A los 78 años, prometió lealtad a la Bandera

Cuando tenía ocho, a Halina Borisiuk de Mikitiuk, inmigrante ucraniana, le impidieron hacerlo por considerar que su familia era comunista.

Ahora, junto a los chicos de una escuela de la localidad de Dos de Mayo, en Misiones, cumplió su sueño “de honrar a la Patria que me cobijó”.

Alejandro Fabián Spivak
23-6-2015

El sábado fue un día especial para Halina Borisiuk, viuda de Mikitiuk. A sus 78 años, la comunidad educativa de la Escuela Provincial 410, de la localidad misionera de Dos de Mayo, le permitió cumplir su más largo sueño: prometer lealtad a la Bandera.
Bien temprano, junto a los chicos del Kilómetro 1244 de Ruta Nacional 14, Elena, tal su nombre en español, cumplió su promesa. “Es una honra para nosotros, y compartir su alegría, un deber innegable”, dijo entonces la directora, Gladys Prestes.
Cuando la joven Halina tenía apenas ocho años, en 1945, no pudo hacerlo.”Vivíamos en Campo Viera. Íbamos a la Escuela 105, descalzos, y nos lavábamos los pies para entrar al aula, una tarea sagrada”, recuerda esta inmigrante ucraniana, y agrega: “Por entonces ayudábamos a papá en el vivero del tabaco y cosechando verdura de la huerta familiar. Yo vine de Ucrania con tres meses y vivimos fugazmente en Brasil, luego vinimos a la Argentina; nos encontrábamos en pleno proceso de ambientación y resultaba emocionante y significativo jurar al símbolo de la nueva Patria. Pero tres días antes, la directora nos llamó a cuatro chicos a su escritorio. Nos dijo que no podíamos jurar porque ‘nuestras familias eran todas comunistas’. Ninguna otra explicación. Y fuimos separados de las filas de los promesantes. Nos dolió muchísimo.”
“Nuestros padres habían tenido la idea de contratar a un maestro ruso recién llegado a la zona para repasar idiomas, especialmente lectoescritura, para seguir escribiéndonos con muchos familiares que habían quedado del otro lado del mar. En uno de los recreos los chicos discutieron algunas curiosidades del alfabeto, la maestra paró la oreja y se enteró pasándole el dato a la directora, María Elisa Fragueiro de Riobó, quien tomó esa drástica determinación de prohibirnos no sólo la jura sino recitar poesía patriótica y hasta cantar el Himno. Ni pasar a la Bandera. Lloramos de pena, fue el peor castigo”, rememora Halina.
En plena juventud, su familia se mudó a Picada Pomar, en Dos de Mayo, donde también hay descendientes de ucranianos, alemanes y japoneses. “Nuestra primera casa fue un ranchito techado de cáscaras de árboles, me casé y vinieron los primeros hijos. No había partera, las mujeres del monte nos atendíamos unas a otras, cuidábamos hijos de quien estaba mal: eso era solidaridad. Todo se hacía juntos: la siembra, las carpidas, las cosechas, la carneada de chanchos”.
Cada Día de la Bandera, le renacía el dolor de vivir en este país sin poder rendirle tributo. Hoy vive en la misma chacra donde creció, sin su esposo y un hijo que murieron en un accidente.
“Fuimos discriminados, un sinsentido. Pero hoy llené un vacío en mi corazón: puedo ostentar legítimamente el símbolo de la Patria que me cobijó, donde convivo y comparto mi trabajo de mujer chacarera, como una mujer sacrificada pero feliz de esta comunidad llamada Argentina. Desde hoy estaré más tranquila con mi conciencia”. «

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