A los 106 años, Don Antonio cuenta la fórmula para vivir mucho y feliz



Un ejemplo
Nació en Italia y en 1949 llegó a Temperley, donde es muy querido. “Todavía no necesito bastón, y no tengo colesterol ni presión alta o diabetes”, se enorgullece. Lo llena de alegría haber formado “una familia grande y unida”.

Clarín 3.8.2014

Don Antonio Sassone es alegre, sano, atento y tiene “sólo” 106 años. En 1949 llegó desde Italia para instalarse en Temperley acompañado de una de sus hijas. “En el barrio había poca gente, fue creciendo y ahora es un país”, rememora con la sonrisa amplia del que ha vivido con intensidad.

Para 1954, vinieron al país su esposa y tres hijos más: “Mi hermana, la mayor, quedó en Italia porque ya se había casado. Nunca vivió en Argentina pero nos venía a visitar en vacaciones”, dice Juan Sassone (74), uno de los hijos. “Yo soy el padre, no he renunciado al cargo”, aclara Don Antonio cuando su familia empieza a bromear con el tema de la edad.

No sólo es el padre de cinco hijos: también tiene 14 nietos, 19 bisnietos y dos tataranietas. Para él, justamente ese es el secreto de una larga vida: “Mi familia es grande y unida. Cuánto más linda es la familia unida… Siempre contenta, festejando, con alguna ‘macanita’ para reír. Con esta alegría se vive más”, dice con su forma particular de hablar mezclando el español y el italiano.

Con sus hijos hizo la casa en donde sigue hasta el día de hoy, sobre la calle 14 de Julio. Aunque no tenían idea de albañilería, eran muy perseverantes y según él la práctica te hace ser mejor. Bajo ese mismo principio participaron de la construcción de la Escuela 69 “República de Italia” del barrio, que debe su nombre a la comunidad que trabajó para levantarla. “Recuerdo que íbamos a dar una mano los sábados y domingos. Podías ver a familias completas trabajando por tener esa escuela en nuestro pago para sus hijos”, dice Juan.

Don Antonio dedicó su vida a trabajar y a pasar todo el tiempo posible junto a los suyos. Incluso, ya jubilado, seguía ayudando a Juan en su fábrica de pastas, o iba a buscar a sus bisnietas al colegio. “Me acuerdo cuando era chica y venía el Nono a buscarnos al cole, ya tendría como 90 años…”, dice Micaela Filpro (22), una de sus bisnietas, y agrega: “Llegábamos a casa, dejábamos todo y jugábamos con Luna, una perrita divina que tenía. El Nono siempre se copa y juega con nosotras hasta cualquier hora”.

Desde que su esposa murió en los ‘80, Don Antonio está solo en su casa. “Siempre ha sido muy independiente. Se preparaba su comida y hacía sus cosas”, señala María Cirocco (72), esposa de otro de sus hijos. Y aunque desde hace un par de años “algunas cositas” no las recuerda con la misma claridad de antes, mantiene el mismo ímpetu, por lo que todos están más atentos a lo que hace. “Te das vuelta un segundo y ya se puso la olla con el agua para los fideos. A esta edad nos preocupa un poco más y tenemos que cuidarlo”, comenta Fernando Sassone (22), uno de los nietos que siempre lo rodean.

“Todavía no necesito bastón para caminar, no tengo colesterol ni presión alta o diabetes”, se enorgullece Don Antonio. Todo el día canta y ríe siempre. “Nunca me enfermé, no recuerdo haberla pasado mal… Es que el trabajo es salud”, afirma sin dudar el hombre que a los 106 años es un ejemplo de vida para todo el que lo conoce.

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