Una mirada sensible sobre lo inexorable

Documental. “Los adioses”, coproducción canadiense-argentina dirigida por Carole Laganière, muestra la intimidad de una casa donde la gente va a morir.

POR VICTORIA REALE Revista Ñ 9.6.15

Jóvenes voluntarias pasean por un parque a dos ancianas enfermas en silla de ruedas. Cuando se cruzan, una paciente le dice a la otra: “Hoy el tiempo está ideal. Hay que aprovechar”. El deseo de disfrutar hasta el último segundo que se pueda de la vida está presente en todos los protagonistas de Los adioses . El documental de la consagrada directora canadiense Carole Laganière testimonia los días finales de enfermos de cáncer en un centro de cuidados paliativos.

Los adioses, que se estrenará el próximo 11 de junio en el cine Gaumont, fue filmado en la Casa Michel-Sarrazin ubicada en Quebec, Canadá. Este centro fue el primer hogar en atender gratuitamente a enfermos terminales en ese país. En la actualidad existen en Canadá más de treinta centros de cuidados paliativos que se financian con fondos de la salud pública y aportes de fundaciones privadas. También cuentan con la ayuda de centenares de voluntarios, la mayoría de los cuales perdió a un familiar por el cáncer.

Laganière narra en su película la atención afectuosa que brindan profesionales y voluntarios a los enfermos. Los masajes, peinados, una rica comida y los paseos por el jardín les devuelven el placer a los pacientes que transcurren allí sus últimas semanas de vida. La realizadora también da cuenta de los gestos, de las palabras y de los pequeños momentos que comparten quienes están a punto de partir y quienes tienen que aceptar la despedida.

“Cuando quedan solamente un par de semanas de vida, lo esencial ya está dicho –cuenta Carole Laganière a Ñ en una charla telefónica–. Los últimos días pasan sin gritos, sin lágrimas, casi sin palabras. La vida cotidiana predomina, los pacientes intentan disfrutar de la comida, de un baño de inmersión. El filme busca reflejar no sólo la ternura entre los enfermos y sus familiares, sino también el cálido cuidado de enfermeras y voluntarios.” Es verano en Quebec y la temperatura invita a pasear por el parque que rodea la casa de cuidados paliativos. Una paciente fuma mientras disfruta del sol junto a su cuidadora. Cuando termina el cigarrillo le cuenta: “Tengo una banda que me espera: tengo cinco hermanas muertas” y se ríe de manera cómplice mientras la voluntaria sonríe y la ayuda a tomar agua, en una escena de Los adioses .

Esta película formó parte de una retrospectiva de la obra de Laganière en el Hot Doc 2015, el festival canadiense de documentales, que es el más importante del continente. Este año Hot Doc le rindió tributo a la directora y proyectó sus filmes más importantes, como La novia de la vida (2001), Miradas del Este (2004) y El Este para siempre (2011) y Ausencias (2014), entre otros. Si bien la directora recibió numerosos premios con sus primeras películas de ficción, a fines de la década del noventa decidió dedicarse exclusivamente a la realización de documentales, lo que le permitió conjugar sus preocupaciones sociales con las artísticas.

Laganière ya había abordado el tema de la muerte en otra de sus películas, La novia de la vida , que relata cómo algunos niños deben afrontar la muerte de un ser querido. “El tema de la muerte me fascina –confiesa la realizadora desde Quebec–. Toda mi vida tuve miedo de morir. Para mí la muerte es una aberración, me parece increíble que nuestra conciencia un día deje de existir”. Y agrega: “Me interesa dejar un testimonio de las emociones que expresa la gente frente a su muerte, o a la muerte de una persona que le importa mucho. ¿Tal vez es una manera de confrontar mis propios miedos?”, se pregunta.

Los adioses es una coproducción canadiense-argentina que obtuvo el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. La directora Franca González ( Al fin del mundo y Liniers, el trazo simple de las cosas ) coproduce la película junto a Laganière. Y además realiza la dirección de fotografía del filme con una cámara precisa que revela la serena intimidad de los pacientes con su familia y su lucha consciente por disfrutar cada día que les queda en la Casa Michel-Sarrazin hasta que sus cuerpos ya no pueden sobrellevar la enfermedad. Incluso es testigo cuando un paciente le pide a su médico que lo ayude a morir, que ya se cansó de luchar.

“Me dormí con un cáncer y me desperté con cuatro –cuenta una de las pacientes que sufrió una metástasis–. Siento culpa por haberme enfermado y por los seres queridos que sufren por mi enfermedad”. La directora canadiense relata que la atención que reciben los enfermos en la Casa Michel-Sarrazin mejora significativamente su calidad de vida. “Los pacientes cuando están en sus propias casas se sienten culpables por el trabajo que implica cuidarlos. Cuando llegan al centro de cuidados paliativos pueden descansar tranquilos y así aprovechar los últimos momentos con sus familias en paz”, reflexiona Laganière.

En el filme se ve cómo durante el día los enfermos disfrutan del sol, de la brisa de los árboles, y de las flores que se multiplican por el jardín en la casa de cuidados. En verano además les permiten dormir bajo la luz de la luna. Por las tardes un pianista interpreta jazz y hasta el himno irlandés Londonderry Air en la sala principal. A la noche, los familiares pueden dormir cerca de los pacientes. “Paso todo el tiempo que puedo con ella, es lo único que me pone contento. No quiero estar solo en mi casa, es muy difícil. Aquí estoy tranquilo, aunque es duro. Tenemos una vida compartida y eso no se olvida”, cuenta en Los adioses el esposo de una mujer internada.

Laganière señala que en el momento del rodaje la mayoría de las pacientes eran mujeres y que sus maridos se ocupaban amorosamente de cuidarlas. “Me conmovió su manera hasta un poco torpe de atenderlas. Esos hombres mayores pertenecen a una generación en la que no estaban habituados al cuidado de los niños, ni de otros. De repente ellos decidieron ocuparse de sus esposas. Captamos momentos muy fuertes y muy bellos. Me sentí realmente impresionada por el acercamiento de los hombres a la muerte”.

Los adioses construye una analogía entre el ciclo de los pacientes y el de la naturaleza que rodea la casa. El inexorable proceso natural de la vida y la muerte se refleja no sólo en el seguimiento de los últimos días de los protagonistas, sino también en los cambios de estación: las flores se secan en el jardín. El documental aborda la muerte sin prejuicios ni maniqueísmos y le pone rostros e historias a un tema que siempre ha sido tabú.

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