«Los mayores no son una carga, son el principal capital social de un país»

María Teresa López, catedrática de Acción familiar, solicita un mayor reconocimiento a la tercera edad
Laura Peraita – 08/01/2016
ABC

En el siglo I antes de Cristo, Cicerón escribió su obra literaria «La vejez», en la que ya ensalzaba el valor de las personas mayores al vivir una etapa de la vida en la que aumentan muchas capacidades del ser humano. «Hoy, sin embargo, todavía hay que tratar de convencer a la sociedad española de que los mayores no son una carga social y económica, sino que generan riqueza», aseguró recientemente María Teresa López, directora de la Cátedra Extraordinaria de Políticas de Familia. Universidad Complutense-Acción Familiar, en la presentación del libro «Personas mayores y solidaridad intergeneracional en la familia. El caso español».

Explicó que cuando se hace referencia a los mayores, en numerosas ocasiones se habla de un colectivo inactivo, improductivo, dependiente, que sólo necesita atención, que supone, por ello, una carga para muchas familias y se considera siempre como un grupo de población que ejerce una fuerte presión sobre el gasto público, especialmente a través de sus pensiones de jubilación. «Pero este grupo de población –insistió–, además de los cuidados o transferencias monetarias que realizan en la familia, también paga impuestos directos –por sus rentas salariales, por sus ahorros…- e impuestos indirectos como, por ejemplo, por el consumo que hacen».

Agentes de apoyo
En su opinión, los mayores no son una carga, «son y siguen siendo el principal capital social de un país». Para apoyar este argumento añadió que incluso cuando están enfermos o son dependientes, siempre aportan valores –personales y sociales– que sólo ellos son capaces de generar y transmitir, y que resultan imprescindibles para ayudar a construir una sociedad más humana, más justa e, incluso, más rica. «Por todo ello, es necesario un mayor reconocimiento de su papel en la sociedad, no sólo por lo que hicieron cuando eran jóvenes, sino también, y de manera muy especial, por lo que cada día siguen haciendo».

El libro también expone que esas mismas personas que hoy son mayores, también en su día fueron jóvenes, y han sido las que en el pasado permitieron a los que hoy todavía son jóvenes ser; es decir, nacer, crecer y formarse. «Los mayores se han convertido en agentes de apoyo indispensables para el desempeño de algunas funciones que antes estaban reservadas, casi en exclusiva, a padres y madres: cuidado de los más pequeños, apoyo a la conciliación, ayuda económica, especialmente en periodos de crisis; ayudas especiales en momentos de transición, como ante un divorcio o una ruptura familiar. Los mayores constituyen una “red familiar latente” de apoyo, que estando siempre presente, se activa y visibiliza más cuando las necesidades aumentan».

María Teresa López asegura que quizá la explicación a la pérdida de valor social de los mayores «esté en que los cambios culturales nos han llevado a identificar erróneamente trabajo con salario, y no con creación de riqueza». «Y es evidente que el trabajo en el hogar no tiene salario, pero genera mucha riqueza social e incluso económica. El tiempo dedicado a los hijos, o a los nietos, por ejemplo, se considera improductivo, no se le da valor social. Pero cuando ese mismo “trabajo” no se lleva a cabo –no se tienen hijos, los padres y los abuelos no los cuidan…–, la sociedad se resiente e, incluso, la economía se tambalea», concluye.

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