La crisis de los sistemas de pensiones de Europa cobra más urgencia

El sistema estatal de pensiones es uno de los elementos fundamentales del modelo de bienestar social europeo. No obstante, debido al creciente desajuste entre las bajas tasas de natalidad y una mayor longevidad, se encuentra frente a un tsunami demográfico.

The Wall Street Journal
Por JULIET SAMUEL
martes, 8 de marzo de 2016

El sistema estatal de pensiones es uno de los elementos fundamentales del modelo de bienestar social europeo. No obstante, la mayoría de los países del Viejo Continente no han ahorrado lo suficiente como para pagar estas prestaciones y simplemente las solventan con ingresos fiscales corrientes. Debido al creciente desajuste entre las bajas tasas de natalidad y una mayor longevidad, el sistema de pensiones europeo se encuentra frente a un tsunami demográfico.

La población de jubilados de Europa es la mayor del mundo, y sigue creciendo. Hay 42 personas mayores de 65 años que no trabajan por cada 100 trabajadores activos; para 2060, esta proporción se elevará a 65 por 100, según la agencia de datos de la Unión Europea. En comparación, Estados Unidos tiene 24 cesantes de 65 años o más por cada 100 trabajadores, según la Oficina de Estadísticas Laborales, que no tiene una proyección para 2060. La Comisión Económica para América Latina y El Caribe, Cepal, estima que en América Latina la cifra llegó a 11,2 jubilados sin trabajo por cada 100 trabajadores activos en 2015, lo que subiría a 24,4 por 100 para 2050.

Si bien este problema ha estado incubándose durante mucho tiempo, ahora se vuelve más urgente por las cargas de deuda —uno de los productos de la crisis de 2008— que están obligando a los gobiernos a replantearse sus prioridades. Grecia, el país europeo en mayores dificultades, ha tenido que reducir la generosidad de sus pensiones en repetidas ocasiones. Sin embargo, no es el único que está viéndose obligado a reconocer que ha hecho promesas que no puede cumplir.

“Los gobiernos europeos occidentales están cerca de la quiebra a causa de la bomba de tiempo de las pensiones”, dice Roy Stockell, director de gestión de activos en Ernst & Young. Stockell agrega que demasiados baby boomers (la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial) están llegando a la edad de jubilación con “la expectativa de que el gobierno proveerá”.

Incluso EE.UU., a pesar de contar con un fondo fiduciario para la Seguridad Social de US$2,8 billones, enfrenta críticas por prometer más de lo que puede costear. Se prevé que en unos 12 años dicho fondo —compuesto en su mayor parte por pagarés del Tesoro— no alcance para cubrir todas las obligaciones y que en 2035 se agote. La situación de Europa es mucho peor.

La llegada de más de un millón de inmigrantes en el último año podría aliviar esta presión demográfica. Si muchos de ellos terminan sumándose a la población activa, los ingresos fiscales podrían aumentar lo suficiente como para mantener el modelo de pensiones a flote. Sin embargo, antes de poder trabajar, estos inmigrantes necesitan vivienda, alimentación, educación y atención médica, lo cual implica un impacto sobre las finanzas públicas que las autoridades recién han comenzado a evaluar.

El problema de las pensiones no sigue el patrón familiar de la crisis de la zona euro, que enfrenta al norte más próspero con un sur más derrochador y profundamente endeudado. Algunos de los países con desafíos demográficos más serios, como Austria y Eslovenia, han estado entre los mayores críticos de Grecia.

Los sistemas estatales de jubilación de Europa están plagados de disposiciones especiales. En Alemania, por ejemplo, los empleados públicos están exentos de hacer aportes. En el Reino Unido, los jubilados reciben un pago adicional en invierno para la calefacción. En Francia, los artesanos y los que trabajan en turnos nocturnos, como los panaderos, pueden comenzar a cobrar su pensión antes que el resto.

Mientras que unos pocos países, como Noruega, el Reino Unido y Holanda, tienen un ahorro considerable en fondos públicos o planes de jubilación patrocinados por el empleador, muchos otros tienen poco y nada. El costo anual promedio de las pensiones públicas, según Eurostat, equivale a un décimo del Producto Interno Bruto. La agencia estima que este porcentaje se mantendrá estable en las próximas décadas, pero el pronóstico depende de muchos supuestos.

Desde los años 60, según Naciones Unidas, la tasa de natalidad europea ha caído 40%, a alrededor de 1,5 hijos por mujer. En el mismo período, la esperanza de vida creció de 69 a unos 80 años.

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