Un mundo mejor

Un mundo mejor
La esperanza de vida ha aumentado tremendamente en el último siglo

Por Diego Golombek | LA NACION
Domingo 21 de diciembre de 2014

El desánimo cunde muy rápido: está todo mal, hay guerras permanentemente, a nuestro equipo lo bailan todos los sábados (¡sí, los sábados!) y ni siquiera existen más los chocolatines Jack con sorpresa. En suma: el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.

Un momentito: ¿es tan así? ¿No hay absolutamente nada de qué agarrarse? Veamos: la esperanza de vida ha aumentado tremendamente en el último siglo. Si a principios del siglo XX un humanito recién nacido podía aspirar a llegar -en promedio- a 3 o 4 décadas de vida -particularmente en América latina-, hacia 2010 se estimaba que uno podía andar criando nietos hasta superados los 70 años. Quizá lo más notable es la disminución de la mortalidad infantil: hoy, la enorme mayoría de los chicos cumple su primer año de vida, y está claro que no siempre fue así.

Por otro lado habrá que darle duro al sushi, ya que el país con mayor esperanza de vida al nacer es Japón, sobre todo para las mujeres, que pueden aspirar a llegar tranquilamente a los 86 años a base de ceremonias de té. Pero claro, vivir no es durar, y acá lo que importa es que la calidad de vida acompañe a esos años de más. Pues bien: basta la salud, y la combinación del acceso al agua potable, los antibióticos y, notablemente, las vacunas nos han hecho no sólo más viejos, sino que también más sanos.

Siguen las buenas nuevas: el Centro Pulitzer de Reportes de Crisis (pulitzercenter.org) publicó hace poco un mapa interactivo (http://childlivesmap.com) en el que se van viendo las tasas de mortalidad de los chicos menores de 5 años. Según datos de Unicef, pasamos de un poco más de 12 millones de muertes en 1990 a unos 6,6 millones en 2012. Sí: la mortalidad infantil se redujo a la mitad en una década. En países como Bangladesh, los programas de vacunación, de aportes vitamínicos y de tratamiento de aguas consiguieron bajar la mortalidad infantil en nada menos que el 72 por ciento. Es para festejar, pero sin olvidar que aún hay millones de chicos que se mueren por desnutrición o enfermedades fácilmente prevenibles.

Está bien, dirán los muchachos en el bar, pero nadie va a negar que los fanatismos, nacionalismos e intolerancias siguen plagando a esos mismos mapas de tragedias, guerras y violencias. A veces ver el noticiero parece indicar que estamos en la peor época de la historia, ¿verdad? No tanto, opina el gran psicólogo-filósofo Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro, en el que examina las causas y la evolución de la violencia a nivel mundial, llegando a la conclusión (agárrense) de que nuestros tiempos son más pacíficos, menos crueles y menos violentos que cualquier época previa de la humanidad. Antes de salir corriendo a las páginas de seguridad del diario, traten de ser un poco más amplios de mirada y atender a los datos de que en este siglo poscambalache es menos probable (en términos estadísticos) que suframos una muerte violenta o un trato cruel por parte de otros semejantes, enemigos, tribus o salvajes e irreductibles galos. Sí: en la prehistoria, afirma Pinker, entre un 15% y un 50% de la población moría violentamente, y las campañas conquistadoras posteriores (mongoles, romanas, macedonias, de cualquier grupo y factor) y, más recientemente, las guerras mundiales del siglo XX, arrasaron con una parte considerable de la población en algunas regiones del planeta. Violencia es mentir, gritan los Redondos, pero también es torturar, quemar, esclavizar, todos vicios de los que la humanidad disfrutó durante muchísimo tiempo. Desde fines de la Guerra Fría hasta ahora, Pinker considera que una revolución humanitaria y lo que él mismo utópicamente considera un avance de la razón nos han permitido disfrutar de tiempos de paz y amor (aunque, de nuevo, no lo parezcan).

A veces el pasado puede ser un animal salvaje y, si nos olvidamos de quejarnos un ratito (y echamos mano a las estadísticas de salud pública, y a las de disminución de la violencia que presenta Pinker), tal vez podamos sentirnos un poco, un poquito satisfechos con nosotros mismos. Nosotros, los humanos, digo..

http://www.lanacion.com.ar/1754103-un-mundo-mejor