Cuando el amor es compatible

Roberto y Lucía se enamoraron en un centro de diálisis. Ya trasplantados, celebran el Día Mundial del Riñón ayudando a otros pacientes.

Tiempo Argentino
12 de Marzo de 2015

Las historias de amor pueden nacer en cualquier momento, lugar o circunstancia. La que sigue da cuenta de lo fiable que resulta esta afirmación. Roberto Isa y Lucía Gómez se conocieron hace diez años, en 2004, ambos a la espera de un trasplante de riñón, en un centro de diálisis de Burzaco. Fue un flechazo: se enamoraron y, menos de un año después, estaban casados.
“¿Lo invitamos al nuevo?”, le preguntó Lucía Vivi, una de sus amigas en el centro de diálisis. El nuevo era Roberto. Vivi, Cupido, se acercó al hombre que, sin tiempo de pensar, dijo que sí, que contaran con él para el festejo de fin de año.
La relación fue prosperando e hicieron varios trámites juntos hasta que Roberto, lleno de nervios, dio el primer paso: la invitó a comer. Cuenta que su estado de alteración era tal que cuando el mozo le trajo la comida, la tiró al piso por un mal movimiento. “Un papelón”, se lamenta hoy.
El 17 de septiembre de 2005 se casaron con una gran fiesta en el Centro de Fomento de Rafael Calzada. Del centenar de invitados, 80 eran amigos y conocidos de diálisis. Es que ambos, como la mayoría de los pacientes con insuficiencia renal, pasan cuatro horas, tres veces por semana, conectados a una máquina. “Terminás formando una especie de familia”, aseguran a dúo.
Pero todo tiene un fin. Y el día que el médico le dijo a Lucía que había un riñón para ella, ese fin significó una gran alegría. Tras diez años de diálisis había aparecido el órgano, compatible, perfecto para ella. Fue una mezcla de sentimientos: “Estaba feliz, pero yo quería que él se trasplantara primero, porque era el que peor toleraba la diálisis”, cuenta ella. Pero no hubo caso, y Roberto la acompañó hasta la puerta del quirófano en el hospital provincial San Martín, de La Plata. Seis meses más tarde llegó el riñón para él y atrás quedaron las largas jornadas conectados a la máquina.
Actualmente, Roberto y Lucía no faltan a ninguna reunión de la asociación de amigos del hogar de tránsito del Cucaiba, el Centro de Ablación e Implante del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, tal es el compromiso que asumieron después de curarse. Allí cuentan su historia y participan de charlas con especialistas para que los nuevos pacientes se sientan contenidos y sigan adelante. Y con motivo del día del Día Mundial del Riñón, que se celebra hoy, recibieron el agradecimiento del gobernador Daniel Scioli y de su ministro de Salud, Alejandro Collia, con quien se reunieron en la cartera sanitaria provincial. “Nuestro mayor objetivo es que cada vez más pacientes en diálisis formen parte de la lista de espera para ser trasplantados y que el tiempo de espera vaya reduciéndose paulatinamente”, destacó el ministro durante el encuentro.
Actualmente, el gobierno bonaerense cubre el costo del tratamiento de diálisis de 3000 personas que no tienen obra social, en diferentes centros. Además, en la provincia hay 2300 pacientes en lista de espera para recibir un trasplante renal, el más común en todo el país, debido a la alta prevalencia de la insuficiencia renal crónica. En territorio bonaerense, más de 11 mil pacientes se encuentran en diálisis, y durante el año pasado el Cucaiba realizó 414 trasplantes de riñón.
Se estima que unos 2 millones de argentinos padecen algún grado de enfermedad renal, pero no lo saben. “Ocurre que esta afección puede dañar los riñones gravemente sin dar síntomas hasta etapas avanzadas de la enfermedad, cuando ya se requiere diálisis y, eventualmente, un trasplante de riñón”, explica el presidente del Cucaiba, Adrián Tarditti.
Finalmente, para la pareja, ir a cuanto evento se los convoca para ayudar a quienes esperan un trasplante es natural. Roberto dice que en sus vidas ha habido un antes y un después del trasplante: “Alguien a quien no conocimos nos dio la oportunidad de seguir viviendo, y nosotros no podemos dejar de agradecérselo ¿Cómo? Ayudando a otros, dándoles consejos y estimulándolos para que sigan adelante, porque hay vida de la buena después de un trasplante”. «

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