Hay infinitas formas de ser abuelos

Como vimos hace unos días, hay abuelos que cuidan a sus nietos, y otros que se resisten a hacerlo. Al leer el artículo de tapa de este suplemento se me ocurrieron otras categorías: algunos miman, malcrían y disfrutan a los nietos (como no hicieron con su hijos) y otros se esfuerzan por educarlos, como si ser los padres de sus padres les otorgara el derecho de hacerlo; hay abuelos con tiempo, paciencia, ganas de jugar y de contar cuentos, y otros que perdieron la costumbre de estar disponibles y se irritan ante el desorden, las malas respuestas o los infinitos requerimientos de los más pequeños; hay abuelos jóvenes de espíritu que juegan al fútbol, a las muñecas o a la Play, y otros de espíritu viejo que exigen beso cuando llegan y quieren conversar con mamá o papá y dejan a los chicos muy solos. Y entre estos extremos se ubican otros muchos que tienen algo de un estilo y algo de otro: hay infinitas formas de ser abuelos.

Por Maritchu Seitún
La Nación
Sábado 11 de julio de 2015 |

Hoy tenemos unos años más que las generaciones anteriores cuando nos convertimos en abuelos. Pese a que nuestras actitudes pueden ser más “juveniles”, no nos es tan sencillo levantarnos del piso ni despertarnos varias veces en una noche cuando quedamos al cuidado de alguno. Y el problema se agrava a medida que vamos teniendo más nietos, porque los años pasan y los cuerpos se resienten?

Nuestros hijos también son más grandes cuando se convierten en padres, y no sólo la sociedad les propone que la experiencia de los mayores no vale, sino que ellos también están más experimentados que nosotros cuando tuvimos hijos por lo que de verdad saben (o saben buscar la información) y nos piden menos consejos, incluso rechazan nuestras sugerencias. Esta es una herida a nuestro ego que puede hacernos tomar distancia de hijos y nietos y perdernos esa parte de una etapa maravillosa de la vida en la que, por suerte, ya no estamos todo el tiempo en la primera línea de trincheras.

Uno de los problemas que veo con frecuencia cuando los abuelos pasan tiempo a cargo del cuidado de los nietos es la presión que los padres a veces imponen: “Por favor cuidalos? pero a mi manera”, sin darse cuenta de que no están en condiciones de exigir semejante esfuerzo a personas que están haciéndoles un favor enorme, por amor a sus hijos y nietos, pero favor al fin.

Los abuelos hacemos lo mejor que podemos. Nuestros hijos tendrán que elegir entre aceptar nuestras limitaciones o buscar nuevos cuidadores. De todos modos escuchemos lo que nos dicen porque algunas de sus recomendaciones tienen muchos sentido: regalos para todos y no sólo para el “favorito”, no ofendernos por cosas de niños, no retarlos tan fuerte porque se asustan ni tan bajito que ni nos escuchen…

Una recomendación muy eficaz: cuando los padres están presentes los abuelos no participan de las tareas de educación; cuando los padres están ausentes los abuelos hacen lo que les parece correcto. Una cuñada mía hace muchos años le dijo a mi padre (un abuelo bastante gruñón en esa época) en una genial e inolvidable lección que ayudó a todos los nietos: “Los abuelos están para mimar y los padres para educar”. ¡No lo olvidemos!

http://www.lanacion.com.ar/1809373-hay-infinitas-formas-de-ser-abuelos