Un símbolo de fe: tiene 100 años y sigue dando misa

El padre Santiago Herr llegó a San Justo hace 20 años y la comunidad lo adoptó. Hoy sigue a pleno, incluso recibe confesiones. Si bien no tuvo trato con el Papa, cuenta que se puso muy contento cuando lo eligieron. “Toca ciertos temas urticantes”, opina.

Clarín 2/5/15

“No me preocupé nunca por llegar a los 100 años. Pero llegaron, ¿no?”. La lucidez del padre Santiago Herr para contar su historia sorprende. A punto de cumplir 101 años (el 11 de mayo próximo), posee una vitalidad que muchos envidiarían. El 17 celebrará una misa especial por su cumpleaños. Los únicos signos de su vejez se notan en el bastón que usa para apoyarse (con el que juega mientras hace la nota), y en los anteojos y audífonos que usa. Fuera de eso, su mente se mantiene brillante para responder sobre su familia: “El triunfo de esto es de mi madre. Ella trabajó sólo nueve meses para hacer una obra completa que durará mucho tiempo”, cuenta el sacerdote entre risas.

Sobre su fórmula para llegar a esa edad dice: “Desde mis primeros años he tenido una vida sana. Comenzando por la familia, el lugar donde vivíamos. Nosotros teníamos nuestros propios productos, leche, carne, por lo que siempre nos alimentábamos con lo mejor”. Hoy en día, con sus 100 años, sigue dando misa y confesando a todos los que se acercan al Santuario Sagrado Corazón de Jesús: “Hoy tengo que aceptar que necesito que los demás me ayuden porque yo me siento bien, pero quizás tengo un poco de debilidad en cuanto a insuficiencia cardíaca y anemia. Eso está claro. Tengo que llevar una vida lenta y otro ritmo de vida, pero por otro lado, no me alcanza el tiempo para hacer todo lo que quiero”, narra con picardía.

Ricardo González, miembro del Ministerio de Liturgia y el Consejo de Asuntos Económicos, cuenta sobre el sacerdote: “Verlo así, tan activo, evidencia que no es de acá, sino de Dios. Tiene la cara de la felicidad caminando. Es un santo personificado”. Acerca de su llegada a San Justo hace 20 años, recuerda que vino desde General Pico (La Pampa), donde vivió desde que nació, después de someterse a una operación delicada: “Mi superior de ese entonces me vino con el libreto de mandarme acá, con muchos argumentos, muchas vueltas. Yo lo frené y le dije: ‘No necesito que me vengas a dar tantos argumentos y excusas. Si querés que vaya, voy sin problema’. Y así fue que llegué acá como administrador de este templo, siendo también confesor y celebrando misas”. El padre Herr confiesa que “fue como empezar de cero en un lugar distinto. Esta comunidad me hizo muy feliz. Cuando llegué hace dos décadas, este santuario no tenía la influencia que tiene ahora, donde vienen casi mil personas por celebración. El padre Felicísimo estaba en ese momento y me dijo: ‘Vos sentate en el confesionario y vas a entender la experiencia de la gente’. Y desde ese momento se transformó en mi trabajo principal para la comunidad y así fui conociendo al barrio y a los vecinos”.

Su edad no le dificulta mantenerse unido a la comunidad y participar de las distintas actividades de la Iglesia. A tal punto que hace dos años, para su cumpleaños número 99, lo hicieron miembro del batallón de chicos exploradores de Don Bosco. Incluso los líderes del grupo dicen que muchas veces tienen que perseguirlo porque el sacerdote es capaz hasta de meterse en el barro con bastón y todo. Tan brillante se mantiene, que cuando se le pregunta por el Papa Francisco se le nota cierta renuencia al hablar del tema. Entre risas, el padre aclara: “Bueno, en este momento es algo extraordinario para nosotros. Yo en realidad no tuve trato personal con él nunca, pero lo conocía porque él era muy devoto de María Auxiliadora. Nosotros sabemos que la Iglesia la guía el Señor, por lo que confiamos en su mano. Igual yo me puse muy contento por el nombramiento de Francisco, fue un hecho histórico, porque Benedicto XVI comprendió que estaba agotado y dio paso a una nueva elección”.

Así y todo, reconoce ciertas diferencias con el pensamiento del Papa: “Hay muchos que tienen temor a cierto aislamiento. Toca ciertos temas que son bastante urticantes. Igual siempre que me preocupo por algo, lo que hago es rezar. Si tengo alguna inquietud sobre él, yo la voy a satisfacer pidiéndole al Señor que la resuelva. Y sé que él me va a escuchar”.

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