Abigaíl Figueroa: Una viejita “cool” que va a todas

Realizar aventuras y deportes extremos son el pasatiempo predilecto de la simpática y jovial anciana que está por cumplir 90 años.

Por Bárbara J. Figueroa Rosa /
10/10/2015

Cuando se habla de aventuras extremas a la mente llega la imagen de una persona joven, musculosa y con vasta experiencia deportiva… pero hay ocasiones en que las percepciones pueden estar equivocadas.
Y para muestra, basta conocer a una tierna y simpática anciana de 89 años a la que le sobran energías para disfrutar sus ratos libres realizando pasatiempos que para muchos pudieran resultar inimaginables.
Salto en paracaídas, viaje en el aire en un hang gliding, cruces de montaña a montaña en ziplines y travesías en el mar mediante un parasailing, son solo algunas de las arriesgadas hazañas realizadas por esta adorable viejita.
Su nombre es Abigaíl Figueroa Quiñones y nació el 24 de agosto de 1926 en Luquillo, el pueblo que la vio crecer y en donde la conocen como Biga.
Ella tiene una personalidad envidiable. Es toda sonrisas y de cualquier evento saca un chiste.
“Nena, es que hay que pasar la vida siempre alegre porque después uno se muere y de qué vale”, suelta de forma espontánea.
Y en su caso, además de alegría le añade a sus días adrenalina.
“Es que me gustan esas cosas extremas y estrambóticas… por eso hago todas esas cosas que para muchos pueden ser locuras, pero para mí son cositas para pasarla bien”, expresa quien tiene como cómplice de todas sus ocurrencias a su hija Gladys Pacheco, quien tiene documentado con fotos y algunos vídeos todas sus travesías.
Dice que entre las cosas que más disfruta se destaca visitar el parque ecoturístico Toro Verde en Orocovis, donde se realizan deportes extremos en contacto directo con la naturaleza. De hecho, allí celebró hace un mes su cumpleaños junto a familiares y amigos.
Lanzarse de montaña a montaña mediante un cable de metal y amarrada a un arnés es lo más que le gusta. Le da cosquillitas en la barriga, cuenta en tono de chiquilla traviesa.
“Y también me he tirado varias veces de La Bestia”, agrega orgullosa sobre la mayor atracción del lugar, con 853 pies de altura, lo que da la sensación de que la persona vuela durante un recorrido de 4,745 pies de longitud.
Es una viejita tan osada que le gusta desafiar las alturas y “sentirse como flotando en las nubes”, por lo que hace tres años se lanzó de un paracaídas.

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