Dulce pájaro de senectud

Cuando los fetiches son los viejos y los feos, el mundo de la moda tiene su referente

Por Nicolás Artusi | Para LA NACION
Domingo 31 de mayo de 2015

“No sos linda y nunca serás linda, pero no importa. Tenés algo mucho mejor. Tenés estilo.” La observación tuvo el peso profético del buen augurio: en la década del 50, Frieda Loehmann, mítica fundadora de la tienda departamental homónima, aconsejó a una neoyorquina flacucha que buscaba trabajo porque deseaba iniciarse en la moda. “Tenés estilo”, le repitió y selló un destino: hoy, aquella joven de facciones desiguales tiene 93 años y es el ícono más perdurable de la industria del fashion en Manhattan. Infatigable habitué de desfiles y vernissages, severa árbitro del buen gusto, amiga y jueza de artistas y diseñadores, es la protagonista absoluta de Iris, el documental que muestra su vida singular: en cartel en Nueva York, fue dirigido por el legendario Albert Maysles, realizador de Gimme Shelter, aquella película que registraba el trágico concierto en Altamont de los Rolling Stones en 1970, y Grey Gardens, sobre las Bouvier locas y pobretonas, las primas escondidas de Jackie Kennedy, entre muchas otras. El director tenía 88 años cuando filmó la que sería su película final (murió el 5 de marzo último) y fue hechizado por la gracia de su musa, cinco años más grande que él, en la confirmación de un fenómeno de época: ahí donde la juventud y la belleza clásica hayan sido imperativas en el sistema de la moda, los nuevos fetiches son los viejos y los feos.

Detrás de unos anteojos gigantes de marco negro que la asemejan con una parodia femenina de Mr. Magoo, y casi asfixiada por una bijouterie más pesada que collar de sandías, Iris Apfel observa las ropitas de cada temporada y de su veredicto dependerá el éxito o el oprobio de una colección completa. Es espectadora y a la vez protagonista. En el furor por las top models senior, como la escritora Joan Didion o la cantante Joni Mitchell, ella misma desfilará por la pasarela aunque su coquetería la haga prescindir del bastón: en la renguera, se apoyará sobre los brazos de dos chongos. En las revistas, sus infinitos pliegues y arrugas se lucirán como el marco digno para la ropa de la marca Kate Spade, de la que es genio y figura: sin Photoshop, en réplica naturalista a las divas veteranas que abusan del retoque para fingir la lozanía de una piel púber. Con su barroco exotismo, podría pasar como la tía excéntrica de la que gozan algunas familias: este raro pájaro de la moda, como se la conoce en Nueva York, es el cisne negro de una burguesía que valora la pompa en su circunstancia: con el tipo físico de la abuela de La Niñera, ella sacudirá la modorra social con el comentario irónico o la observación ácida.

Eterna y venerable, está en el corazón del ser americano desde siempre: a mediados del siglo pasado, Iris fundó la empresa textil Old World Weavers junto con su marido, Carl (otro longevo: festejó su cumpleaños número cien durante el rodaje del documental). Juntos se encargaron de las decoraciones de la Casa Blanca durante nueve presidencias consecutivas. Y hace diez años, el museo Metropolitan le dedicó la exposición Rara Avis, donde exhibió cuarenta piezas de su guardarropa como testimonio de su estilo americano en el más genuino de los sentidos. En la película Iris, el fotógrafo Bruce Weber y el músico Kanye West celebran el revulsivo eclecticismo que la anima a combinar un blazer Dior con una camisa comprada en un mercado de pulgas por 99 centavos de dólar. Acaso en sintonía generacional, el director Maysles finalmente enfoca el iris de su cámara a lo que sucede cada noche cuando ella cierra la puerta de su departamento en Park Avenue y se aferra a los lentos rigores de la senectud. Sin los anteojos, los vestidos, los collares y los kilos de maquillaje, es una viejita desplumada. “La moda nunca me quita el sueño”, concluye, antes del descanso: “Pero sí la salud o la familia, las cosas que son realmente importantes”.

CINCO MODELOS VETERANAS EN CAMPAÑAS DE ROPA Y BELLEZA

Joan Didion (80)

Con el pelo blanquísimo y los anteojos oscuros que conforman una máscara, la escritora estadounidense es la cara (seria, casi enojada) de la marca francesa Céline.

Jessica Lange (66)

De una belleza inoxidable, la actriz que enamoró al King Kong setentista no teme a las arrugas, aun en la industria de la juventud eterna: es la modelo de Marc Jacobs Beauty.

Joni Mitchell (71)

Con sombrero, guitarra y aires folk, posa con las ropas del sello Yves Saint Laurent: antes del colapso nervioso que la envió al hospital, ella se muestra en blanco y negro.

Charlotte Rampling (69)

La actriz inglesa se resiste a abandonar su posición de mito erótico (que ganó gracias a la película Portero de noche) y protagoniza las campañas de los cosméticos Nars.

Carmen dell’Orefice (83)

A los 13, posó para Salvador Dalí. A los 15, consiguió su primera tapa de Vogue. A los 50, fue la imagen del perfume Chanel Nº 5. A los 83, sigue desfilando en las pasarelas..

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