Abuelos y nietos: un lazo tan profundo como perdurable


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El caso de Estela de Carlotto puso de relieve las relaciones generacionales

Por Sebastián A. Ríos | Para LA NACION
Miércoles 13 de agosto de 2014

Como las peleas, los abrazos son de a dos. Para un casual observador, cuesta muchas veces determinar quién es el que abraza y quién es abrazado, si es que no son ambos los que ejecutan simultáneamente las acciones que dan forma a este indiscutible gesto de amor. A la edad de Estela de Carlotto, el abrazo con el que soñó durante más de 36 años la encontró dentro de los brazos de su nieto. Dar y recibir, simultáneamente, así suele ser la relación que une a abuelos y nietos adultos.

“Encuentros significativos y conmovedores, como los de Estela de Carlotto con su nieto, nos emocionan, nos sacuden y nos impulsan a valorar ese sostén afectivo mutuo que es el vínculo incanjeable de un nieto con su abuelo”, comenta la psicoanalista Susana Mauer, que señala que la entrañable experiencia vincular que une a nietos y abuelos va variando sus lenguajes y sus interacciones a través de las distintas edades de la vida. Cuando los nietos son ya adultos, afirma, “la relación generalmente es intensa y cercana, aunque atraviesa distintas etapas”.

Los abuelos miman y cuidan de los nietos, luego, de los bisnietos; los nietos, por su parte, se dejan mimar y devuelven el cariño, pero con el tiempo se encuentran ante la necesidad de ocupar un lugar distinto, que es el de ser ellos los que ofrezcan su ayuda a sus abuelos. “Somos diez nietos, y entre nosotros nos hablamos para cuidar a mi abuela; siempre alguno de nosotros va a visitarla”, cuenta María Mercedes Rey del Castillo, de 36 años, nieta de María del Carmen Tejedor, de 82.

Las conversaciones son diarias. “Ella llama todos los días, a veces dos veces al día, y suele hacer una recorrida por las casas de sus nietos. Es una abuela muy presente: va a los actos del colegio de los bisnietos, los ayuda con el estudio, a veces viene cuando salimos con los chicos. Valoro de ella que es incondicional, se preocupa por todos y quiere que todos estén muy unidos. Fomenta siempre la unión de la familia, por lo que nos juntamos siempre en la casa de ella”, dice María Mercedes. “Levar a las nuevas generaciones un cierto sentimiento de continuidad y pertenencia define, en gran medida, la tarea de los adultos mayores -opina Mauer-. Esta transmisión encuentra en el vínculo abuelo-nieto un espacio privilegiado que la aloja y la enriquece. En ese vínculo habitan relatos, tradiciones, celebraciones, anécdotas y, sobre todo, la memoria.”

“Hay más noción de valor respecto de los abuelos de lo que se suele pensar, sobre todo cuando los abuelos son vitales. Los nietos suelen valorar la vitalidad a pesar de los años y escapan de la melancolía que a veces se asocia a la vejez -afirma el psicoterapeuta Miguel Espeche, coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del hospital Pirovano-. Muchas veces los abuelos quejosos lo son porque han forjado así su forma de ser y no lo son por el hecho de ser ancianos.”

Abuelos vitales atraen más que abuelos quejosos o críticos de las formas juveniles, dice Espeche, que advierte que “la forma del vínculo entre nietos adultos y sus abuelos también se ve tallada por la lucidez y el estado de salud de los abuelos”.

Susana Mauer señala dos etapas en las que suele diferenciarse la modalidad que asume el vínculo entre abuelos y nietos adultos. “Hay momentos vitales que movilizan especialmente la relación nietos-abuelos. Por ejemplo, alrededor de los «treinta y pocos», los jóvenes, al acceder a la parentalidad, gradúan a su vez a los abuelos en un nuevo rol: el de ser bisabuelo, en un momento en el que aún hay fuerza y salud para estrenar y disfrutar el nacimiento de una nueva generación. Ese movimiento inaugural para los flamantes padres y los bisabuelos chochos activa fuertemente vivencias compartidas y fotos del arcón de los recuerdos”, describe.

Según Mauer, la llegada de los nietos constituye una nueva oportunidad vincular que nutre y dinamiza la vida de la familia. “Pero con el paso del tiempo, la vida de los nietos se complejiza y la de los abuelos, ya viejitos, se desmejora -señala Mauer-. Por entonces, son los nietos quienes cuidan, protegen y amparan a sus abuelos ya cercados por los años.”

En esta etapa, según los especialistas, los nietos que quieren a sus abuelos suelen ser cálidos con ellos, más allá de que no suelen visitarlos demasiado. En ocasiones, completa Mauer, la “falta de tiempo, ritmos acelerados y el dolor de verlos deteriorarse llevan muchas veces a tomar más distancia de la que el vínculo merece”..

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