“Pasos de baile”, una obra donde la vida baila con la muerte

Desde su Zavalla natal, Diana Bellessi habla con voz suave y pausada, recuerda viajes en soledad por Latinoamérica y dice que la muerte “aparece especialmente” en su nuevo libro, Pasos de baile, aunque ama profundamente la vida, a la que celebra a cada minuto.

telam
27.3.2015

Le gusta recordar su historia, presentarse y contar que es hija de inmigrantes italianos humildes, que llegaron a esa ciudad santafesina donde nació hace casi 70 años, y en la que ahora habita una parte del año porque -según explica- viven su hermana, su tía y “está la sombra de mamá y papá”.

En esa tierra, a la que le dedicó su obra Zavalla con Z, aprendió a contemplar lo que la rodea, actitud en la que puede estar durante horas y fundirse en el animismo.

Autora de 25 obras, entre las que se cuentan La edad dorada, La rebelión del instante, Variaciones de la luz y La pequeña voz del mundo, Bellessi dice que “Pasos de baile” fue enteramente escrita en su “casita del Delta”, a la que describe como “un ranchito de maderas”, desde donde evoca su pasado y recupera a través de la palabra a los vecinos, con quienes comparte su vida.

En diálogo con Télam, Bellessi destaca que lo que más le gusta de este corpus de poemas es su estilo “despojado”, porque “están escritos con la nada, como un libro de despedida”.

El libro abre con el poema que da título a esta obra y dice: “Hoy la muerte se hizo presente/ de un modo nuevo, no en las cosas/sino en mí, cuerpo y mente ya lo saben/ aunque yo, no lo sé” ¿Por qué aparece tan rotundamente la muerte?
Creo que aparece en este libro en particular, me parece que es el paso de los años y que por eso le pongo Pasos de baile (Adriana Hidalgo), porque estoy bailando con todo y también con la señora muerte, que se va aproximando a la maravillosa vida.

Que esté presente la muerte es como que esté presente la vida todo el tiempo, la una y la otra bailando juntas.

¿Por qué creés que irrumpe en este momento?
Creo que es una cuestión de edad, porque antes yo podí­a hablar de ella, pero una cosa es hablar y otra es tenerla aleando cerca, cuando vas llegando a los 70 te alea en el hombro. Y trato de olvidarme de la muerte, no me llevo bien con ella, como todos los seres humanos, creo. No quiero que venga la muerte, adoro la vida, adoro todo lo que se mueve, adoro todo lo viviente de una manera descomunal, tengo como un aplauso enorme por todo esto. Por eso tengo que pensar en la muerte como parte de la vida, es la manera de reconciliarme con ella.

Otro tema que abordás es la soledad, y es en el segundo poema, “La tentación de la luz”, donde se lee: “Sola, de una colmada soledad/ en la noche de abril que empieza/ con sus rosas/ en el gris del cielo y abre/ por un momento la entera luz/ del día que va a morir” ¿Cómo te llevás con la soledad, cómo concebís la soledad? ¿Es parte de tu forma de vida?
He lidiado bastante con la soledad, porque cuando anduve caminando por América, en un viaje muy largo que hice durante mi juventud, me encontré con mucha gente en el camino, pero fui sola. Después, durante los años de la dictadura, en los que estuve en la isla del Delta, también fue a solas. Y de niña me crié a solas, en el campo, en una chacrita, una tierrita que alquilaba mi padre. Por eso creo que tengo esa relación con los bichos, con las plantas, con la gente que me rodea, y así surge una poesí­a contemplativa.

Por eso volvés constantemente al pasado …
Lo que uno hace siempre es volver a rodear el misterio de sus primeros años de vida, ¿no? Porque uno escribe lo que vive, y si no toco, veo y siento no escribo nada, por eso los vecinos se vuelven los grandes héroes de mis libros, y cuando pasaste la infancia en el campo es una experiencia muy fuerte por el resto de tu vida.

En el libro aparece en varias oportunidades una invocación a Dios, ¿cuál es tu idea de Dios?
No tengo mucha idea, tengo un sentimiento de Dios, infantil, de Dios de la Iglesia Católica, ligado totalmente a la naturaleza, un Dios panteí­sta. Y hablo de Dios como hablo del perro, de una vecina, porque todos los dioses son como el ser humano.

Cuando fui a la India el hinduismo fue lo que más me interesó, ese Shiva con enormes vergas, con ofrendas de leche, ese Dios que es dual, que es varón y mujer, todo eso me impactó más que el budismo. Y la presencia de los dioses chamánicos también es muy fuerte en mí.

Mi idea de Dios tiene que ver con la pelí­cula de ese director italiano maravilloso que fue Pier Paolo Passolini, “La pasión según San Mateo”, donde dice que Dios ha venido a crear un nuevo mundo. Jesús ha venido a poner al hermano contra la hermana pero no para que se peleen, sino para crear un nuevo mundo. Y creo que la manera de hablar de lo sagrado es con una sonrisa.

Dentro de los géneros literarios, ¿qué lugar ocupa la poesía?
La poesía compone a ciegas y no se parece a ningún otro género literario. La poesía está afuera de la literatura, está en el pueblo. Me da risa cuando se habla de la escasa popularidad de la poesí­a, porque confunden el mercado con la pequeña voz del mundo. Los poetas no vamos a la vanguardia de nada, vamos atrás con el “popolo”, y a Dios lo podés poner en el mismo lugar, porque la poesía habla como una santa, a lo loco. Cuando escribís, en lo profundo de vos tenés que ser un bárbaro.

http://www.telam.com.ar/notas/201503/99457-pasos-de-baile-una-obra-donde-la-vida-baila-con-la-muerte.html