Envejecimiento activo, sumando vida a los años

Si los cálculos no fallan, con una edad máxima de la especie humana situada en los 115 años, existe un potencial periodo de vida correspondiente a la vejez –considerando esta desde la edad estándar de jubilación, los 65– de hasta 50 años.

Es posible que la etapa más larga de la vida transcurra en la conocida como tercera edad, por eso delegarla a un segundo plano, a la inactividad y pasividad parece, ciertamente, algo poco inteligente. La vejez suele venir acompañada de achaques, pero también de grandes oportunidades para recuperar el tiempo libre perdido durante la etapa laboral.

Para el año 2050 las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que la sociedad española constituirá una de las poblaciones más envejecidas del mundo, con un 37% de los ciudadanos en edad superior a la de la jubilación. Esta cuestión plantea importantes problemas de sostenibilidad y de brecha generacional que inciden en las políticas sanitarias y de pensiones.

Sin embargo, envejecido, no significa necesariamente viejo. Son muchas las cuestiones que están produciendo un aumento de la esperanza de vida que se sitúa en la actualidad en cerca de los 80 años para los varones y los 85 para las mujeres.

Los avances científicos, la mejoras en el mundo de la salud, así como las diferentes propuestas para el envejecimiento activo son algunas de las razones por las que dentro de cuatro décadas, el INE estima que la edad media de vida aumentará hasta casi los 87 años en el caso de los hombres y los 91 en el de las mujeres.

Puestos en ese caso, con una media de esperanza de 89 años, un ciudadano español vivirá cerca de un cuarto de siglo de su existencia en la etapa final. Demasiado tiempo para malgastarlo viéndolo pasar.

El Parlamento Europeo y el Consejo de la UE proclamaron 2012 como el Año Europeo del Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional para llamar la atención, en primer lugar, sobre la necesidad de rediseñar políticas sociales que permitan a la población mayor de 65 años tener una mejor calidad de vida; en segundo, que el conjunto de la sociedad no ejerza discriminación por edad o “edaísmo”, como lo ha denominado la Comisión Europea, y, por último, que la población que supere los 65 años continúe participando activamente de la vida pública.

Es precisamente ahora, cuando la generación del baby boom está alcanzando la edad de jubilación, cuando se hace más urgente este cambio de dinámica.

Como explica el profesor Eugénio Viassa Monteiro en su artículo Jubilación activa: mejor salud, sirviendo (AESE Business School, 2012), los primeros días tras la jubilación son los más ilusionantes, llenos de novedades y estreno de sensaciones, y todo tiempo es poco para disfrutar de aquello que no se ha podido hacer antes, por la, en la mayoría de los casos, estresada y larga vida laboral.

Sin embargo, el paso de esa primera semana de relajación suele desembocar en unos días en los que la falta de orden y agenda establecida, sin obligaciones ni citas previstas, llevan al jubilado a extrañar su anterior vida, aquellos días en los que se sentía necesario e importante.

En las siguientes semanas suele suceder que la ilusión da paso a la desgana y el sentimiento de inutilidad, que pueden llevar al jubilado a tener incluso síntomas de ansiedad y depresión.

Pero la tan deseada nueva etapa puede ser contraria a esta descripción si, primero, se planifica la jubilación con tiempo y, segundo, se propone uno llevarla a cabo de manera proactiva.

Cada día existen más oportunidades no solo de ocio, sino también de autorrealización y empoderamiento, para las personas de la tercera edad. Porque un profesional no deja de serlo por el mero hecho de cumplir con la edad establecida para la retirada, y más allá, una persona no deja de ser útil por no desempeñar una actividad remunerada.

Ocio, cultura y ejercicio físico

Lo primero que se plantea uno tras la jubilación es en qué ocupar el tiempo de ocio del que dispone, que ahora va a ser mucho. Algunos autores relacionan el término “ocio” con el griego skholé, que estaba reservado solo para los hombres libres; una asociación muy acertada si se piensa en el significado más real del vocablo: libre de carga laboral.

El Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) ha sido en España el encargado de organizar la parte de ocio más gruesa de los mayores de 65 años.

Entre sus actividades cuenta con programas de vacaciones, que este pasado año ofertó cerca de 900.000 plazas, que aprovecharon en su mayoría hombres y mujeres (algo más elevado el porcentaje) de 65 a 74 años (48% del total por edades), pero que no desperdiciaron tampoco los que superan los 80 (19%). En su mayoría, los solicitantes cobran la pensión mínima, teniendo unos ingresos inferiores a los 742 euros mensuales.

Otra de las actividades más reclamada es la de termalismo, un programa que complementa las prestaciones de la Seguridad Social para aquellos que necesiten por prescripción facultativa tratamientos termales. En 2013 disfrutaron de estos métodos de salud algo más de 200.000 personas de la tercera edad.

Ambos programas están diseñados no solo para beneficiar a los mayores, sino también para generar empleo en el sector servicios.

Las actividades culturales también forman parte de la vida ociosa del colectivo de la tercera edad. Por orden de importancia, un 65% de este grupo escuchó música en el periodo 2010-2011; un 32% leyó uno o varios libros; el 19% visitó monumentos; el 15% hizo lo propio con los museos, y el 13% de personas mayores de 65 años acudió al cine en alguna ocasión (Anuario de Estadísticas Culturales 2013, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Noviembre 2013).

Pero son otras tantas las posibilidades de ocio que se presentan. Un reciente estudio de la farmacéutica Sanofi Pasteur MSD, realizado por Nielsen, confirma que el 92% de los 1.022 mayores entrevistados dedican su tiempo libre a ver con asiduidad la televisión; el 58% hace uso del ordenador, busca información en Internet (54%) y utiliza el móvil para el envío de mensajes/whatsapp (50%), y el 80% de la muestra pasea o camina de forma habitual.

Con una actividad física adecuada y constante se puede llegar a aumentar de 0,5 a 2,5 años de vida, pero, lo más importante, mejorar la calidad de estos.

El informe Ejercicio físico para todos los mayores: Moverse es cuidarse (Dirección de Mayores del Ayuntamiento de Madrid) confirma estos datos y recuerda que el ejercicio físico tiene efectos positivos en el estado de forma del cuerpo (peso, agilidad, equilibrio, movilidad…) y de la mente (combate el estrés, aumenta la vitalidad y mejora la autoestima y el estado de ánimo).

Sin embargo, solo un 30% de esta población realiza ejercicio físico de manera habitual, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Pensar en los demás y no en los achaques

Son muchas los conocimientos y capacidades que llegada la jubilación parece que dejan de tener una utilidad más allá del mero hecho de poseerlos. Pero retirarse de la vida laboral al más alto nivel no significa necesariamente que no se pueda aplicar esa experiencia en pro de ayudar a los demás.

En España, un 17% de la población que es voluntaria corresponde a hombres (6%) y mujeres (11%) pertenecientes al grupo de la tercera edad. Según datos de la Plataforma de Voluntariado de España, desprendidos de su informe Así somos: Perfil del voluntariado social en España, este colectivo, aunque es uno de los menos activos si se compara con edades más tempranas, suma ya 15.479 voluntarios –de los 91.182 que contabilizaron las ONG encuestadas– que pasada la edad de la jubilación dedican su tiempo libre a ayudar a los demás.

Una de las organizaciones que cuenta con mayor volumen de voluntarios de la tercer edad es la Federación Española de Bancos de Alimentos y todos los bancos que a ella se suscriben. Eduardo Berzosa, de 95 años, es su máximo exponente (Vid. Voluntariado de mayores: acciones que alimentan vidas).

Elena Pereiro ha cumplido ya los 65 años y del mismo modo que no se ha jubilado del cuidado de los suyos, tampoco lo ha hecho de su responsabilidad como ciudadana. Por eso acude cada semana a impartir dos horas de clases de refuerzo escolar a niños en riesgo de exclusión social del Centro de Estudio de Menores, perteneciente a Cáritas Vicálvaro (Madrid).

Lo hace porque “es muy satisfactorio, me hace sentir muy bien y me ayuda a evadirme un poco de los problemas personales”. Pero lo más importante es el servicio a la sociedad que reportan sus actuaciones: “Yo enseño lo que sé de conocimientos –la mayoría tiene un déficit muy grande– e intento inculcarles una serie de valores para su futuro y el de la sociedad en su conjunto”.

Por su parte, la organización no lucrativa Desarrollo y Asistencia nacía en 1995 de la mano de un grupo de 30 jubilados que quería ofrecer un servicio de acompañamiento de “mayores para mayores”.

Este colectivo de la tercera edad cuenta con una experiencia de vida que “les dota de una mayor capacidad para comprender y hacerse cargo de las situaciones. La proximidad en la edad de las personas a las que acompañan y la cercanía en el tiempo a posibles situaciones parecidas a las que estos viven les hacen más sensibles a sus necesidades. Todo ello repercute en una escucha activa y muy bien llevada que hace mejorar la calidad del acompañamiento”, explican desde Desarrollo y Asistencia.

Al finalizar 2013 alcanzaron los 1.785 voluntarios, y aunque son muchas las personas altruistas de edades menores que se han ido incorporando al equipo, no son pocos (29%) los voluntarios que superan los 65 años que realizan tareas de acompañamiento a personas mayores en hospitales, a domicilio, en residencias, además de personas sin hogar y discapacitadas. La organización también cuenta con un programa destinado a las empresas, que prepara a sus empleados para la jubilación.

Para prevenir en la medida de lo posible los efectos adversos que pueda presentar la retirada de la actividad laboral tales como el “síndrome de la jubilación”, “neurosis de retiro”, “visión negativa de la vejez”, etc., y ayudar a las personas que alcanzan los 65, o edades menores para los prejubilados, en la adaptación a los cambios, la organización Asistencia y Desarrollo ofrece cursos a las empresas de Preparación a la Jubilación Positiva (Hacia un envejecimiento activo y saludable) destinados a sus empleados.

En ellos se pretende informar, formar y preparar a personas próximas a la jubilación sobre este proceso de cambio vital, presentándoles recursos y experiencias que posibiliten una adecuada adaptación al mismo. En definitiva, planificar nuevas actividades y diseñar un plan de vida, con nuevas conductas y valores, identificando deseos y necesidades, y previniendo los posibles efectos negativos que puedan surgir, explican desde la ONG.

Los programas, de duración variable según acuerdo, abarcan todos los temas que pueden ser de interés para las personas que se encuentran es esta etapa de la vida como es la salud física y mental, la economía y el derecho, el ocio y las relaciones y habilidades sociales.

Pero retomando el tema del voluntariado, son algunos otros mayores los que optan por el de tipo cultural. Como explica José Luis Jordana, secretario general de la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad y director del proyecto Voluntarios Culturales Mayores, los jubilados son “auténticas bibliotecas ambulantes” que tienen los conocimientos y la experiencia necesarios para poder transmitirlos a las siguientes generaciones.

El programa nació con un doble objetivo, explica José Luis. El primero es el museológico, que “consiste en responder a una necesidad de casi todos los museos españoles, que cuentan con magníficos profesionales expertos en diversas materias, pero no disponen de personal que pueda transmitir y enseñar al público visitante toda la cultura, el arte, la historia y la ciencia que se encierra entre las paredes de los museos”.

Y el segundo, el objetivo gerontológico, que trata de ofrecer a las personas que superan los 55 años “la oportunidad de seguir activos, de sentirse útiles, de ser alguien que hace algo en favor de los demás y, de este modo, evitar los problemas que aquejan a muchos mayores tras la fecha clave de su jubilación laboral (pasividad, pérdida de intereses, soledad, aburrimiento, tristeza, aislamiento, etc.) y que, sin darse cuenta, les puede acelerar el envejecimiento personal”.

El pasado año 2013 más de 1.300 mayores de 55 años (un 45% tiene entre 55 y 65 años de edad; el 43% lo forma la franja de 65-75 años; y el 12% supera los 75 años) ejercieron como guías especializados en un centenar de museos, catedrales, iglesias, palacios, cascos históricos, archivos, bibliotecas… y otros tantos espacios culturales por toda España. Una cifra récord en sus 21 años de historia; solo en Madrid 230.000 personas se beneficiaron de estos guías culturales seniors en 2013.

Cuidados y cuidadores

La entrada masiva de la mujer en el mercado laboral y con solo cuatro meses de baja por maternidad y quince días por paternidad se hace necesaria la presencia de un tercer actor si se piensa en tener hijos.

En ocasiones las familias optan por las guarderías como método de conciliación, aunque la crisis ha incrementado la importancia del papel de los abuelos en el cuidado de los menores. En su mayoría inactivos debido a que los hijos se tienen a edades más avanzadas para todos, los abuelos tienen ahora una mejor salud y son, francamente, mucho más baratos.

El anteriormente citado estudio de Sanofi desprende que un 39% de la población entre 50 y 80 años está al cuidado de sus nietos y un 78% tiene a su cargo aún a alguno de sus hijos.

En relación al cuidado de los más pequeños, un 13% de los 1.022 abuelos encuestados afirma atender a sus nietos por placer, aunque estos no necesitan de su ayuda; un 16% los cuida a pesar de no ser estrictamente necesaria su colaboración; un 45% afirma que se hace cargo de ellos porque realmente necesitan ese apoyo, pero lo hacen de manera gustosa, y el dato más destacado lo representa el 26% de los abuelos de la muestra, que reconocen cuidarlos porque no les queda otra opción.

Además, en la mayoría de los casos, el cuidado se ha convertido en una rutina. El 59% de los abuelos que tienen nietos a su cargo van a buscarles al centro escolar o están con ellos parte del día; un 33% lo hace solo en algún momento de la jornada, y el 8% se encarga de los nietos de manera puntual.

Pero el cuidado de los menores, para el 74% de los abuelos que lo hacen por placer, no solo aporta un desahogo importante a sus hijos. Estar a cargo de los pequeños implica un sentimiento de utilidad necesario; un impulso de energía y moral; una actividad física diaria e incluso un continuo aprendizaje, que va desde la ejercitación de la memoria en la ayuda con las tareas escolares a la inclusión al mundo de las tecnologías, donde sus nietos, nativos digitales, son todo unos expertos.

Sin embargo, este tipo de actividades tiene un “pero” muy grande: se necesita tener nietos para practicarlas. Una cuestión poco baladí si se tiene en cuenta que el índice de natalidad cada vez es menor y más tardío. Aunque algunas organizaciones ya han pensado en posibles soluciones.

Loli Mayo tuvo en su casa 17 años a Joaquina hasta su fallecimiento; “he vivido con ella más años que con mi madre”, explica Loli. Llegó a su hogar para convertirse en la “abuela” que Jesús y Mª Mar tenían lejos, en sus respectivos pueblos, y encontró en los Mayo una familia de acogida, pero también un hogar donde sentirse útil.

Hacía las tareas de la casa como un miembro más, viajaba de vacaciones con ellos y se encargaba de llevar y traer del colegio a los que ella consideraba sus nietos y ellos su “tata”: “Les quería con locura”. Loli conocía a Joaquina desde hacía muchos años, cuando siendo una adolescente emigró a Madrid y encontró refugio en el hogar de esta mujer.

Al perder Joaquina a su padre y quedarse sola, Loli no dudó en abrirle las puertas de su casa como lo hicieran hace años a la inversa, participando además en un programa de acogimiento familiar de Cruz Roja, en colaboración con la Comunidad de Madrid, que recompensaba a la familia con una modesta subvención económica necesaria para los gastos de la persona mayor acogida; programa que se extinguió en 2012 por falta de fondos.

El objetivo era que “los ancianos no vivieras y se sintieran solos”, y en este caso, se cumplió por completo: “Fue nuestra segunda madre y la tercera abuela de los niños… o la primera. No habría alcanzado los 97 años viviendo en soledad”.

Además, la bajada de las pensiones y la necesidad de compañía han hecho que los más mayores se hayan lanzado a compartir piso. Muchas universidades, ayuntamientos y organizaciones no lucrativas dedican sus esfuerzos a conectar a personas de la tercera edad con piso propio que necesitan una ayuda económica, de servicio (limpieza, compra, recados…) o emocional con jóvenes estudiantes que requieren independizarse, alquiler barato e incluso gratuito y experiencia de vida.

La Red International Homeshare recoge iniciativas de más de diez países de todo el mundo (Australia, Canadá, EEUU, Irlanda, Italia…) entre los que se encuentra España, que destaca por ser uno de los estados con más programas activos.

En la Universidad de Granada se puso en marcha en 1991 el primer programa de Alojamiento de estudiantes con personas mayores y/o discapacitados. “Surgió para fomentar la solidaridad intergeneracional y la ayuda mutua”, explica desde el programa Carmen López. Así, “las personas mayores y/o con discapacidad palían su situación de soledad, se sienten útiles y encuentran nuevos alicientes a sus vidas. Por su parte, los estudiantes consiguen alojamientos adecuados durante los diferentes cursos, aliviando el coste económico que supone el alquiler de vivienda y satisfacen sus deseos de ayuda y colaboración hacia las personas mayores”.

Marcos Böcker es el responsable del programa Convive, que une a estudiantes de siete universidades madrileñas –Complutense, Autónoma, Politécnica, Carlos III, Rey Juan Carlos, Pontificia de Comillas y Universidad de Alcalá– con personas mayores con el mismo doble objetivo de alojamiento para unos y compañía para otros.

Aunque en la práctica el proyecto es mucho más, porque, como explica Böcker, “una vez que inician la convivencia, se van conociendo y compartiendo cosas con la persona mayor, los estudiantes se dan cuenta de que lo que les aporta el proyecto sobre todo es una experiencia enriquecedora, es aprendizaje, es compartir y mantener una relación más allá de la época universitaria”.

Los índices de satisfacción avalan este programa coordinado por la ONG Solidarios para el Desarrollo: “En la mayoría de los casos el estudiante continúa telefoneándose con la persona mayor y cuando pasan por Madrid se ponen en contacto con ellos. Pero incluso tenemos un caso en el que uno de los mayores ha viajado a Brasil, el país de origen de su estudiante, en dos ocasiones, la segunda para la boda de su joven compañero de piso”.

En 2013, fueron 55 los estudiantes y mayores que convivieron en la Comunidad de Madrid.

De vuelta a la universidad

Como se explica en el artículo La innovación social se olvida de las personas mayores, se está produciendo un desplazamiento cada vez más temprano de los profesionales de edades avanzadas, los que superan los 45 años.

Esto ha provocado que algunos se atrevan incluso a retomar los libros o aprovechar el tiempo libre que han dejado los despidos, las prejubilaciones o las jubilaciones para cursar estudios superiores en cualquiera de las universidades especiales que existen para mayores en España.

Más de cuarenta centros universitarios públicos y privados de todo el país cuentan con programas específicos para este colectivo, que albergó en el curso 2012-2013 a 40.072 alumnos de edad avanzada en sus aulas, siendo muy superiores las mujeres que optan por estos estudios (26.214), frente a los 13.858 hombres; una situación que no ha de extrañar si se tiene en cuenta que muchas de ellas dedicaron su vida al cuidado del hogar y la familia y no tuvieron la oportunidad de acudir a la universidad.

Estos planes están dirigidos a personas mayores “que buscan en una actividad intelectual un modo de realizarse, mantenerse activo intelectualmente, frecuentar ambientes universitarios, enriquecer unos conocimientos determinados y, en definitiva, realizar actividades que facilitan y ayudan a su desarrollo personal e intelectual”, explican desde la Universidad de Alcalá (Madrid), el primer centro que puso en marcha este tipo de planes de estudios ya en 1991.

El australiano Allan Stewart obtuvo en el año 2012 su cuarto título universitario a la edad de 97 años, ostentando el título de graduado más viejo del mundo. En España, actualmente un alumno de 92 años acude puntualmente a las aulas de la Universidad Permanente de la Universidad de Alicante, pero “no es el primer mayor de noventa años que ha formado parte de nuestro alumnado”, explica María Luisa Mataix, estudiante de esta universidad y presidenta de su Asociación de Alumnos.

Mataix define su experiencia como “muy gratificante, habiéndose convertido en mi principal hobby y lo que ocupa la mayor parte de mi tiempo libre. El aprender es una forma de pasar la vida que puede resultar muy extraña para los jóvenes que lo tienen que hacer por obligación, pero apasionante cuando lo haces por placer”.

Los beneficios de estudiar en la universidad más allá de la juventud alcanzan varios campos. A nivel intelectual, “además de aumentar mis conocimientos en muy diversas materias, mantiene mi mente y mi capacidad de aprendizaje”, explica Mataix. Atendiendo a la condición física, esta estudiante señala que por lo general, la percepción de la salud de estos universitarios es mayor que en el resto de la población de su misma edad.

Emocionalmente “te hace sentir bien al considerarte útil y capaz de continuar asimilando nuevos conocimientos y poder seguir activo después de la jubilación”.

Y socialmente, señala Mataix, “es muy importante que las personas mayores sigamos aprendiendo porque necesitamos formar parte activa de esta sociedad del conocimiento; ponernos al día en temas como las nuevas tecnologías es fundamental para no quedarnos atrás en una sociedad muy competitiva, que tiende a no valorar a sus mayores ni vernos como un activo”.

Retirados que no se retiran

Si bien es cierto que el paro entre el colectivo de mayores de 45 años está en auge, también es real una nueva generación, conocida como “U” (unretired), que no se jubila llegados los 65. Este fenómeno está relacionado con la mayor esperanza de vida, la brecha generacional y la avanzada edad de los baby boomers.

Una corriente que parece más vinculada al mundo del emprendimiento (no quieren o no pueden retirarse) y de las profesiones cuya fuerza de trabajo se halla en la inteligencia y la experiencia, que a los empleados por cuenta ajena o profesiones de importante desgaste físico. En España, el pasado junio eran más de 130.000 los afiliados mayores de 64 años que estaban inscritos en la Seguridad Social.

Y es que retomando la idea de que los profesionales no dejan de serlo por cumplir la edad de jubilación o por ser prejubilados en el punto álgido de la carrera, son muchos los mayores que buscan continuar su experiencia laboral, eso sí, a un nivel menor de exigencia.

Secot, una organización no lucrativa de voluntariado senior de asesoramiento empresarial, cuenta con cerca de 1.200 socios que ofrecen de manera altruista sus conocimientos y experiencia de gestión a emprendedores, pymes y ONG. Los voluntarios sienten “una gran satisfacción y felicidad al sentirse útiles a la sociedad y cuya mayor contraprestación la encuentran en sus asesorados, de los que un elevado número han podido poner en marcha un proyecto empresarial o bien han visto solución a un grave problema de gestión”, explican desde Secot.

Todos los socios, jubilados, prejubilados o activos con tiempo libre para hacer voluntariado han ofrecido su ayuda altruista a 2.800 personas que acudieron a esta organización no lucrativa en busca de asesoramiento empresarial y que se sienten agradecidos por la experiencia y tiempo de dedicación de los voluntarios.

“Los seniors de Secot son una ayuda real, personas que están a tu lado durante todo el camino, no solo para transmitirte su sabiduría y conocimientos, sino para apoyarte en todo lo que necesitas”, cuenta Bárbara Vaquero, de La despensa de Lucía.

Otra opción para alargar la vida laboral o continuar vinculados con los negocios es convertirse en business angel de algún emprendedor o start-up. Se trata de formar parte de la empresa a través de financiación, principalmente, y de asesoramiento empresarial de manera opcional.

Y es que los angel investor son en su mayoría hombres de entre 45 y 65 años, según el informe Los business angels, innovando en la cultura de financiación de las empresas, del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

De cualquier modo, todas las actividades descritas anteriormente, así como aquellas que alcance la imaginación a realizar pasada la juventud, seguro serán útiles para, como dice la Organización Mundial de la Salud, “añadir vida a los años y no solamente años a la vida”.

Por Esther Barrio

http://www.compromisoempresarial.com/entradas/2014/09/envejecimiento-activo-sumando-vida-a-los-anos/