Cuando la ceguera no es un impedimento para disfrutar una vida plena

Por: Karina Deschamps
Patricia, Ana y Rosa son no videntes y desde pequeñas tuvieron que superar obstáculos. Hoy son parte de la Comisión de la Biblioteca para Ciegos. En diálogo con Infobae repasaron sus historias de vida

infobae.com 25.5.2015

Desde la vereda de la Biblioteca Argentina para Ciegos se escuchan las risas cómplices de tres amigas con un común denominador que las unió en la vida: la ceguera. Las tres conversan alegremente mientras un señor con bastón blanco acaricia a Nagui, una simpática labradora y perra guía que al año y medio llegó de EEUU para ayudar y acompañar a su dueña. La calidez del lugar se percibe desde la puerta de este histórico edificio de Almagro que funciona a pulmón para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad visual.

Patricia Laudicina es la anfitriona de este gigantesco “espacio de lectura y recreación” que funciona hace 91 años y que cuenta con más de 2500 títulos en braile (sistema de lectura y escritura táctil) y cerca de 1100 libros parlantes grabados en casetes y CD. Ella fue elegida presidenta de la Comisión Directiva de la Biblioteca ad honorem que está integrada además por Ana y Rosa, quienes también son no videntes desde pequeñas. Allí solía ir de adolescente a leer hasta que decidió ayudar a personas con su misma discapacidad.

Con una sonrisa contagiosa y admirable amabilidad, cuenta que nació ciega porque su mamá tuvo rubeola durante el embarazo aunque –insiste- nunca lo vio “como algo negativo”. Tampoco se limitó a jugar con sus amigas: “Nunca me sentí diferente o rara. No tengo con qué comparar, para mí es normal no ver. Es algo que tengo incorporado en mi vida. Con las chicas jugábamos al Gallito Ciego y no se daban cuenta que yo tenía ventaja porque no me mareaba”, bromea entre risas, y añade: “Era re divertido. Nunca me hicieron a un lado”.

Ana es asistente social y quien elige los cursos que se dictan y los voluntarios que se presentan en la Biblioteca para ayudar a los no videntes a través de la lectura y otras actividades recreativas. Perdió la vista a los 7 años tras 7 operaciones consecutivas: “Tuve una madre absolutamente exigente. Siempre me decía ´tú puedes´. Mi hermano también es ciego, pero nosotros salimos adelante y eso se lo agradezco mucho a mi mamá que nunca nos sobreprotegió”, confiesa.

Ellas cuentan que es mucho el trabajo que hacen a diario para ayudar a todas las personas ciegas que se acercan a la Biblioteca, ya sea en busca de libros, cursos y capacitaciones o simplemente compañía. “Es la primera Biblioteca de Latinoamérica”, subraya Patricia orgullosa. En tanto, Ana la define como “un lugar de encuentro que mejora la calidad de vida de las personas con discapacidad”. “Somos una ONG sin fines de lucro. Como no recibimos ninguna ayuda por parte del Estado, nos la rebuscamos para suplir los gastos. Tenemos una imprenta en la cual hacemos distintas impresiones en braile para cartelería en los transportes públicos, empresas y edificios; y también hacemos guías de turismo que vendemos en todo el país”, precisa.

Ambas admiten que la tecnología sustituye cada vez más al libro en braile y explican que antiguamente éstos eran confeccionados a mano por los voluntarios. “Ahora ya los hacemos con impresoras. Una hoja A4 equivale a cuatro hojas A4 en braile porque es un sistema de seis puntos con 64 combinaciones. En la actualidad, la gente se maneja con las computadoras, entonces cada vez les leemos menos a nuestros visitantes”, comenta Patricia.

De acuerdo a un estudio de la Organización Mundial de la Salud, en Argentina hay unos 6 mil ciegos por millón de habitantes, mientras que la cifra mundial infantil es de 1,5 millones de personas. Por eso, Ana hace énfasis en la importancia de asistir y acompañar al no vidente, física y moralmente. “La Biblioteca tiene que ver con la inclusión en la sociedad, con la cultura, con la creación de nuevos espacios extras que brindamos como servicios y con nuclear dentro de la misma todo aquello que importa en la sociedad. Es decir, incluir en los mismos espacios todo aquello que nos sirve e interesa como sociedad. Damos cursos, capacitaciones y hacemos fiestas, viajes grupales y salidas”.

Al respecto, Patricia agrega que todos los cursos que se dictan son inclusivos y que entre los preferidos están el de yoga, expresión corporal, danza y los talleres de teatro, plástica, joyería artesanal y fotografía, aunque además ofrecen literatura, informática y musicografía. Rosa añade que estas actividades se sumaron para suplir también un poco la falta de gente joven en la Biblioteca, que generalmente lee en la PC y que “sí se acercan para pasar un momento agradable como salidas y paseos, cursos”.

“Es genial la mutación que fue sufriendo con los años esta Biblioteca porque se volvió un lugar de recreación, ocio y tiempo libre, cultura, festivales (peñas, música en vivo) y lectura. Los festivales son los que más aglutinan gente. Hoy ya una biblioteca no es solamente una biblioteca, sino que abarca otros espacios que exceden la lectura y a eso apuntamos”, concluye Ana. “Poder darles alguna ayuda que sirva en sus vidas, en las formas de moverse y vivir de manera más independiente. Hay personas que si no fueran por estos paseos que brindamos, ni saldrían de sus casas porque solos no se animarían”, asegura.

Rosa se muestra entusiasmada al contar cómo pequeñas pueden alegrarle la vida a una persona con discapacidad: “Le dimos a la gente la posibilidad de viajar a Chapadmalal. La devolución fue genial. Muchos no conocían nada más que Capital. Y hoy yo pensaba qué importante que es la Biblioteca que puede brindarle a esta gente eso, la posibilidad de conocer y ser felices. Eso nos hace sentir muy gratificadas. Darles esa posibilidad que solos quizá no podrían hacer”.

Otro de los pilares de la Biblioteca es su participación en la Feria del Libro, donde hace años poseen un stand en el que asesoran a todo aquel interesado en la discapacidad. “Lo bueno es que ahí podemos difundir todas las actividades que ofrecemos. Los docentes se acercan mucho porque quieren información así como gente del interior y el exterior”.

Para propiciar el estudio, cuentan con un Servicio de Apoyo Educativo (SAE) en todos los niveles para estudiantes con discapacidad visual. “En dicho marco se brindan clases personalizadas de acuerdo con la demanda de los estudiantes. Además, tenemos una juegoteca apta para ofrecer a los niños con discapacidad visual y sus familias un espacio confortable donde jugar, libres de encuadres terapéuticos y de metas curriculares”, amplían. La Biblioteca es circulante, es decir, que recibe y envía gratuitamente libros de lectura para ciegos (sistema parlante y braile) a todo el país y también a algunos países de Latinoamérica.

Respecto al aporte del Estado para personas ciegas, Ana precisa que gracias a las leyes 25.280 y 26.378 “se han logrado avances como rampas en las veredas, baños para discapacitados, cartelería en braile en transportes y lugares públicos; y cartas con menúes en braile en todos los bares, caminitos pensados con marcas en el piso. Hay más conciencia social. Los cajeros automáticos todos tienen audio. Se ha logrado mucho en los últimos 20 años”.

No obstante, las tres mujeres cuestionan algunas conductas sociales que desearían “que se reviertan en el día a día. “Desearíamos que arreglen las veredas, que las motos no estacionen en las veredas, que los autos no tapen las subidas para discapacitados, que la gente levante el excremento de perros”, dice Rosa. Por último, Ana concluye: “Falta de disciplina en la sociedad, pero creemos que puede cambiar porque hay mucha gente solidaria”.

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