Abuelas 2016: fórmulas para una mejor calidad de vida

Tener nietos dejó de ser sinónimo de achacamiento. Con cuerpos y mentalidades diferentes, las nuevas “nonas” no se privan de placeres. Entre ellos, disfrutar de ese rol.

Por Josefina Edelstein
La Voz del Interior
15.8.2016

No se trata de las típicas abuelas jubiladas expertas en recetas inigualables y en colas en la Anses. Tampoco son esas mujeres de cabello blanco y rostro angelical de los dibujos animados, con rodete incluido como la del canario Tweety, ni de las que les sacan astillas a las mecedoras, se conocen todos los programas de chimentos y tienen como actividades más intensas regar las plantas, barrer la vereda y tejer extensas bufandas para los nietos cuando comienza el otoño.

Un nuevo modelo de abuela siglo 21 se abrió paso en el amplio universo de las mujeres con nietos: estas apenas pasan los 50, trabajan, tienen look juvenil y se prenden en distintos tipos de actividades, como entrenar físicamente en gimnasios o al aire libre, lo que las despega más de la imagen clásica del escalón familiar al cual, en definitiva, pertenecen.

Son parte de una generación que tuvo hijos a edades tempranas y que ha estrenado abuelidad a mediana edad, desoyendo cualquier canon que pretenda limitar su energía y plenitud.

“Me encontré joven al ser abuela, con actividad plena y todavía aprendiendo cosas, porque la parte holística apareció en mi vida junto con los nietos y nada me impidió tejer ajuares enteros”, cuenta Cristina Martínez, profesora de Biología, terapeuta holística y abuela de tres niños.

Además, practica yoga, hace musculación en un gimnasio, entrena al aire libre y agrega: “Tengo a mis nietos incorporados en mi vida en absolutamente todo”.

María Eugenia Terré (53) está estrenando abuelazgo con Camilo, de tres meses y se desempeña como concejala de la ciudad de Córdoba por el Frente Federal de Acción Solidaria. “El entrenamiento es mi cable a tierra y hacer running es una cuestión de superación, de competencia conmigo y, si a esto lo trasladamos a la vida cotidiana, avanzamos sin pisarle la cabeza a nadie”, apunta.

Marina Durán (50) tiene cuatro nietos y cuenta que cuando fue abuela no lo relacionó con la vejez, entre otras cosas, porque tenía dos hijos en la primaria y su función de madre “estaba a pleno”. Se dedica a la organización de eventos y toda su vida hizo deporte “como algo netamente recreativo”. “Corro carreras y entreno con el grupo Beta Norte porque la prioridad es pasarla bien”, agrega.

Son absolutamente diferentes del concepto que todavía persiste y que relaciona la abuelidad con vejez y aplanamiento de la vida y esto se observa en una buena porción de las personas que, incluso, son mayores de 60.

“Lo que hoy está impactando es una vejez sin edad y esto trae aparejada una transformación porque se está rompiendo con cierta institucionalización y rigidez de cómo debiéramos vivir cada uno la edad”, señala Ricardo Iacub, titular de Psicología de la Tercera edad y Vejez en la Universidad de Buenos Aires y especialista en adultos mayores.

“Cuando vemos viejos –agrega– que están viviendo de otra manera, no son ni ‘pendeviejos’, ni no saben adecuarse a la edad, simplemente estamos rompiendo las categorías de edad. Esto lleva a que ciertos presupuestos físicos también cambien: los cuerpos de los viejos son ahora distintos, también la manera de vestirse y no ubican el cuerpo por fuera del deseo”.

Cuando los gatos no están
“La noticia de que seremos abuelos puede despertar sensaciones contradictorias que van desde la inmensa alegría, al impacto de reconocer que nos veremos inevitablemente mayores, aunque en la actualidad hay abuelidades más que jóvenes e incluso, la bisabuelidad”, reflexiona Haydée Lenkiewicz, magíster en Gerontología, miembro del Grupo de Investigación del Derecho de la Vejez, en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

En muchos casos, la abuelidad se vive como “un regalo” de los hijos que, a la vez, rejuvenece. “Es un estímulo, diversión, aprendizaje de nuevas tecnologías, amor, inspiración, ganas de esforzarse, sentimiento de utilidad y compañía”, indica la especialista.

De hecho, esos aspectos están presentes en las vivencias de las abuelas de referencia en esta nota. “Es un amor nuevo, libre y pleno”, apunta Eugenia.

En tanto, para Marina “los niños son una fuente de energía muy pura y renovadora, imposible de asociar con vejez”. “Me ocupo de mis nietos y disfruto con ellos. No sé tejer, pero les enseño a subir a los techos o les hago tatuajes en la panza con una birome”, cuenta.

Cristina, por su parte, se reserva una tarde a la semana para sus nietos. “No hay nada que pueda interrumpir mi placer de buscarlos los jueves. No los malcrío, respeto la educación de los padres y, en el tiempo que tenemos, los mimo al extremo y lo que ocurre es nuestro. Solemos decir: ‘cuando los gatos no están, los ratones bailan’”.

El concepto gratificante de la “utilidad”
“Resalto el sentido de utilidad que podemos tener los abuelos como historiadores, transmisores de valores, de herencia y de tradiciones familiares”, dice Haydée Lenkiewicz. El sentimiento de utilidad suele asociarse con la concreción de proyectos cotidianos y con encontrarle sentido a la vida.

Varones, presentes
El devenir de los abuelos varones también cambió en sintonía con las nuevas visiones de género y “aparece con una dimensión de afecto novedoso”, apunta Iacub.

“Es una generación que quizá, cuando fue más joven, no tuvo tiempo para dedicarse a sus hijos porque el oficio masculino era negociado a partir del trabajo y ahora, en cambio, se abre la posibilidad de disfrutar y de mimar, de tirarse al piso y de jugar como nunca lo hizo”, explica el psicólogo.

Hoy, a los 50 años, los hombres “están más tranquilos con el rol acumulativo y de su carrera y tienen tiempo y disponibilidad para un rol más generativo con los nietos”, agrega.

En muchos casos, perciben que llegó el momento de disfrutar y no perder oportunidades y sienten que pueden darle a otro, generarle cosas positivas y que en parte, la alegría que viven, tiene que ver con esa generatividad.

Yogurt helado y mucho deporte
Silvina Pérez Gaudio tiene 52 años, cinco hijos y cinco nietos (más uno en camino). Cuenta que fue mamá muy joven (a los 17 años) y que por eso “adelantó etapas”, lo que le permite disfrutar de su familia de una manera muy plena. Amante del deporte, integra el club de veteranas de tenis. Gestiona un local de la cadena de yogurt helado Be Fruit. Afirma que la actividad física para ella suma salud mental

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