Salud gracias al teléfono

Mia revisa su smartphone religiosamente todas las tardes, y éste le recuerda lo que tiene pendiente. En vez de llamar o escribir mensajes a sus amigos, lo que hace con el teléfono es verificar cómo durmió la noche anterior, qué medicinas tomó durante el día y registrar cómo se siente en ese momento.

“Situar la marca a la izquierda significa que estoy deprimida, y a la derecha que estoy eufórica”, señala mostrando un indicador que se mueve de forma táctil en la pantalla del celular.

National Geographic en Español
2015-05-04

Mia (cuyo nombre real ha sido cambiado para proteger su privacidad) se siente tranquila en el momento de la charla y en general pone el indicador en el medio. Pero no siempre. A sus 57 años, lleva varias semanas participando en un proyecto piloto de la Clínica Universitaria de Dresden, Alemania, a través del cual los doctores se mantienen en contacto con sus pacientes con problemas mentales a través del smartphone y de una aplicación especialmente desarrollada

Los pacientes no sólo tienen que evaluar su estado de ánimo cada noche, sino que sus movimientos son registrados por el GPS, así como sus actividades, llamadas y mensajes de texto.

En la fase eufórica, una persona que sufre desorden bipolar está constantemente en movimiento y puede enviar hasta 500 mensajes de texto, señala Michael Bauer, director de la Clínica de Psiquiatría y Piscoterapia del hospital. La aplicación móvil puede ayudar a reconocer la fase cuando está empezando y tomar contacto con el paciente para evitar que se desate por completo.

Para cada individuo se crea un perfil específico en el celular, por ejemplo cuánto se mueven normalmente y cuántos mensajes de texto envían, señala el director del proyecto, Emanuel Severus. Cuando un paciente se desvía demasiado de la norma, la aplicación envía un mensaje al doctor, que se pone en contacto con la persona telefónicamente, vía email o con un mensaje.

El vínculo doctor-paciente también está considerado como una herramienta muy útil para prevenir suicidios.

“Queremos darles a los pacientes un cuidado personalizado”, subraya Severus, que opina que “sería un crimen” no aprovechar las modernas tecnologías. Por el momento, la aplicación sólo está en uso como parte del proyecto piloto, pero si funciona bien, hay planes para comercializarla.

Mia conoce muy bien los vaivenes de su enfermedad, antes llamada desorden maníaco-depresivo, y su encuentro cada tarde con el smartphone le ayuda a afrontarla. “Es bueno manejar conscientemente mis emociones”, explica.

Los médicos muchas veces diagnostican el desorden bipolar como una depresión clásica, explica Severus, porque la mayoría de los pacientes ni siquiera habla de esas fases, “que consideran placenteras”. Suelen pasar diez años desde el primer episodio depresivo hasta que se diagnostica la bipolaridad.

Unos 40 pacientes forman parte de la actual fase de prueba del proyecto. La iniciativa en sí, que se extenderá durante año y medio, comenzará en unos dos meses con unos 120 participantes, la mitad de los cuales usará la aplicación. Los otros servirán como grupo de control. El objetivo es, según Severus, “reconocer pronto los síntomas y tratarlos de manera efectiva”.

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