienen una vida sexual activa tienen menos riesgo cardiovascular; liberan endorfinas que ayudan a que tengan menos dolores crónicos; los contactos íntimos profundizan el sentido de pertenencia evitando situaciones como la depresión y la sensación de abandono.

Las mujeres sexualmente activas durante su edad madura detienen el proceso de envejecimiento; poseen mejor lubricación, ph vaginal y disminución de los síntomas menopáusicos en comparación con las sexualmente inactivas. Su clítoris no se afecta ni pierde sensibilidad; conserva la capacidad orgásmica.

Ventajas masculinas: La frecuencia con que los hombres mantienen relaciones sexuales es mayor que las de las mujeres a igual edad; no se afecta su deseo sexual; decrece la urgencia para eyacular, lo que permite más tiempo en una relación sexual; no disminuye la capacidad reproductiva ni siquiera a los 80 o 90 años. Y si el anciano tuvo una juventud satisfactoria sexualmente, lo más probable es que lo mismo ocurra durante su madurez.

Mitos

Falsas creencias como que con la llegada de la menopausia el deseo sexual se apaga son obstáculos para el disfrute de la sexualidad otoñal. Otros mitos son:

Las personas mayores no tienen intereses sexuales ni capacidad fisiológica para tener conductas coitales.
Las mujeres viejas que se interesan por la sexualidad son ninfómanas.
La masturbación es una conducta desviada y dañina sobre todo en la vejez.
Las personas mayores no son atractivas sexualmente para los demás.

Tenga en cuenta

Tenga presente que la sexualidad no se puede limitar a prácticas coitales. Hay otras formas de intimar: abrazos, caricias, conversación cariñosa, tocarse, bañarse juntos. Los juegos sexuales, el sexo oral y el sexo manual son importantes en esta etapa.
La vida sexual en la edad dorada depende de la forma como se resolvieron o no los asuntos de pareja en épocas pasadas. Es común, por ejemplo, que mujeres maltratadas por las infidelidades de sus esposos o por sus actitudes altaneras, rehusen mantener relaciones íntimas con ellos en la vejez.
No descuide la vida sexual. Muchos adultos mayores convierten su relación en solo cariño y presencia, pero es importante encontrar en el sexo un vehículo para el encuentro y el descubrimiento aunque ya lleven muchos años de pareja.
Hombres y mujeres que hacen actividad física rutinaria, al menos 30 minutos todos los días, (pueden ser repartidos durante el día) tienen una mejor función cardiaca, sexual, mejor lubricación y erección.
Tener un masaje relajante o un baño caliente antes de intimar es aconsejable, lo mismo que tomar analgésicos si hay dolores musculares y utilizar almohaditas para amortiguar, con el fin de que la práctica sexual no sea dolorosa.
Existen medicamentos como pastas, u óvulos y cremas de estrógeno que mejoran la lubricación vaginal y hacen que la penetración sea mucho más suave. Hay incluso líneas cosméticas (jabones y cremas) para lubricar los labios vaginales y el pene, lo que facilita el coito y evita que la vagina se lacere. En esta etapa los órganos genitales femeninos y masculinos se vuelven muy delicados y se pueden lacerar o sangrar fácilmente.
Los lubricantes no deben ser calientes porque pueden producir irritación. Tampoco deben contener alcohol.
No ponerse ropa apretada. La mujer debe usar interiores de algodón y no dormir con ellos para evitar el exceso de calor en la zona genital y la presencia de hongos.
Asesórese de un profesional de la salud para que lo oriente en la ingesta de medicamentos que ayudan a mejorar la función eréctil. Algunos tardan media hora en actuar y su efecto se acaba rápidamente; con otros se puede esperar hasta 48 horas para que actúe. Hay pastillas que no se pueden mezclar con alcohol ni alimentos. Deben tener precaución, pacientes con fallas cardiacas, entre otros.
Los varones deben tener en cuenta cambios como: la disminución del tiempo para lograr la erección con la edad. Es necesario más tiempo para la estimulación y para alcanzar el clímax, siendo el orgasmo de duración más corta.
El periodo refractario (entre uno y otro coito) tras la erección aumenta marcadamente, llegando a ser de días.
La eyaculación se retrasa, por este motivo se reduce también la frecuencia de eyaculación prematura, lo que se convierte en una ventaja en los hombres que presentan este trastorno.
La eyaculación es menos profusa.

Decálogo de los derechos de la vejez

Estos derechos fueron expuestos en 1984 por el médico sexólogo Alonso Acuña Cañas en su libro ‘Sexo y edad’:

El ejercicio de la sexualidad es una libre opción que estoy en capacidad de tomar. Mi expresión sexual es permanente y no depende de la edad. Es una faceta vital que varía con cada persona.
Tengo el mismo deseo y derecho a recibir y dar caricias tal y como sucedía en mi niñez y juventud.
Estoy en capacidad de expresar sanamente el afecto hacia las personas que me atraen.
Puedo constituir pareja y compartir mis sentimientos sin límite de edad.
Soy capaz de trabajar, de producir, hacer deporte y divertirme. Mi situación de retiro o pensión no me lo impide, antes bien lo facilita.
Como persona mayor puedo tener el don de la elementalidad, como sucede en la niñez.
Soy capaz de gozar de la transparencia del aire, del aroma de la flor, el color de las mariposas, el roce de una mano amiga, la ternura de una caricia, el murmullo de un manantial. Cada vez más en virtud de mi experiencia.
Me aferro a la vida porque sé de su valor y percibo el placer de vivirla, aunque en ocasiones disfrute en la soledad de mis recuerdos y parezca persona huraña.
Tengo derecho a cuidar y mejorar mi imagen exterior, a transmitir a los demás la belleza interior que brota de mi cuerpo y gozar de toda clase de sensaciones que de él provengan.
El llegar a la vejez significa que he sobrevivido y triunfado sobre la enfermedad y la muerte. Puedo transmitir con orgullo estas ideas a mis hijos, nietos y amigos, para que a su vez si ellos logran alcanzar la vejez, tengan entonces el privilegio de transmitirlas también, a sus nietos, hijos y amigos.

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