María Fux: a los 94 años baila, da clases de danzaterapia y dirige su estudio

Fue pionera en técnicas de danza modernas y en la inclusión en su estudio de personas con discapacidad. Dice que el movimiento ayuda a sonreír y a decir “sí, puedo”. Hoy se estrena el documental Danzar con María, sobre su método.

Clarin

Bailar, bailar y bailar. Con su propia cadencia y aunque tenga que vérselas con trabas que su cuerpo antes no conocía. Esa es la fórmula que María Fux, la creadora de la danzaterapia, elige compartir y revelar para estar como ella está a sus 94 años.

Sentada en la recepción de su estudio y después de mostrar orgullosa el salón para las clases, completa su idea: “lo importante es moverse y expresarse. No es que haya que bailar en el escenario. Es buscar el ritmo interno, ese que nace de adentro. Eso es parte de la vida de las personas”.

Algo, ¿o mucha?, razón tendrá. Porque se la ve radiante y llena de energía -con el maquillaje muy cuidado, el pelo recogido y una camisola ancha de seda impecable- y porque tiene más argumentos para dar. “A través de la danza, la persona puede cambiar la vida, volver a sonreír. Cuando la persona se mueve, está mejor. Por ejemplo, el primer cambio que suelo ver en mis alumnos es en la expresión de sus rostros y en la conexión con ellos mismos”.

Con formación clásica, a los 15 años María conoció la historia de Isadora Duncan -considerada creadora de la danza moderna- y descubrió que existían otros caminos para transitar en el escenario. Hizo espectáculos descalza y sin música, cuando esto era una extravagancia absoluta-, se lanzó a la improvisación y en las clases comenzó a incluir a chicos y adultos con discapacidad, como otra de sus innovaciones. “Mis clases son de integración. Estás vos y está otra persona parecida a vos y otra que no tiene nada que ver con vos. Y todos pueden encontrar su forma de expresión”.

¿Cuál es el cambio más rotundo que viste en un alumno?

Se da cuando la persona empieza a decir “sí, puedo”. Esto me genera una alegría inmensa. Puede suceder enseguida o llegar después de un tiempo largo de trabajo. Yo no intervengo. Dejo que cada uno tenga su proceso. Tampoco califico si algo está bien o mal hecho. Voy aceptando los cambios. Sé que cada uno es diferente. Me gusta mucho trabajar con personas sordas. Ellos se expresan con su propio ritmo que le pertenece y verlos es una gran satisfacción.

María conoció muy de cerca las dificultades que enfrentan en el día a día las personas con problemas motrices. Cuando era muy joven, a su mamá tuvieron que quitarle la rótula de una pierna y desde ese momento, no recuperó la estabilidad para caminar. “Yo soy la pierna de mi mamá que danza”, explica categórica. Y ante la pregunta si esa experiencia la llevó a buscar un método integrador, dice que “trabajar con gente con dificultades le permite aceptar las propias” También le brindan la posibilidad de dar, otra de las cuestiones que le interesa y “que le da sentido a la vida”, concluye.

Para conocer más sobre ella, desde el 21 de abril se puede ver el documental Danzar con María, enfocado en su obra y en la experiencia de sus alumnos.

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