Un tipo de lazo afectivo especial que puede ir más allá de la sangre

Hasta hace poco, mis hijos Renata, que tiene 7 años, y Santiago, de 5, creían que tenían tres abuelas: Cris, Pili y Lala, la persona que los cuidó, casi todos los días, desde que nacieron y que lo sigue haciendo hasta hoy. “¿Por qué Lala es mi abuela?”, me preguntó hace un tiempo Reni. Y ahí le expliqué. “Ah, entonces es mi abuela niñera”, fue el razonamiento que hizo desde su inocencia de 5 años.

Por Soledad Vallejos | LA NACION
Sábado 04 de julio de 2015

Aunque Pili y Cris, sus “abuelas de sangre”, están muy presentes en la vida de mis hijos (algo que aliento y agradezco) siempre preferimos con mi marido que mantengan su rol de abuelas y nos se transformen en las famosas “abuelas niñeras” que, más por obligación que por elección, se quedan al cuidado de sus nietos tiempo completo. A tono con los tiempos actuales, cada una tiene una vida activa y creemos que lo más sano para preservar el vínculo es que cada cual mantenga su independencia.

Pero aun así quería que la persona que se encargara de cuidar a mis hijos fuera una especie de abuela. Una “abuela de las de antes”, de esas que te cuentan un cuento, te cocinan algo rico y te miman. Que te preparan la leche cuando llegás del colegio cansado. Que te ayudan con la tarea. Esas que tienen la paciencia y el amor intacto. Que están cada vez que las necesitás, incluso a horas insólitas, y que aun así te esperan con una sonrisa y los chicos bañados y dormidos.

Hoy, con el doble turno que cumplen mis hijos en el colegio, sumadas a sus actividades extraescolares, la abuela Lala ya no pasa tantas horas en casa. Pero aun así, y sin que yo se lo pidiera, ella sigue estando sumamente presente en la vida de ellos porque siente que tanto Reni como Santi son parte de su familia.

De hecho, y ante varias ofertas de trabajo que le llegaron de amigas y conocidos que, enterados de que ahora Lala está disponible y la llaman para pedirle que cuide a sus hijos, ella se apura en rechazar una y otra propuesta de manera sistemática. “Es que yo no puedo cuidar a otros chicos después de Reni y Santi”, dice como para explicar el porqué de su negativa.

De hecho, siempre hablamos que cuando llegara el día en que ya no fueran necesarios sus servicios de niñera, ella seguiría viniendo a visitar a “sus nietos”, esos que conoce desde que nacieron. Las dos sabemos que ese día está cada vez más cerca, pero a pesar de la tristeza que esto pueda ocasionar tenemos la tranquilidad de que ella estará tan presente como siempre. Que seguirá contando cuentos, preparando meriendas y mimando a mis hijos con el mismo amor con que lo ha hecho siempre.

Es así: de a poco, la “abuela niñera” se transformará en la abuela postiza. O simplemente en la tercera abuela, esa de la que hacía gala Reni cuando era más pequeña..

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