El camino hacia una vejez sana

Por: Daniela Ferrera
SÁBADO 10 DE OCTUBRE 2015

El médico argentino Diego Bernardini, especialista en geriatría, dialogó con Infobae sobre las claves de la tercera edad. Adultos mayores que viven en plenitud y aún tienen para aportar a la sociedad

Muchas culturas tribales veneraban a sus ancianos. Los sabios de la tribu, los que aconsejan desde la experiencia, los que concentran el saber que solo dan los años, el haber vivido. La modernidad, siempre un poco acelerada, valora exactamente lo contrario: la energía desbordante de la juventud.

A tal punto que, en muchos casos, los ancianos quedan relegados. No se los tiene en cuenta. No se los incorpora a la sociedad. Cuando aún están ahí. Cuando aún viven su propia vejez con ganas y plenitud. Cuando aún tienen para dar.

Diego Bernardini es médico, egresado de la Universidad de Buenos Aires, máster en gerontología de la Universidad de Salamanca (España). Ejerció en Argentina, España, Finlandia y Estados Unidos. Fue asesor de organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud y es docente de posgrado. Su especialidad son, por supuesto, la ancianidad

Hoy, desde Washington, dirige la consultora Mayores.org, dedicada a estudiar y mejorar la calidad de vida en la tercera edad, además de colaborar con International Longevity Center, un think tank especializado en la materia.

Este mes, Bernardini publicó a través del sello Aguilar el libro De vuelta – diálogos con personas que vivieron mucho (y lo cuentan bien), con prólogo de Facundo Manes. El libro compila exactamente eso: sus conversaciones con personajes de edad avanzada –Graciela Fernández Meijide, Juan José Sebreli, María Fux, Julio Strassera y Jack Fuchs (sobreviviente de Auschwitz), entre otros– donde no solo vuelven sobre sus pasado, sino que también cuentan cómo viven esta etapa de la vida

A propósito del libro y de su especialidad, Diego Bernardini dialogó con Infobae.

–¿Qué es una “vejez sana”, uno de los conceptos clave de su libro?
–Si por algo se caracteriza la vejez es por su diversidad. No hay dos personas mayores iguales. Sin embargo, de manera reactiva, la sociedad se caracteriza por estereotipar, uniformar, categorizar; y la vejez no es ajena a ello. Dicho esto, para mí una vejez sana es envejecer de manera activa, productiva, conectada con la comunidad, dando y recibiendo. No es poco, suena fácil pero no lo es. No lo es porque no solo depende de nosotros mismos, de cada uno, sino que también necesitamos de la presencia del Estado.

–¿Se discrimina a los mayores?
–Es necesario cambiar las actitudes hacia la vejez. Las actitudes no son más que estados de ánimo y por tanto son pasibles de ser modificados. Este libro busca eso: mostrarnos de alguna manera nuestro propio futuro. Somos nosotros en ellos o ellas. A veces se hace necesario preguntarnos a nosotros mismo cómo nos gustaría envejecer. Seguramente la respuesta sería con salud, con participación social, con protagonismo civil, aportando, transmitiendo. Eso es lo que transmiten los verdaderos protagonistas del libro, las ganas de seguir dando al otro.

–¿Se ha perdido el culto ancestral a la sabiduría de los ancianos?
–Simone de Beauvoir describe muy bien en “La vejez” a las civilizaciones primitivas y su vínculo con los mayores. No siempre fue así, eso de que se los consideraba como una fuente de sabiduría. Las hubo, claro, pero no en todos los casos. Hoy mismo la “piedad filial”, como la denomina la cultura asiática, una de las más tradicionales en este aspecto de la estructura familiar, se está perdiendo. En el siglo 21 se está viviendo algo que nunca antes se había vivido. La transición demográfica es un hecho inalienable, nos afectara a todos, ninguna sociedad será ajena a ello y eso modificara las relaciones sociales, la economía y los mercados; los mismos gobiernos. Ya hay muestras de ello. El sector privado está respondiendo, de a poco, pero muestra cambios; ya hubo procesos electorales que mostraron el peso de un electorado de personas mayores, organismos de cooperación internacional ya hablan de las “economías envejecidas”, los gobiernos empiezan a tomar nota de todos estos cambios. Estamos en un momento de construcción y análisis. Argentina tiene en su protección social una larga tradición de cuidado al mayor, pero como sociedad hay aspectos que deberían preocuparnos como la atención de salud, la seguridad, el transporte, la inclusión social o la forma en que estamos formando y gestionando nuestros recursos en salud.
“ES NECESARIO CAMBIAR LAS ACTITUDES HACIA LA VEJEZ”

–La mejora en la calidad de vida ha hecho que la gente viva más tiempo y en mejores condiciones. Esto hace que gente de más edad siga sana, fuerte y activa. ¿Genera esto una competencia con las generaciones más jóvenes?
–Ese es uno de los grandes mitos. La naturaleza es sabia. El mayor no puede ni quiere trabajar ocho o diez horas por día. Este fenómeno del miedo a la competencia por espacios de trabajo, algo que preocupa mucho a los europeos, fue descripto en 1891 por un economista, y esta teoría no hizo más que perpetuar estereotipos negativos. Hoy en Argentina el 15% de los mayores prestan servicios comunitarios de manera voluntaria en iglesias, hospitales o escuelas. Uno de cada cuatro cuida a un niño; casi la mitad cuida algún pariente o familiar enfermo. Esto es aportar a la sociedad; aunque sean aportes no remunerados. El que vea a un mayor como competencia no solo está equivocado sino que no conoce la realidad. Por eso debemos empezar por ahí, por dar luz a un fenómeno como el envejecimiento: algo que es tan nuevo que ni las personas, sociedades y gobiernos saben qué hacer con el. No solo es cuestión de vivir más años, sino de llenarlos con actividades y vida, algo que parece a la vista simple y no lo es.

–En su libro afirma que las personas siempre te resultaron una fuente de aprendizaje. ¿Qué le enseñaron estos entrevistados?
–De cada dialogo, de cada protagonista, hay aprendizaje. Así como se aprende a cocinar una rica comida o a usar una computadora, a envejecer se debe aprender. Hay una negación del paso del tiempo. Así como la globalización nos hace vivir en directo y un mismo huso horario la realidad mundial, pareciera que el vivir joven es la que se impone. Hasta que un día nos damos cuenta que ya no somos más jóvenes. Allí es donde comienza el conflicto, porque algo que debería ser parte del curso de vida como es el cambio gradual, el vivir un transcurrir paulatino, se confronta con una realidad que negamos. Es muy difícil, porque esto se transmite en la sociedad. Y es muy relevante porque la forma en que tratamos a nuestros mayores marcara la forma en que el resto de las generaciones se relacionaran entre ellas. Alguien dijo en una oportunidad que la dignidad de un pueblo se manifiesta en cómo trata a sus mayores. Creo que hay mucho de cierto en ello.

–Conocía de antemano a alguno de sus entrevistados, pero no a la mayoría. ¿Por qué los eligió?
–Este libro es una selección de 22 de los más de 50 diálogos o encuentros que he tenido. Todas ellas son personas que, públicas o no, han despertado mi interés. Un interés que tiene que ver con el hecho de ser personas que han sido o son referentes, que son reconocidas por sus pares por su conducta, su actividad, su hacer o su trayectoria. Personas a las cuales la vida no les pasó en vano.

–¿Cuáles fueron los temas recurrentes entre sus entrevistados?
–Creo que las mujeres logran expresar mejor aspectos como la familia, el vínculo con los hijos o con su propia pareja. En el caso de los hombres, el relato esta más cercano a aspectos del desarrollo personal desde lo profesional. No hay en muchos casos temor a la muerte, como habría de pensarse; si lo hay al deterioro, al convertirse en una carga. Se vive el tema de la muerte fuertemente vinculado a la espiritualidad o directamente se lo niega, pero está el misterio como incógnita. Se ve humildad, se ve agradecimiento a la vida, se ve reflexión y por sobre todo se ven ganas de seguir dando.
“NO HAY EN MUCHOS CASOS TEMOR A LA MUERTE, COMO HABRÍA DE PENSARSE”

–Usted afirma que “se envejece como se ha vivido”. ¿Cómo se ve a usted mismo a los ochenta?
–Soy un convencido que la vejez hay que construirla, y esta construcción está a distintos niveles. Yo identifico cuanto menos tres niveles: el personal, el de la comunidad y el del Estado. Este último es el responsable –o debería serlo– de brindar cierta seguridad a través de mecanismos, de esfuerzos formales de protección social que incluyan salud y seguridad, entre otros aspectos. La sociedad debe construir una cultura de cuidado que se transmita en valores, tradiciones y respeto, pero ante todo por el no excluir, el no aislar al mayor. El nivel personal recae en la persona y la familia. Un buen punto para comenzar a reflexionar uno mismo seria preguntarnos qué vejez queremos para nosotros mismos. Como me gustaría pasar el día de mi cumpleaños número 80. Que proyecto de vida querría para mí en ese momento. Yo me imagino leyendo, haciendo algún tipo de docencia, dialogando con amigos, con mi hijo, mi pareja. Si hay posibilidad de viajar mucho, mejor. Me imagino activo y creativo. A los 90 años de mi abuelo lo invite junto a mi padre y mi tío a un viaje con mi hijo al pueblo de Italia de donde vino su padre. Fuimos cuatro generaciones, ojala pueda darme el gusto de vivir experiencias como esa.

http://www.infobae.com/2015/10/10/1761287-el-camino-una-vejez-sana