Crece el uso de las drogas entre la generación de los ‘boomers’

Desde que era un muchacho en los años 70, Mike Massey podría haber sido un símbolo de su generación, los nacidos entre 1946 y 1964, más conocidos como la generación de postguerra o baby boomers. Tenía el pelo largo, hacía surf, tocaba en bandas de rock y consumía marihuana y cocaína con regularidad.

Con el paso del tiempo, la locura de esos años fue desvaneciéndose. A los treinta y pico dejó las drogas, ascendió a puestos de liderazgo en el sindicato al que pertenecía, compró una casa en este suburbio de Los Ángeles y formó una familia. Poco después de cumplir 50, sin embargo, Massey se lesionó una rodilla mientras corría. Empezó a tomar Vicodin para el dolor, pero pronto comenzó a abusar de las pastillas y a mezclarlas con alcohol, relata.

Por Zusha Elinson
martes, 17 de marzo de 2015
The Wall Street Journal

“Me hacía recordar la época en que andaba drogado y borracho; la mente nunca se olvida de eso”, dijo Massey, que hoy tiene 58 años. Massey fue a rehabilitación y dejó las drogas y la bebida en 2013.

Hoy, la historia de este hombre de mediana edad y calva pronunciada sigue reflejando la de su generación.

El número de adultos mayores que abusan de drogas, son arrestados por delitos relacionados con ellas y mueren por sobredosis, es cada vez más alto. Esto ocurre a medida que unos 76 millones de la generación de postguerra enfrentan los dolores y pérdidas asociadas con el envejecimiento. Los boomers, que en su juventud consumieron más drogas que cualquier otra generación, están volviendo a recurrir a ellas.

El drástico aumento de muertes por sobredosis en este grupo, en particular, es “muy preocupante”, dijo el doctor Wilson Compton, director adjunto de Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA), una agencia federal.

Entre 1990, cuando los boomers no eran todavía parte del grupo de personas de 45 a 64 años de edad, y 2010, cuando dicho grupo estaba lleno de boomers, la tasa de muerte accidental por sobredosis de fármacos aumentó 11 veces, según datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Este incremento fue mayor que para cualquier otro grupo etario en igual período.

El alza explica que, por primera vez, la tasa de mortalidad por sobredosis accidental entre adultos maduros supere a la de personas de 25 a 44 años. En 2013, el año más reciente del cual hay datos disponibles, más de 12.000 boomers murieron de sobredosis accidental. La cifra supera el número de muertes producidas ese año por accidentes de automóviles, gripe o neumonía, según los CDC.

“En general, pensamos que las personas mayores no caen en la adicción o el abuso de drogas”, dijo el Dr. Compton. “[Pero] a medida que los boomers envejecen, arrastran sus hábitos en la mediana y tercera edad, y vemos un marcado aumento en las muertes por sobredosis”.

Los expertos dicen que la causa del aumento del abuso de drogas se debe a la confluencia de dos factores: la presencia de una generación que en su juventud cultivó con fruición las sustancias psicotrópicas, y la abundancia de analgésicos opioides. Después de la marihuana, los calmantes son la forma más popular de drogarse entre la generación de postguerra, según la encuesta nacional anual sobre uso de drogas de la Administración Federal de Servicios de Salud Mental. Los analgésicos opioides son también la droga más frecuente en las sobredosis de medicamentos, seguidas por los ansiolíticos, la cocaína y la heroína.

The Wall Street Journal entrevistó a docenas de boomers adictos y en recuperación. Las entrevistas revelaron una gran variedad de historias: algunos consumieron drogas durante toda su vida; otros lo hicieron cuando eran jóvenes y volvieron a ellas después de una experiencia traumática como un divorcio, la muerte de un ser querido o la pérdida del empleo.

Para quienes quedaron atrapados en la mentalidad Woodstock de su juventud, “esas experiencias son un disparador para recaer en la adicción”, afirma Jamie Huysman, 60, asesor clínico de los Centros de Tratamiento Carón. “[En nuestra juventud] estábamos condicionados a pensar que podíamos ser rebeldes, que estaba bien tomar drogas, y esa es la forma en que reaccionamos hoy”, dice.

Los centros de rehabilitación están tratando de dar abasto a una demanda extraordinaria de pacientes mayores. En 2020, alrededor de 5,7 millones de personas de más de 50 años necesitarán tratamiento por abuso de sustancias en Estados Unidos, según estimaciones del gobierno federal. Mientras tanto, los hospitales han visto un fuerte incremento en el número de adultos mayores hospitalizados por problemas de salud relacionados con las drogas, según las mismas fuentes.

Durante la pasada década, el consumo de drogas ilícitas entre mayores de 50 años aumentó, al tiempo que se redujo entre adolescentes—el grupo que atrae la mayor atención pública—, según la encuesta federal de consumo de drogas. Un patrón similar se repite entre los arrestos por drogas: entre 1997 y 2012, las tasas de estos arrestos cayeron en casi todos los grupos de jóvenes de EE.UU., pero se mantuvieron constantes en la población de entre 45 y 64 años.

Los boomers siempre han figurado al tope de las listas que miden el consumo de drogas. En 1979, el último año de secundaria para los nacidos en 1961, se produjo el récord de auto-reportes de consumo de drogas ilícitas, según una encuesta nacional denominada Monitoreando el Futuro. Y aunque la tasa de consumo cayó a medida que los miembros del grupo han ido envejecido, casi triplica el porcentaje de miembros de generaciones anteriores que reportaron haber usado drogas en su vejez.

El historiador Neil Howe, autor de varios libros sobre tendencias generacionales, dice que los boomers siempre se han destacado por su voluntad de romper con las convenciones y asumir riesgos, incluyendo el uso de drogas.

“Ellos siguen comportándose de una forma más desinhibida, mientras que las generaciones más jóvenes son más conservadoras a la hora de asumir riesgos”, manifestó.

(En los últimos años, los índices de enfermedades de transmisión sexual también han aumentado entre los mayores de 45 años, según los CDC).

El Centro de Hanley de Origins, en West Palm Beach, Florida, tiene un programa de rehabilitación exclusivo para los boomers, que conviven en el mismo edificio con pacientes jóvenes y adultos. Todos asisten a terapia de grupo juntos.

En una sesión, una mujer que se presentó como alcohólica dijo a la docena de personas sentadas en círculo que ese día había recibido un ramo de rosas de su familia y se sentía culpable. “Realmente no merezco nada de ellos”, dijo, y empezó a llorar.

Deborah Christensen, consejera del grupo y otro miembro de la generación de postguerra, condujo luego un ejercicio en donde los otros adictos representaron la dinámica familiar de esa mujer. En este juego de roles, la muchacha que representaba a su hija fue la voz de la razón, la persona que trataba de traer calma a la familia durante las frecuentes peleas por el abuso de drogas.

La culpa de haber forzado a sus hijos a asumir este papel conmovió a otros pacientes. “Me identifico con esta situación”, dijo otra mujer. “Mi ex marido era adicto a los opiáceos, y mi hija mayor se convirtió en su cuidadora”.

John Dyben, jefe del programa para boomers y adultos mayores del Centro, dijo que en el camino hacia la recuperación, cada generación tiene que superar diferentes tipos de barreras. Los más viejos tienen vergüenza de reconocer una adicción; los más jóvenes creen que son indestructibles. El problema con los boomers es su actitud de saber todas las respuestas, y la creencia de que las drogas no son necesariamente algo malo.

Esto hace que para tratarlos, los consejeros del Centro descarten las historias que hacen hincapié en cómo el abuso de sustancias arruina la vida de las personas. “Por cada una de esas historias, hay otras 15 acerca de personas que gracias a las drogas expandieron su mente y llegaron a convertirse en presidentes ejecutivos exitosos “, dijo Dyben.

En lugar de ello, el tratamiento se concentra en enseñarles la parte científica de las adicciones y darles un papel más activo en la planificación de su tratamiento.

Para Clara Mannion, de 64 años, el disparador fue la cercanía del retiro luego de una larga carrera en el sector inmobiliario. Hace cinco años se radicó en Florida, después de una vida de viajes a lo largo y lo ancho de EE.UU. “La mayoría de la gente me decía:” ¿Qué más quieres? ¿Por qué no estás lista para (la palabra mágica) el retiro? ‘”

“Dada mi personalidad, lo que yo escuchaba cuando me decían eso era: ‘¿Estás lista para retirarte de la vida?’. Me sentía desesperada”, dijo, “y los medicamentos y el alcohol eran el recurso más cercano” para aplacar la angustia.

Mannion contó que mezclaba pastillas de ansiolíticos (benzodiacepinas) con alcohol. En 2013, después de dos arrestos por conducir embriagada, ingresó a un programa de rehabilitación para boomers gestionado por la Fundación Hazelden Betty Ford. Desde entonces se ha mantenido “limpia”, y ahora se siente “eléctricamente viva”.

Para Massey, el ejecutivo del sur de California, una casi-sobredosis fue uno de los eventos traumáticos que lo empujaron a buscar tratamiento. Una noche dos años atrás, sentado en su cama después de ingerir un cóctel de analgésicos, tuvo un ataque y perdió el conocimiento. “Lo siguiente que supe es que me estaba despertando, que veía a mi esposa molesta, a mis hijos llorando, y los paramédicos sacudiéndome el pecho”, dijo.

Antes de volverse adicto a las pastillas, Massey pensó que había dejado atrás los hábitos de su juventud. En esos años, compartir una línea de cocaína era una buena manera de conseguir compañía en una fiesta y la marihuana era abundante. Trabajaba como soldador en San Diego y tocaba la guitarra en una banda de rock llamada Loose Enz. Su ídolo era guitarrista de los Rolling Stones Keith Richards. “Yo trataba de vivir como si fuera uno de los Stones”, admitió. “Estaba de gira todas las noches”.

Después de haber abandonado las drogas (incluyendo una temporada de metanfetamina) por primera vez, su carrera despegó. A los 35 años, Massey fue ascendido a una posición de liderazgo en un fondo fiduciario de Los Ángeles que representa los intereses de sindicatos y contratistas de la industria de la plomería y las tuberías. Conoció a su esposa, compró una casa y tuvo dos hijos.

Ocho años atrás, mientras hacía ejercicio para bajar de peso, se le agravó una vieja lesión de la rodilla. Le pidió a un amigo unas pastillas de Vicodin para el dolor. Al día siguiente, tomó otro puñado. “Pensé, no es gran cosa, me duele la rodilla y estas son drogas recetadas”, señala. “El hecho es que estaba abusando de estas pastillas desde el segundo día”.

Después de varias cirugías de rodilla, las recetas le facilitaron un suministro constante de calmantes. Llegó a tomar unas 40 al día, al tiempo que le daba duro a la botella. Para entonces, se había convertido en director ejecutivo del fondo fiduciario y de varias empresas asociadas, una organización conocida como el Grupo PIPE, que emplea a más de 200 personas.

Después de haber “descarrilado” en el trabajo debido a su abuso de píldoras y alcohol, su jefe le dio un ultimátum: supera tu adicción o date por despedido.

Al principio, Massey se resistió. Pero después un período de desintoxicación en su casa, ingresó a programa de rehabilitación en San Diego.

“Pienso que el punto es que sabemos lo que es estar “volado”, conocemos la sensación. En un sentido amplio, una vez que has estado en ese lugar, es más fácil volver allí”.

http://lat.wsj.com/articles/SB10884764161162954107804580524533726441148?tesla=y