No dejar de trabajar, la fórmula para mantener el cerebro joven

A quienes esperan ansiosos la edad para jubilarse, la ciencia les trajo una mala noticia: para mantener el cerebro vital hay que llevar una vida siempre activa. Por esto, los expertos proponen dejar de llamar “clase pasiva” a la tercera edad

infobae.com
VIERNES 30 DE OCTUBRE 2015

Las sociedades están envejeciendo. En Europa se estima que la tasa de personas mayores de 65 años en relación a las de entre 18 y 65 aumentará del 25% actual al 50% en 2060. En nuestro país, según datos del Banco Mundial, la población adulta mayor pasará de 10,4% de la población total a 19,3% en 2050 y 24,7% en 2100. Las cifras que brindó a Infobae el neurólogo y neurocientífico Facundo Manes hablan por sí solas.

“Frente a este tema, uno de los elementos de mayor consideración en el proceso de envejecimiento es el potencial (o no) deterioro de las capacidades cognitivas. Distintos estudios indican que los individuos con niveles más altos de estimulación cognitiva, afectiva y social pueden enlentecer o actuar como antídoto al proceso de neurodegeneración asociado a la edad”, insistió el rector de la Universidad Favaloro y presidente de la Fundación Ineco para la investigación en Neurociencias.

Es que, pese a lo que se cree, retirarse del mercado laboral a los 60 años y pasar el resto de la vida relajado, por más atractivo que resulte, para mantener el cerebro activo no es el mejor plan. La evidencia creciente muestra que permanecer activo laboralmente en la vejez es bueno no sólo para una estable situación económica, sino también para la salud y la agudeza mental.

A medida que los avances médicos extienden la duración de la vida humana -y el número de años, activos y saludables- crece el debate entre científicos, economistas y políticos sobre cuál es la edad óptima para dejar de trabajar. El mensaje es cada vez más claro: no hay que dejar de trabajar tempranamente.

“Retirarse demasiado pronto puede hacer daño”, sostuvo Esteban Calvo, sociólogo del Centro de Envejecimiento de Columbia y el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Diego Portales de Chile. Actualmente está llevando a cabo un estudio entre más de 100 mil personas en 21 países para poder determinar los efectos físicos y mentales de la jubilación.

Hasta ahora, el estudio llamado “Should I Stay or Should I Go?” (¿Debo quedarme o debo irme?), muestra cuáles son los efectos negativos para los que se jubilan antes de la edad promedio, y los resultados son cada vez peores cuanto antes se deje de trabajar. “A los 50 va a ser muy, muy malo para su salud -señaló Calvo-. A los 60, será malo, pero no tan malo como a los 50 años”.

El estudio hasta ahora analizó la salud en general, las enfermedades crónicas, la capacidad para realizar actividades diarias y los niveles de felicidad, y estudiará a continuación el funcionamiento cognitivo, la reducción de los telómeros (estructuras de los cromosomas que garantizan la estabilidad de los cromosomas y viabilidad de las células) y la fuerza de agarre donde Calvo dijo que espera resultados similares.

Entonces, ¿cuándo es el momento justo para jubilarse? La edad óptima es alrededor de finales de los 60, pero depende de factores específicos como la seguridad financiera de un individuo o la cultura en que vive, sostienen los especialistas.

“No es que haya que trabajar para siempre”, explicó Calvo. Pero resaltó que quienes se retiran de manera temprana se sienten luego más tristes, solitarios y desconectados. “Se va a ver llamando a sus amigos para ver si quieren jugar al golf o ver una película y ellos van a estar en el trabajo, y cinco años más tarde, sus amigos lo van a llamar y usted estará viviendo la vida a un ritmo diferente de sus pares”, enfatizó.

La investigación sobre el tema está creciendo. Aunque no todos concuerdan, varios estudios entre personas de las naciones industrializadas mostraron una fuerte correlación entre la edad de jubilación anticipada y la función cognitiva disminuida.

En países como Francia y Austria, donde la tasa de actividad entre los hombres en sus primeros 60 años es menor en comparación con los hombres más jóvenes, el rendimiento cognitivo era significativamente menor que en lugares como los Estados Unidos y Dinamarca, donde la tasa de actividad de los hombres de mayor edad fue mayor, según un estudio de 2010 publicado en el Journal of Economic Perspectives.

Un análisis longitudinal 2013 de investigadores de la Universidad de Padua -que controlaba la edad, la salud física, ingresos, educación y condiciones de vida tempranas- confirmó la hipótesis del “retiro mental” y encontró que la jubilación anticipada también puede estar asociado con la aparición de la demencia. Además un estudio del mismo año de la empresa francesa de investigación INSERM mostró que por cada año adicional que trabajaban, las personas reducían su riesgo de demencia en un 3,2 por ciento.

“TRABAJOS RECIENTES DEMOSTRARON QUE LA PLASTICIDAD NEURONAL SE CONSERVA MUCHO MÁS DE LO QUE SE PENSABA”

No es sólo si se está jubilado o no, sino por cuánto tiempo: mientras más años se esté retirado, mayor será el riesgo de deterioro cognitivo, según descubrió el estudio italiano. También hubo otros factores; por ejemplo, el cerebro de una persona con buen desempeño en matemáticas a los 10 años tenía menos probabilidad de reducir su velocidad en la vejez.

El hecho de que una persona esté trabajando no es tan importante como el tipo de trabajo que realice, advirtió Ursula Staudinger, directora del Centro de Envejecimiento de Columbia y autora principal de un estudio en 2014 de trabajadores de una línea de ensamblaje en Alemania que muestra que las personas que rotaban las tareas más a menudo durante 16 años tenían una mejor función cerebral y rendimiento cognitivo que los que no lo hicieron.

Esto es cierto aún si la persona no está altamente calificada. “En todos los niveles de educación algunos trabajos que son más complejos que otros puestos de trabajo”, dijo Staudinger. “Una persona no tiene que desesperarse si tiene un trabajo de bajo nivel, pero hay que asegurarse de que en su nivel haya suficiente complejidad”, añadió.

No importa cuándo una persona se jubile, sino también cómo lo hace, según aconsejan los expertos; la jubilación puede de por sí causar un estrés psicológico que aumente el riesgo de demencia. Mientras que algunas personas enfrentan con alegría el final de sus días de trabajo, otros experimentan ansiedad y depresión cuando pierden la estimulación mental y las relaciones sociales laborales.

“Descubrimos que el trabajo estimula el desarrollo cognitivo en la medida en que el trabajo es atractivo y también sea un reto”, destacó Jacquelyn James, co-directora del Centro Sloan sobre el Envejecimiento y trabajo en el Boston College. “Creo que estamos acostumbrados a pensar que hacer crucigramas es la mejor manera de mantener vivo y desarrollar nuestra habilidad cognitiva y creo que estamos viendo que se necesita más que eso. Es mucho más importante hacer las cosas que desafíen la mente, como aprender un nuevo idioma, o aprender a usar una nueva tecnología”, destacó.

“INVESTIGACIONES RECIENTES EN NEUROCIENCIAS CUESTIONARON LA IDEA DE QUE EL DETERIORO COGNITIVO ES INEVITABLE”
En ese sentido, Manes enfatizó: “Investigaciones recientes en neurociencias cuestionaron la idea de que el deterioro cognitivo es inevitable y fijo. Aunque se reportó que la plasticidad neuronal se reduce durante la llamada tercera edad, trabajos recientes demostraron que esta plasticidad se conserva mucho más de lo que se pensaba. Debemos enfocar más, entonces, en la idea de estímulo cognitivo que en la de deterioro”.

El avance de la ciencia y la tecnología y los cuidados preventivos en la salud permitieron a los seres humanos vivir mucho más y mejor. De hecho, la expectativa de vida se duplicó en sólo un par de siglos. “Por eso también, así como en un período histórico surgió ‘la adolescencia’ como tal, hoy nos hallamos frente una nueva etapa de la vida que es la que, por esas cosas de las nombres que se conservan, se le llama la ‘clase pasiva’ cuando la realidad puede (y debe) ser de gran actividad”, finalizó Manes.

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