Por una nueva mirada hacia los adultos mayores

El ingeniero Rafael Kohanoff expresó novedosos conceptos cuando recibió el premio Cicerón, que le otorgó el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en el 2° Congreso Latinoamericano de Gerontología Comunitaria, a través de la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia y su Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores, junto a la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Con la mira puesta en trabajar para las personas más vulnerables, Kohanoff invita a reflexionar sobre la necesidad de diseñar políticas públicas para las personas mayores, que favorezcan su calidad de vida y su dignidad. Propone integrar equipos de investigación y estudio para llevar adelante la idea teniendo en cuenta la situación actual y apuntando a su transformación.

SaberComo
Año 2014
Número 113

Nosotros, los mayores que estamos activos, hemos vivido la etapa del aprendizaje, hemos trabajado para “tener” lo necesario y conveniente para sustentar nuestras vidas. Hemos hecho muchas cosas, y cualquiera haya sido la actividad desplegada, accedemos a la cuarta etapa de la vida valorizando el “ser” y los sentimientos, disponemos de tiempo y de deseos de volcar nuestra experiencia –y tal vez, sabiduría– para responder al otro, al que necesita.

Hay quienes se alarman porque cada vez existe una mayor cantidad de personas que viven más tiempo. Pero a decir verdad, el período de vida se prolongó más, y por lo que habría que alarmarse es por el problema constituido por la pobreza y la salud de nuestros mayores. En síntesis, por mejorar su calidad de vida. Se trata del mejoramiento de los planes sociales y jubilatorios que aseguren la independencia de las personas mayores, el mejoramiento de la atención primaria y domiciliaria de la salud y la implementación de programas de educación para la salud del cuerpo y la mente, que deben iniciarse desde la infancia.

La sociedad manifiesta con claridad la atención, los cuidados y la educación en las etapas de la infancia y la adolescencia, mientas que para los adultos existe un sistema de trabajo y remuneración que los integra y “ordena”. Todas estas etapas de la vida de las personas están de algún modo contenidas, planificadas y reguladas, ¿pero qué sucede después de llegar a esa bisagra que es la jubilación? El sistema se basó en una noción que hoy quedó terminantemente descartada: que a los 65 años las personas se jubilaban y vivían poco tiempo más. Pero la vida se ha extendido entre 20 y 30 años. Y es justamente esta etapa de la vida, añadida y bienvenida a la existencia de una persona, la que no ha sido contemplada en su dimensión actual, ni por la sociedad ni por las políticas actuales. El gran desafío consiste en desarrollar sistemas públicos y privados para una vida activa en la tercera edad. Que las actividades a realizar no sean un entretenimiento o la mera asistencia a los “abuelos”. El desafío es lograr que la sociedad y los sistemas de servicios otorguen a esta etapa de la vida un sentido propio, como lo tienen las etapas precedentes.

Los adultos mayores deben poder permitirse una vida independiente, inclusiva y activa, no sujeta a la pasividad y al hecho de que los demás tengan que ocuparse de ellos. Esto requiere que el entorno ambiental y humano aporte un sistema de inclusión, independencia y participación activa que les permita dar un sentido a su vida. ¿Podrá ser esta cuarta etapa de la experiencia humana una forma de vida en la que la satisfacción no pase por tener cosas, sino por darlas al otro, al que las necesita? ¿Podrá tener esta etapa de la vida una forma de superación de un sistema individualista, egoísta, ganado por el deseo de tener; y en cambio ser el espacio de la cooperación, de los valores, de la vida colectiva, responsable y solidaria?

Tengo 88 años, estoy bien de salud y soy autosuficiente económicamente. Hay mucha gente como yo, que obviamente está mejor que una persona de 30 años, pobre y enferma. Pero sin duda, con el avance de la edad, el organismo tiene debilidades mayores. Es evidente en el caso de la vista, el oído, la dentadura, como también la pérdida de fuerza y la inestabilidad. En los primeros casos existen paliativos. Pero en los últimos, sumados a la soledad (y a veces al abandono de los afectos) la problemática es más compleja de asistir.

Definitivamente, no se trata más de decidir que los viejos deben descansar porque ya trabajaron demasiado, o que puedan disfrutar del ocio, o que deban dedicarse a recuperar viejos deseos frustrados. ¡Todo apunta a que no generen problemas! Definitivamente no se los debe excluir de la sociedad y de la vida, ni recluirlos en la soledad y en la depresión. Si todo el esfuerzo del Estado, de las organizaciones sociales y de las propias personas mayores se dirigiera a que los adultos mayores arriben a esta cuarta etapa con buena salud, buen sustento económico y con un sistema de vida con roles activos, se generaría un potencial humano de tremendo valor solidario, de cuatro millones de personas mayores de 65 años.

Para materializar esta nueva mirada en esta prolongada cuarta etapa de la vida, se requieren cambios profundos que muestren una dirección inequívoca hacia la inclusión social, dirigida a terminar con la idea de que los viejos ya cumplieron su ciclo. Por el contrario, hay que desarrollar desde el Estado y el conjunto de la sociedad una multitud creativa de prácticas sociales. No se trata de acciones puntuales o circunstanciales, sino de construir una forma de vida inclusiva y productiva en términos personales y sociales, en un continuo sostenido a lo largo de toda la vida.

IDEAS CLAVES
“Los adultos mayores deben poder permitirse una vida independiente, inclusiva y activa, no sujeta a la pasividad y al hecho de que los demás tengan que ocuparse de ellos. Esto requiere que el entorno ambiental y humano aporte un sistema de inclusión, independencia y participación activa que les permita dar un sentido a su vida”.

“Si todo el esfuerzo del Estado, de las organizaciones sociales y de las propias personas mayores se dirigiera a que los adultos mayores arriben a esta cuarta etapa con buena salud, buen sustento económico y con un sistema de vida con roles activos, se generaría un potencial humano de tremendo valor solidario, de cuatro millones de personas mayores de 65 años”.

“Se deben desarrollar los mecanismos para transferir las experiencias de quienes desempeñaron funciones como trabajadores, profesionales, emprendedores, artistas, docentes o en otras profesiones. Así es como se dignifican y restablecen los lazos de pertenencia a la sociedad”.
Se deben desarrollar los mecanismos para transferir las experiencias de quienes desempeñaron funciones como trabajadores, profesionales, emprendedores, artistas, docentes o en otras profesiones. Así es como se dignifican y restablecen los lazos de pertenencia a la sociedad.

La sociedad se verá enriquecida por la acción solidaria y responsable de los mayores, orientada en buena medida a cubrir necesidades y complejos problemas de diferentes sectores de la población que el mercado no atiende adecuadamente. Estas acciones podrían realizarse en muchos casos sin necesidad de percibir retribución económica, y posiblemente en otros casos la retribución resultará conveniente. Las personas mayores, al mismo tiempo de dar, se nutrirán de la frescura y los modernos conocimientos de las jóvenes generaciones. Pienso que este cambio resultará ampliamente beneficioso y facilitará la construcción de una Argentina solidaria, responsable, plural y democrática. Este es un pensamiento de adulto mayor

POR RAFAEL KOHANOFF
Director INTI-Tec. para la Salud y Discapacidad
discapacidad@inti.gob.ar

http://www.inti.gob.ar/sabercomo/sc113/sc113.php?seccion=3