La dama que se viste como el jazz

Referente de la moda en el mundo, a los 94 años es la imagen de varias marcas. “Algunas personas hacen un gran esfuerzo por ser diferentes. Yo no”

Por Juana Libedinsky | LA NACION Domingo 12 de julio de 2015

Tener a un equipo de filmación siguiéndote durante un año por supuesto que es intrusivo, pero cómo negar que también es halagador, a mi tierna edad, ser una estrellita geriátrica.”

Quien eso sostiene es Iris Apfel, de 94 años. Mucho antes de la popularización del street-style y las blogueras especializadas, antes de Instagram y todo tipo de medios sociales, Iris Apfel fue la madre (o abuela o bisabuela) de la individualidad radical en la moda.

Apfel fue la primera mujer no sólo en usar jeans socialmente, sino también en mezclarlos con ropa eclesiástica antigua que conseguía en Europa y adornos tribales africanos. Es la inventora del estilo hi-lo que mezcla la alta costura con lo producido en masa, el vintage y lo artesanal, y que ahora es un look que confiere tanto más prestigio social que estar de pies a cabeza en Oscar de la Renta. Con sus anteojos a lo Mr Magoo como marca registrada y miles de pulseras y collares, Apfel ya fue tapa de revistas, tuvo coffe-tables books dedicados a ella, una célebre exposición en el Metropolitan Museum of Art y -casi más importante- vidrieras en el gran santuario fashion, las tiendas departamentales Bergdorf Goodman. Como modelo, es la imagen de marcas de ropa, accesorios y hasta emprendimientos inmobiliarios de lujo. En los últimos años, parececía que nada puede ser verdaderamente cool en los Estados Unidos si no es bendecido por Iris Apfel. Sin embargo, con el documental Iris que acaba de estrenarse en el circuito comercial con un éxito de crítica rotundo, Apfel va camino a ser, por primera vez, una it girl -por llamarla de alguna manera-, que trasciende las fronteras.

“Hoy hay pocas mejores formas de pasar 80 minutos en el cine que viendo Iris, un film que, de manera deliciosa, nos fuerza a abrir los ojos a la vida, el amor, a los anteojos con personalidad, las pulseras del tamaño de las ruedas de una bicicleta y el arte de hacer una entrada grandiosa”, se entusiasmó The New York Times.

Iris Barrel nació en Queens un 29 de agosto de 1921 y estudió Arte en la Universidad de Nueva York y en la Universidad de Wisconsin. Aprendió sobre la moda trabajando en la biblia de la industria; el Women’s Wear Daily. En 1948 conoció y enseguida se casó con Carl Apfel. “Él tenía onda, era adorable y sabía cocinar comida china, no había forma de que yo consiguiese un mejor candidato”, explica. Con Carl, que en agosto cumple 101 años, fundaron Old World Weavers, fábrica textil que manejaron juntos hasta que se retiraron en 1992.

Una vez jubilada, Apfel encontró que tenía el tiempo y los medios económicos para dedicarse a su amor por la ropa y los accesorios, convirtiendo esto en un arte en el que ella era, evidentemente, siempre el lienzo en blanco. Pero más que de la plástica, ella prefiere describirse con una metáfora de la música: dice que se viste como el jazz.

“Porque el jazz es improvisación y eso es exactamente lo que hago -subraya-. Tomo algunas cosas y las mezclo con otras que son inesperadas. Funciona de la misma manera que en el jazz se puede hacer una disgresión con notas que no deberían estar allí, pero al ponerlas juntas en la melodía todo cierra.”

De cualquier manera, Apfel claramente sabe cuándo hay que mantenerse fiel a lo que el compositor original quiso. De 1950 a 1993, Iris estuvo a cargo de los proyectos de decoración de interiores de la Casa Blanca de nueve presidentes, de Truman a Clinton. Pero como ella misma aclara, esto suena más excitante de lo que realmente es. “No se hace ningún tipo de decoración. Una restauración histórica perfecta es simplemente reproducir lo más fielmente posible lo que estaba. Que puede ser la cosa más espantosa del mundo.”

De la restauración de una de las primeras casas de Teddy Roosevelt, recuerda que “era siniestro. Todo era de color pus, pero lo teníamos que mantener exacto. Es decir, no te contratan para convertir el ambiente en bonito. Pero, a la vez, sería terrible si las primeras damas pudieran intentar mejorar la decoración”, le dijo a The Palm Beach Post en el estilo directo que la caracteriza.

Justo antes de lanzar su carrera en el séptimo arte, Aprfel entró en el mundo académico. En 2012, a los 90, fue contratada como profesora visitante de la Universidad de Texas en Austin. “Todos me preguntan -dice respecto de sus alumnos- cómo pueden tener un estilo. Eso no lo puedo contestar. Cada uno tiene que conocerse a sí mismo y expresarse de la mejor manera posible. Pero si no, no pasa nada. La fashion police no te va a llevar.”

Una de sus frases se convirtió en latiguillo del film: “Es mejor ser feliz que estar bien vestido”. Es evidente que Apfel era candidata natural a protagonizar un documental fascinante. Pero ella tenía sus dudas. “Amo la ropa, amo vestirme, pero no es esa mi vida. Tenía miedo de aparecer como una fashionista cabeza hueca, lo cual no soy, y afortunadamente no pasó”, dice en referencia a la cinta que acaba de llegar a los cines, dirigida por Albert Maysles.

Jennifer Ash Rudick, una joven productora, estaba dispuesta a todo para convencerla. Y cada minuto con Apfel le ratificaba que era una personalidad única cuya historia había que contar en la pantalla. “Fui con Iris, a quien conocía hacía un tiempo, a ver un documental en el West Village -cuenta Ash Ruddick a La Nación revista-. Queríamos tomar un snack antes del film, y el lugar más cercano con mesas y servicio rápido era el McDonald’s. La senté a Iris, y antes de levantarme a comprar el almuerzo al mostrador, veo que saca un sándwich envuelto en nylon de su cartera y me ofrece la mitad. Iris, tenemos que pedir algo, tenemos la mejor mesa del lugar, le dije. Volvió a abrir su cartera y sacó entonces dos saquitos de té. Pedí agua caliente, sugirió.

Cuenta Ash Ruddick que mientras todo esto pasaba, la gente se amontonaba afuera de la ventana del Mc Donald´s para mirar en total fascinación y descaro a Iris como si fuera una vidriera y luego se desvivían por saludarla.

“Igual llegamos a tiempo al documental -continúa-, que era un retrato filmado. Después le dije: Iris, que te parecería si filmáramos un retrato sobre tu persona. Depende de quién lo haga, si encontrás alguien en quien pueda confiar, lo consideraría. Fui y me reuní con los Maysles y, en cuanto Albert e Iris se conocieron fue bastante evidente que film o no film, serían amigos.”

Maysles, el decano de los documentalistas según el Times y “quien mejor maneja la cámara de todo Estados Unidos”, como dijo Jean-Luc Godard, es en sí mismo una figura de culto. Con su hermano David realizaron obras cumbre del cinema verité americano como Gimme Shelter, sobre un recital de los Rolling Stones donde murió un fan y, naturalmente, Grey Gardens, donde retrataron la vida de la tía y la sobrina de Jackie Kennedy excéntricas que vivían aisladas del mundo en una casa abandonada en Los Hamptons.

“Admiro a la gente que hace su propia cosa. Es lindo hacer tu propia cosa si tenés una propia cosa para hacer”, resumió Apfel respecto de por qué le gustó Albert Maysles. Maysles justo falleció en marzo último (David varios años antes), lo que le dio al film Iris, que en el fondo trata sobre la tercera edad, un particular significado y urgencia.

Esta redactora conoció a Apfel y Maysles en un cóctel en la casa de Ash Ruddick en 2014. La reunión tenía unas pocas personas del mundo del cine que habían hecho el peregrinaje hasta esa punta de Long Island para participar del Hamptons Film Festival, donde se presentaba la obra. También estaba una buena parte del establishment wasp de la zona, amigos de la dueña de casa del distinguidísimo club de tenis del balneario.

Los tragos se servían acompañados de servilletas donde se habían impreso algunas de las frases más contraculturales de Iris, así como su mantra de more is more and less is a bore (más es más y menos es un bodrio). Sin embargo, sentada tranquilamente en una esquina de un sofá y vestida en colores oscuros con los múltiples collares e innumerables pulseras discretamente al tono, Apfel participaba tranquilamente de la velada mimetizada con el entorno patricio. Con su voz de chica lista ex fumadora de Queens mucho más suave que en el film, tuvo tiempo de charlar con esta redactora y hasta preguntarle dónde comprar buenos accesorios gauchescos si alguna vez viajaba a la Argentina.

“Iris siempre dice que hay que vestirse para uno mismo -señaló Ash Ruddick-. Fue sorprendente, hasta para mí, cuán poco -ni yo ni nadie del equipo de filmación- se preocupó por lo que llevábamos puesto cuando estábamos con Iris. Podía aparecer en jeans y camiseta, lo cual solía hacer, y siempre iba a encontrar algún elemento para elogiar. Realmente no juzga a nadie. Creo que al pasar tanto tiempo con ella me volví más segura para vestirme para mí misma y para la ocasión. Iris, aunque siempre creativa y original, tiene también un gran sentido de lo que es apropiado.”

“No trato de ser anticonvencional -subraya Apfel-. Algunas personas hacen un gran esfuerzo por ser diferentes. Yo no. Yo hago lo que quiero hacer y espero que esté dentro de ciertos límites. Soy una gran creyente en estar a la altura de las circunstancias”, dijo. De hecho, Iris considera que hay que tener siempre algún tipo de marco de referencia. “Tengo muchos problemas con la ropa sin estructura y con una parte del arte contemporáneo, cuando la gente piensa que puede hacer lo que se le cante.”

En la actualidad, Apfel se la pasa viajando para los distintos estrenos del film, con Carl siempre a su lado, incluso cuando va en sus célebres expediciones de shopping. “Nunca me gustaron los diamantes y las grandes joyas estilo Harry Winston, sino la bijouterie teatral o de colores, de distintas culturas, o producidas en masa. Carl, claramente, es un hombre afortunado”, suele decir. En esta nueva etapa de su vida están todo el tiempo rodeados de jovencitas lindas del ambiente del cine y de la moda, e Iris aclara que su marido también es afortunado en otro -políticamente incorrecto- sentido: “Una mujer es tan vieja como luce cuando alguien la mira -concluye-, pero un hombre no es viejo hasta que no deja de mirar”..

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