Neumonía: preocupa la baja cantidad de adultos vacunados

La vacuna que previene la enfermedad neumocócica invasiva y modera la gravedad de la infección pulmonar es gratuita para mayores de 65 y adultos con factores de riesgo.

Clarín 22.6.16

Sobre que los chicos deben ser vacunados hay un acuerdo generalizado, solo contradicho por grupos minoritarios. El eje padres-pediatras-colegios (que demandan calendario al día) funciona a la perfección en un país con un programa de inmunización ejemplar. Pero una vez finalizada la etapa escolar, la cartilla con los sellos queda olvidada en el fondo de algún cajón y uno se da por egresado también de los pinchazos periódicos. Error. Hay vacunas para todas las etapas de la vida que previenen o atenúan el impacto de enfermedades que pueden ser mortales. Algunas, como la de la gripe, gozan desde la epidemia de H1N1 en 2009 de una fama que otras, como las antineumocócicas, envidiarían ya que tienen tasas de aplicación muy bajas, pese a estar disponibles y ser gratuitas para la población de riesgo.

Los principales transportistas del neumococo son los chicos. La bacteria suele transmitirse de sus narices y gargantas a padres, abuelos, maestros y adultos en general que, a diferencia de ellos, mayoritariamente no están vacunados y pueden manifestar desde una infección leve como otitis media (mucho más frecuente en niños) hasta cuadros graves de neumonía, bacteremia y meningitis. Ya sea porque su sistema inmunológico es inmaduro o ha envejecido, los menores de dos años y los mayores de 65 son, respectivamente, los más vulnerables a la enfermedad neumocócica. También adultos de cualquier edad con uno o más de los siguientes factores de riesgo: tabaquismo, consumo regular de alcohol en exceso, EPOC, diabetes, infarto agudo de miocardio y otras cardiopatías, enfermedades respiratorias o renales y pacientes inmunosuprimidos, principalmente. Todos deberían estar vacunados. Pocos lo están.

“En Argentina las vacunas para la influenza y la neumonía están en el calendario y las tasas de vacunación no son óptimas. Las de la gripe, no obstante, son mejores. Pero estando disponibles, lo peor que puede pasar con una vacuna es que se venza en la heladera. Hemos fracasado”, se lamenta Gustavo Lopardo, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

Los números lo respaldan. Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2013), solo el 16% de la población adulta que tenía indicada la vacuna contra el neumococo se la había aplicado en los cinco años previos, mientras que poco más del 50% había recibido la de la gripe. Ambas vacunas son seguras, pueden darse juntas y ayudan a proteger contra la neumonía, ya que su origen puede ser viral o bacteriano, entre otros agentes.

EL CAPITÁN DE LA MUERTE

La neumonía es la forma más frecuente en la que el neumococo afecta a la población adulta. Es una infección en los pulmones que se convierte en el “capitán del muerte” de más de 18 mil mayores de 50 por año en el país. En ese período se producen 3.400 casos cada 100 mil adultos y dos tercios requieren hospitalización. Se trata de la principal causa de hospitalización y muerte que se puede prevenir a través de la vacunación. Sus síntomas son completamente inespecíficos y comprenden dolores musculares, de pecho, abdominales y/o de cabeza; fiebre, rinorrea, tos seca, náuseas, vómitos. Siempre que aparezcan hay que consultar de inmediato al médico.

Las complicaciones en las que puede derivar un cuadro de neumonía son múltiples. “Puede ocurrir que el paciente no responda al tratamiento y se prolonguen los días de fiebre y síntomas. Que la infección se disemine al resto del organismo y produzca inflamación generalizada y fallo de otros órganos (sepsis), que la infección se traslade a sitios alejados del pulmón y provoque artritis, meningitis o endocarditis. Que se vea comprometida la pleura (el espacio entre el pulmón y la pared del tórax) y que la infección deteriore el tejido pulmonar dejando un absceso”, explicó consultado por Clarín Alejandro Videla Montilla, miembro del servicio de Neumonología del Hospital Universitario Austral. “Estas complicaciones se ven más frecuentemente a partir de los 65 años. Actualmente como personas ancianas son muy saludables, se está viendo en varios estudios que es más importante el impacto de las enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca y EPOC que la edad por si sola”, añadió el especialista, que además es consultor en enfermedades respiratorias del Ministerio de Salud.

Nuevamente, los números hablan por sí solos: en los mayores de 50 con enfermedad pulmonar crónica (EPOC) el riesgo de contraer neumonía respecto de un adulto sano se multiplica por 11, por seis en quienes viven con asma, por cinco en quienes tienen enfermedades cardiovasculares, casi por cuatro en los fumadores y por tres en pacientes con diabetes. También son más vulnerables las personas con VIH/sida.

PONER EL BRAZO

“El problema que tenemos es que la gente se vacuna poco. La cobertura es baja y hay una amplia franja de la población con riesgo de neumococo que no está vacunada. La vacuna se da una sola vez en la vida y en algunos grupos (como los inmunodeprimidos) hay que repetirla a los cinco años”, enfatizó Pablo Bonvehí, jefe de Infectología del CEMIC.

La vacuna que está disponible en forma gratuita para mayores de 65 y adultos con factores de riesgo es la polisacárida 23 valente (PPSV23), que protege contra las formas invasivas de la enfermedad neumocócica (bacteremia, meningitis, artritis). “Con respecto a la neumonía, la mayor evidencia científica está a favor de la moderación de la gravedad del cuadro. Lo que se ha visto en distintos trabajos es que quienes están vacunados con la PPSV23 tienen menos complicaciones, menos días de hospitalización y menos necesidad de antibióticos prolongados”, señaló Bonvehí.

Hay otra vacuna, la conjugada 13 valente (PCV13), que en 2012 fue incorporada al calendario para su aplicación secuencial con la polisacárida por la Comisión Nacional de Inmunizaciones en pacientes inmunocomprometidos y con patologías muy puntuales, aunque se está analizando expandir este esquema complementario a otros grupos, confiaron los especialistas. Esta vacuna -que es la misma que se aplica a los chicos- además de proteger contra las formas invasivas, previene en un 46% la neumonía producida por los serotipos de neumococo que contiene.

A MÍ NO ME VA A TOCAR

Una encuesta realizada entre marzo y abril de este año en siete países de Latinoamérica para medir el conocimiento de la neumonía entre mayores de 50 reveló que en Argentina 9 de cada 10 saben de qué se trata la enfermedad. Si bien a la mitad de los encuestados les preocupa, solo tres de cada diez creen estar en riesgo de contraerla. Y menos del 50% sabe que hay la vacunación contra la neumonía está recomendada para su grupo de edad.

“Hay una baja autopercepción del riesgo de contraer neumonía, pese a que en Argentina la prevalencia de la enfermedad es tremendamente alta”, analizó Alejandro Cané, jefe de Asuntos Médicos y Científicos para América Latina y Canadá de Pfizer, laboratorio que encargó el sondeo cuyos resultados fueron difundidos en un encuentro realizado en México. “Si hay vacunas para prevenirla, no hay razón para que una persona muera por esta causa. La vacunación cambió la forma de la salud humana, solo superada por la disponibilidad de agua potable. Por cada dólar invertido en vacunas, el sistema se ahorra 16 en atención”, agregó el especialista, que es infectólogo infantil del Hospital Austral.

Para María Luisa Ávila, ex ministra de Salud y actual jefa de Infectología del Hospital Nacional de Niños, la comunidad médica debe dejar de ser por omisión una barrera para la inmunización y comprometerse con ella más allá de la infancia. “Hay que entender que el adulto también se puede beneficiar de la vacuna. A una persona relativamente sana una enfermedad como la neumonía la puede discapacitar e incluso llevarlo a la muerte. Envejecer no es sinónimo de enfermarse. El apasionamiento que tenemos los pediatras por las vacunas debemos trasladarlo al odontólogo, al urólogo, al ginecólogo, a todos los especialistas para que orienten sobre el tema. Y no hay que perder oportunidades de vacunación, si el abuelo lleva a su nieto al pediatra, el médico tiene que preguntarle si está vacunado. Que todos los profesionales se apoderen de la vacuna es fundamental”.

Lopardo, que también integró el panel de especialistas del encuentro, coincidió: “Hay que instalar el concepto de que la vacunación es para todas las edades y toda la familia. No hay que ser experto para prescribir una vacuna, debo ocuparme aunque sea un cardiólogo”. Según Isabella Ballalai, presidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunizaciones, es necesario “educar a los médicos e informar a la población” para elevar las tasas de inmunización. Y Miguel Gutiérrez Robledo, director del Instituto de Geriatría de México, cerró en forma contundente: “De algo vamos a morir, pero cuanto más tarde mejor”.

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