Cosas de viejitos

El tiempo corre, la vida pasa y, con una ayudita de la suerte, los genes, la disciplina individual, los adelantos de la medicina preventiva y la actividad física cultivada como método permanente, los seres humanos podemos llegar a edades avanzadas.

Por Enrique Pinti | Para LA NACION
Viernes 13 de marzo de 2015

En un mundo lleno de contradicciones vemos aumentar el promedio de vida en unas comunidades y crecer en forma alarmante la mortalidad infantil, en otras. Pero, contradicciones aparte, experimentamos sensaciones a las que nuestros abuelos no estaban acostumbrados. Una de ellas es la relación gobernantes-gobernados, un índice del supuesto adelanto moderno que marca nuestra época. Lo que ocurría cuando el que esto escribe era un niño es que los gobernantes tenían la edad de nuestros abuelos. O sea, eran señores mayores con mentalidades acordes a sus épocas que no coincidían necesariamente con lo que los niños y jóvenes pensábamos del mundo circundante.

Cumplidos y superados los cuarenta años nos enfrentamos a contemporáneos. Es decir, gente que había pasado por los mismos avatares que nosotros. Estábamos y nos sentíamos iguales o al menos muy semejantes, podíamos discutir, polemizar, coincidir o discrepar desde experiencias comunes. Nuestra memoria colectiva sufría las mismas lagunas, los mismos baches y las mismas contradicciones que los que estaban “allá arriba” en esa especie de torre de marfil, mezclada con torre de Babel, por lo confusa, y de Pisa, por lo torcida e insegura.

Sin embargo, los adelantos, las medicinas y la suerte nos permitieron a muchos y muchas de la clase 1930-1950 llegar sin demasiadas alteraciones mentales a superar los sesenta, los setenta y los ochenta. Y experimentar, no como una minoría insignificante de viejos chotos que deliran en geriátricos, sino como ciudadanos activos, informados y con una amplia experiencia de vida, sensaciones concretas que fueron desde el déjà vu –

o sea, esta película ya la vi, este discurso ya lo oí y a estos los tengo junados de varias administraciones- hasta el asombro incrédulo de situaciones nuevas que pensábamos no ver jamás en nuestra sociedad.

Ahora los que nos gobiernan o intentan hacerlo en un futuro razonablemente próximo tienen la edad de nuestros hermanos menores, nuestros hijos y, si la ciencia sigue avanzando tendrán la edad de nuestros nietos. Y, más allá de sus ideologías, métodos y matices políticos, representarán a un mundo dramáticamente distinto al nuestro. No se trata solamente de redes sociales, Twitter, Facebook, lenguajes y velocidades diferentes, sino de concepciones de vida y refundación de pautas de conducta, códigos de convivencia y maneras de enfrentar los eternos conflictos humanos que pasan por lo geopolítico, lo económico y lo social y que, en eso los tiempos no cambian desgraciadamente, desembocan en guerras, espionajes siniestros, ambiciones sin límites y necesidad de dominar al más débil y explotar al indefenso.

Cada vez quedan más atrás en la historia y más borrosos, confusos y contradictorios atropellos a la dignidad humana como la esclavitud, los fanatismos religiosos, las crueldades, los circos romanos, las persecuciones raciales, los abusos de todos los supuestos países civilizados y las catástrofes y agresiones a la naturaleza. Solo los muy viejitos tienen frescos esos horribles recuerdos y sienten el pavor de saber a qué conducen esos extremos. Sin embargo, de poco sirve nuestra palabra y nuestra sospechosa memoria, nuestro testimonio se toma como un delirio o una exageración.

“El mundo es distinto hoy en día”, nos repetirán hasta el cansancio y sí, lo es, pero la base esencial no cambia, te lo dice un abuelo que todavía está en sus cabales..

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