La vejez tiene mala prensa

Con gran alegría he recibido una enorme cantidad de historias e inquietudes que me han compartido personas de la tercera y la cuarta edad. De manera que estas ideas sobre el tema están dirigidas a todos ustedes.

Bernardo Stamateas
PARA LA NACION
JUEVES 19 DE MAYO DE 2016

La vejez tiene mala prensa. Cada etapa evolutiva tiene su encanto; no hay una etapa de la vida mejor que otra. ¿En qué etapa evolutiva lo tenemos todo? En ninguna. Siempre nos falta algo. Por ejemplo, los adolescentes tienen problemas con el acné y los jóvenes tienen la lucha de la vocación.

Si bien un anciano posee ciertas limitaciones físicas, el fin de la vida no es la vejez, sino la muerte. Y ésta puede aparecer en cualquier momento. Llegar a la ancianidad es un triunfo que hay que celebrar. La palabra jubilación tiene que ver con “júbilo”, lo cual implica celebración.

La cultura en general no está en contra de la vejez, más bien la cultura publicitaria, y eso se debe principalmente a que tenemos una herencia cultural griega donde se exalta la belleza y el cuerpo perfecto. Los primeros que inventaron el photoshop fueron los griegos con sus esculturas divinas de cuerpos sin un gramo extra. Es así como la publicidad apunta al ímpetu de la juventud, porque es más fácil venderle algo a un joven que a un adulto, ya que este último puede tener una actitud más crítica.

Algunos dicen que la vida comienza a los cuarenta. En realidad, empieza cuando uno decide que empiece porque hay mucha gente que se muere antes de morirse. ¿De qué manera? Al perder los proyectos, los sueños, la vitalidad. Sin darse cuenta, están muertos en vida.

El miedo a la vejez no es nuestro, sino existencial. No pertenece a la cultura, tiene que ver con otro tema, que es la muerte. Por eso, nadie desea envejecer. Hay una suerte de combinación entre la muerte, a la cual todos nos dirigimos, y la omnipotencia. No queremos envejecer porque no aceptamos el paso del tiempo y las limitaciones propias de la edad.

La etapa entre los 40 y los 65 años se conoce como “el atardecer de la vida” y es allí donde uno descubre dos cosas. En primer lugar, el paso del tiempo. Este se mira hacia adelante y se cotiza en euros porque pasa a gran velocidad. Y en segundo lugar, el cuerpo que comienza a cambiar. La gravedad sigue su curso. También los padres envejecen o mueren.

Algunos hoy hablan de tercera edad (entre los 65 y los 75 años) y de cuarta edad (entre los 75 y los 90 años). Pero de ninguna manera se debe asociar vejez a decrepitud. Es fundamental ampliar los vínculos afectivos. ¿Dónde tienen sus amigos los ancianos? Algunos de ellos en las filas de los bancos y en los consultorios médicos. Cuando uno pierde el “colchón afectivo”, su vida social se limita a ver cómo pasa la vida y se pierde la capacidad de soñar, que es el motor que nos empuja hacia adelante.

Por eso, en esos años hay que procurar tener la mayor cantidad posible de metas y sueños. Uno envejece de acuerdo a cómo vivió. De ahí la importancia de construir vitalidad. El anciano tiene que unirse con el joven porque la fuerza sin madurez es fuerza bruta; y la madurez sin fuerza es propia de un soñador que se sienta a tomar un café. La mejor manera de seguir en carrera es trasmitiendo un legado, compartiendo las experiencias, a las nuevas generaciones.

La vejez es esa etapa de la vida en la que uno ha acumulado la experiencia suficiente como para animarse a discutir temas que antes no discutía. Además se han profundizado los vínculos afectivos y se ha aprendido a cuestionar y a priorizar de otra manera. Los abuelos no deberían ser menoscabados ni infantilizados, pues, al no tener el estrés de la paternidad, pueden convertirse en un modelo de envejecimiento para los que vienen atrás.

Disfrutemos cada etapa de la vida. La felicidad no se encuentra, se lleva adentro. La psicología positiva enseña que la gente más inteligente no es la que compra más objetos, sino la que acumula más experiencia. Un buen recuerdo nos puede sostener en los momentos difíciles.

Hay un mito que dice que en la primera mitad de la vida uno siembra para cosechar en la segunda mitad. Esto es falso. Debemos sembrar y cosechar a lo largo de toda la vida.

La vida puede compararse a un proceso de construcción que termina el último día que dejamos esta tierra. Para construir nuestra “casa”, que puede durar 70, 80 o 90 años, utilicemos siempre los mejores materiales.

http://www.lanacion.com.ar/1900233-la-vejez-tiene-mala-prensa