Ataque cerebral: se produce uno cada 9 minutos

Lo confirma el primer estudio prospectivo realizado en el país; acaba de publicarse en la revista Stroke

Nora Bär LA NACION JUEVES 12 DE MAYO DE 2016

Durante dos años, los 130.000 habitantes de Tandil vivieron movilizados en torno de un singular objetivo científico: registrar minuciosamente todos los casos de accidente cerebrovascular y ataque isquémico transitorio que se producían en esta población del sur de la Provincia de Buenos Aires.

Quince médicos de la zona dieron innumerables charlas, las boletas del servicio eléctrico llevaban leyendas con los síntomas de estos eventos neurológicos y la instrucción de que se comunicaran a un número telefónico, y hasta se contactó telefónicamente a familiares de personas cuyos decesos no habían ocurrido en el hospital para determinar si la causa de muerte había sido un ACV.

Gracias a este esfuerzo descomunal, se pudo desarrollar el primer estudio prospectivo poblacional hecho en el país sobre indicencia de accidente cerebrovascular (ACV) y ataque isquémico transitorio. Los resultados que arroja son inesperados.

“Estamos mejor de lo que creíamos -comenta el doctor Luciano Sposato, neurólogo argentino que hace siete años ideó esta investigación, pero que ahora trabaja en el London Health Sciences Centre, de la Universidad de Western Ontario-. Comparado con cualquier otro estudio de América latina, Argentina tiene la menor cantidad de casos. Se parece a un país europeo.”

Aunque las razones son difíciles de dilucidar, el especialista sugiere que estas cifras podrían deberse al desarrollo económico, el acceso a la salud, el nivel educativo de la población.

El trabajo, llamado “PrEvISTA” (Programa para la Evaluación Epidemiológica del ACV en Tandil, Argentina), acaba de publicarse en Stroke, la revista científica más dstacada en el tema. Si se ajustan los resultados a la población argentina, el registro que se hizo entre el 1 de mayo de 2013 y el 30 de abril de 2015 indica que en la Argentina se produce un ACV cada 9 minutos. Anualmente, 58.124 ataques cerebrales. Hasta ahora, extrapolaciones de otros escenarios epidemiológicos sugerían que la cifra era del doble: uno cada cuatro minutos.

Para Fernando Cáceres, del Instituto de Neurociencias Buenos Aires (Ineba), que no participó del trabajo, el PrEvISTA “es un estudio valioso. Es muy positivo que por primera vez en la Argentina se haya hecho un trabajo en población local. Desde el punto de vista epidemiológico, es más prolijo y nos permite contar con cifras más precisas. Pero más allá de que se contabilice un ACV cada 9, 10 o 15 minutos, no hay que confundirse: nos da certeza sobre una epidemia que igual sigue siendo devastadora”.

Segunda causa de muerte y primera de discapacidad

“Tratamos de responder una inquietud de las Naciones Unidas, que pidió a los países latinoamericanos buena calidad de datos -dice Cecilia Bahit, jefa de Cardiología de Ineco Neurociencia en Rosario y, junto con Sposato, investigadora principal del estudio-, especialmente sabiendo que el ACV es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad en la región. Tandil ofrecía varios elementos favorables: un sistema de salud medianamente competente, al que la gente del lugar concurre para atenderse y un grupo de personas interesadas en hacer el estudio.”

Hacer un estudio epidemiológico de alta calidad con muy pocos medios fue todo un desafío. “Queríamos medir la incidencia; es decir cuántos casos nuevos se producen en una determinada unidad de tiempo -agrega Sposato desde Ontario, donde ya en primavera y con 0° festeja la llegada del «calor»-. Para eso, necesitábamos un área geográfica bien definida y que la población no fuera a consultar a otros lugares para que no se «escaparan» casos.”

Así, se llevó un “censo” exhaustivo en el hospital y las dos clínicas de Tandil. También lograron detectar con precisión los accidentes isquémicos transitorios, eventos que pueden durar desde unos pocos minutos a unas horas y luego desaparecer espontáneamente, pero que aumentan drásticamente el riesgo de un ACV en los siguientes 30 días.

“La gran debilidad de estos trabajos son estos pacientes -destaca el doctor Mariano Coppola, neurólogo del Hospital Ramón Santamarina de Tandil-. Puede ocurrir que se les duerma una mano o que dejen de ver con un ojo en forma pasajera, no le den importancia y no concurran a la consulta médica. En el PrEvISTA tuvimos un altísimo registro de estos cuadros.”

Los datos disponibles, entonces, ponen al país en situación favorable con respecto de otros de la región: mientras en Brasil hay una incidencia anual de 137 casos de ACV cada 100.000 habitantes, y en Chile, de 94 cada 100.000, en la Argentina esa cifra asciende a 76 cada 100.000.

Algo similar ocurre con la mortalidad. Según el PrEvISTA, la mortalidad a los 30 días entre 2013 y 2015 fue del 14,1% para el ACV isquémico (por obstrucción de un vaso sanguíneo), del 24,1% para el hemorrágico, y el 47,1% por rotura de un aneurisma.

Por su parte, en la provincia de Ontario, Canadá, entre 2005 y 2010, la mortalidad para el ACV isquémico fue de 15.7% y del hemorrágico, de 34.4%.

Estas cifras pueden sorprender, si se tiene en cuenta que en el país nórdico el tratamiento del ACV está estrictamente estipulado y controlado.

“En nuestro centro de stroke -cuenta Sposato-, aparte de la administración rápida de trombolíticos se utiliza la trombectomía mecánica, que permite extraer el trombo [coágulo] con un catéter que se introduce por la arteria femoral. También se controlan escrupulosamente los tiempos de atención: es un hospital público solventado por el Estado, pero hay un equipo de 12 personas en la guardia antes de que llegue el paciente. Desde que atraviesa la puerta del hospital hasta que se le empieza a «gotear» el trombolítico, no pueden pasar más de 45 minutos.”

En la clínica de accidente isquémico transitorio del mismo hospital se atienden anualmente 2000 personas por año. Además, se internan unas 800 con ACV en el mismo lapso.

“Si bien no se probó que estos tratamientos disminuyan la mortalidad, si se sabe que pueden reducir de forma importante la discapacidad -explica Sposato-. Cuanto antes se comience el tratamiento, mejor es el resultado porque mueren menos neuronas.”

En nuestro medio, según un trabajo de 2015 de la Sociedad Neurológica Argentina, “muchas regiones carecen de centros de tratamiento trombolítico y en donde existen, podrían no ser suficientes en número para cubrir las necesidades en su área de influencia”. En la gran mayoría de los hospitales argentinos que reciben casos de ACV, no se hace trombectomía.

Confirma Bahit: “No tenemos todas las unidades de stroke que necesitaríamos”.

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