Los expertos alertan sobre los productos que tienen más sodio

La Argentina cuenta con una ley para bajar la presencia de sal en las comidas. Apenas el 15% de los alimentos no fueron adecuados a esta norma. Salamines, chorizos, snacks, hamburguesas y algunos panes lideran la lista.

Yésica De Santo
Tiempo Argentino
18 de Marzo de 2015

La sal ha ocupado un papel trascendental a lo largo de la historia. Si bien es un condimento fiel desde la antigüedad, también fue moneda de cambio (de ahí el término “salario”) y hoy es un bien de consumo barato por lo que utilizarla de forma correcta (sin excederse) se convirtió en una tarea difícil. Con motivo de la Semana Mundial por la Sensibilización sobre el consumo de sal (del 16 al 22 de marzo) los expertos alertan sobre su peligrosidad y la importancia de saber administrarla.
Se estima que más del 30% de los argentinos padece hipertensión arterial, provocada en la mayoría de los casos por el consumo excesivo de sal y uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares. Si bien la OMS recomienda que la ingesta diaria no supere los 5 gramos, en el país se consumen de 10 a 12 gramos.
La Argentina es el primer país de América Latina en poseer una norma que regula el sodio en alimentos procesados. En diciembre de 2014 entró en vigencia la norma nacional 26.905 (sancionada en 2013), que establece una primera meta de descenso de sodio con valores máximos permitidos para los productos cárnicos y derivados, farináceos y sopas. Además, el Ministerio de Salud de la Nación como autoridad de aplicación puede disminuir gradualmente aún más los valores máximos y agregar nuevos grupos a la lista original.
La disminución de sodio se está realizando de forma óptima, y a pocos meses antes de su entrada en vigencia sólo el 15% de los productos analizados excedían los límites fijados por la normativa. Así lo determinó la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC) que durante el 2014 revisó el contenido de sodio de 1320 productos, de los cuales 292 corresponden a las categorías contempladas en la ley y los comparó con los valores máximos establecidos en la misma. El estudio encontró que de los 55 productos cárnicos evaluados (hamburguesas, embutidos, chacinados, etc.), sólo cinco excedían el límite de la ley, de los 210 productos farináceos evaluados (panes, galletitas, crackers, snacks, etc.) solo 39 excedían el límite y en el caso de las sopas, ninguno de los 27 productos superaban los valores máximos de la ley.
A pesar de que la mayor parte de los alimentos evaluados ya cumplen con la primera etapa de descenso de sodio fijada por la ley, “los niveles de sal siguen siendo muy elevados en los grupos de alimentos procesados”, comunicaron desde la FIC.
Por ejemplo, los chacinados secos (salame, salamín, etc.) presentan un promedio de sodio de 1336,2 mg cada 100 gr de producto; los chorizos, 1041 mg/100 gr; snacks galletas, 873,8 mg/100 gr; los chacinados cocidos (salchichas, mortadela, jamón cocido, etc.), 833,2 mg sodio/100 gr; los snacks, 767,5 mg/100 gr; las hamburguesas 720 mg/100 gr; las galletitas crackers sin salvado 566,3 mg/100 gr; los empanados de pollo 515,1mg/100gr; y los panes con salvado 506,8 mg/100 gr. Por otra parte, otros alimentos no incluidos en las metas establecidas por la ley para la reducción de sodio, también tienen alto contenido de sodio: los aderezos (1228,1mg/100gr), comidas listas (993,4mg/100gr), los quesos (703,5mg/100gr), las tapas de pascualina (625,7mg/100gr), las tapas de empanadas (618,6mg/100gr), y las pizzas (505,4 mg/100gr), entre otros.

UNA COSTUMBRE. A las cantidades de sodio de los alimentos procesados también hay que sumar la costumbre de “sobresalar” los platos de comida, tanto en su preparación como a la hora de comer. “Es una costumbre, algo cultural. El organismo se acostumbra a comer salado, pero puede demorar sólo 15 días en acostumbrarse a comer prácticamente sin sal”, contó a Tiempo, Ramiro Sánchez, jefe de la Unidad metabólica e hipertensión arterial. Al respecto, la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, comprobó como dato significativo que el 25,4% de la población argentina agrega siempre sal a las comidas en forma discrecional.
Por otra parte, José Alfie, miembro de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) y jefe de la unidad de hipertensión del Hospital Italiano, aseguró a este diario que “la industria alimenticia acostumbró los paladares a lo salado, de ahí que tengamos que reeducar el gusto de los pacientes”. Para el especialista, muchos no saben por ejemplo que alimentos como el pan o las facturas y las bebidas gaseosas poseen grandes cantidades de sodio.
DESDE CHICOS. La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) realizó un llamado a la industria de alimentos para reducir la sal en sus productos y a dejar de publicitar productos altos en sal para niños. Además, instó a padres “limitar la sal oculta”, comiendo platos preparados en el hogar con ingredientes frescos.
Los niños son especialmente vulnerables a la publicidad y el mercadeo, y al mismo tiempo están desarrollando los hábitos alimenticios que influirán en el tipo de dieta que sigan cuando sean adultos. Aún durante la infancia, el alto consumo de sal tiene un efecto sobre la presión arterial y puede predisponer a los niños a enfermedades tales como la hipertensión, osteoporosis, asma y otras enfermedades respiratorias, obesidad y cáncer de estómago.
Al tratarse el gusto por lo salado de una preferencia adquirida, el paladar puede educarse desde la primera infancia y así prevenir patologías en la vida adulta. «

Firman convenio con supermercados

El ministro de Salud de la Nación, Daniel Gollan, firmará hoy un convenio con la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), que reúne a las cadenas más grandes del país. El objetivo es reducir el contenido de sodio en el pan elaborado en las sucursales de la entidad. Del acuerdo también participa la cartera de Agricultura, Ganadería y Pesca.
El convenio es una de las acciones que la cartera sanitaria realiza desde 2011 para reducir el consumo de sal por parte de la población a través de la iniciativa “Menos Sal Más Vida”, que trabaja dos ejes fundamentales: la concientización de la sociedad sobre la necesidad de disminuir la incorporación de sal en las comidas, y la firma de acuerdos con la industria alimentaria para lograr la reducción del contenido de sodio de los alimentos procesados. Por ejemplo, también se han firmado acuerdos con panaderías artesanales de todo el país y con la industria alimentaria para la reducción voluntaria y progresiva de la sal contenida en esos alimentos procesados.
La ASU nuclea a las cadenas de supermercados más grandes del país, representando más del 70% de la facturación nacional del sector. Esta asociación está integrada por grandes cadenas de supermercados, entre ellas Carrefour, Coto Cicsa, Wal-Mart Argentina, Jumbo, Día, Supermercados Toledo, Supermercados Más, Supermercado Zeta, La Anónima, Supermercados La Economía y Monarca, entre otras.

62% de los casos de enfermedad cerebrovascular y el 49% de las patologías coronarias tienen como causa a la hipertensión.

Un gramo menos

En la Argentina, un tercio de la población mayor de 18 años padece hipertensión arterial.
La reducción de un gramo en el consumo de sal de toda la población implicaría unas 2000 muertes menos al año por causas cardiovasculares.

¿De qué color es la sal?

¿De qué color es la sal? Sus cristales se ven blancos. Sin embargo, una vez esparcidos en un plato de comida, se vuelven imperceptibles y favorecen su consumo en exceso. Basados en esta problemática, desde la Fundación Favaloro presentaron la campaña #LaSalQueSeVe y colorearon la sal de mesa de forma llamativa. Se intenta así concientizar a la población: aunque no se vea, la sal está.
Los saleros fueron entregados el lunes a pacientes que controlaron su presión en la fundación, con motivo del comienzo de la semana de concientización sobre el consumo.
“Trabajamos en diferentes acciones con las que pretendemos contribuir a una mejor calidad de vida de la comunidad, como era el deseo del Dr. René G. Favaloro. Como institución de salud, es un desafío trabajar en la adopción de hábitos saludables”, aseguró Alejandra Marino, gerente de comunicación institucional de la Fundación Favaloro.

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