Cómo envejecer con salud

Aunque la pensemos como una desventura, la vejez conlleva muchas cosas buenas; ganar la experiencia de los años y tener menos apuro puede ser el puntapié de proyectos originales y unas renovadas ganas de vivir

Por Pilar Sordo
Revista Susana
Sábado 12 de julio de 2014

En la columna de este mes quiero plantearles las mismas preguntas que inspiraron mi último libro, No quiero envejecer. Esta investigación duró cuatro años y tomó como referencia a habitantes de toda Latinoamérica, de entre 25 y 95 años.

Algunas cosas que dispararon este estudio fueron, por ejemplo, que si a uno le dicen que parece más joven, o lo bien que se ve para la edad que tiene, etc., es tomado como un piropo o como algo digno de agradecer. ¿Por qué hay abuelos que prefieren ser llamados por su nombre para no sentirse más viejos? ¿Por qué los cumpleaños han empezado a ser una tragedia y nadie quiere decir cuántos años tiene? ¿Quién inventó que a una mujer no se le puede preguntar la edad y que es un signo de coquetería no decirla? Como si ese pudor escondiera un sentimiento de muy poca gratitud por estar vivos, una actitud más bien depresiva que nos hace vivir el paso de los años como la pérdida de todo, mientras que en otros países la vejez es entendida como la conquista de todo.

Quizás una de las cosas más complejas de la investigación fue definir qué se entiende hoy por “viejo” o “vieja”. Así aparecieron ciertos criterios que me parece importante compartir con ustedes. Por ejemplo, un argentino y un colombiano definieron a la vejez como un proceso en el cual los recuerdos no deberían superar a los proyectos; mientras haya proyectos siempre habrá vitalidad, y la vejez será bien vivida y disfrutada. Pero para que haya proyectos habría que preguntarles a nuestros gobiernos qué están haciendo para que los mayores puedan realizar los suyos y no los obliguemos a vivir de los recuerdos como única salida.

Otro punto importante que mostró la investigación es que uno envejece como vive, y por lo tanto, hay que decidir qué ser humano queremos ser y prepararnos para la vejez de la mejor forma posible. El paso de los años nos permite cierta desfachatez y seguridad para disfrutar del presente. Permite caminar lento y disfrutar todo lo que la locura de los 30 no nos dejó ver.

Es curioso que, tomando estos parámetros, el estudio arrojó que quienes se sienten más viejos son las personas de entre 35 y 40 años. La razón es que les hemos enseñado a los jóvenes a correr detrás de cosas que, al conseguirlas, les restan motivación para seguir peleando o levantándose cada mañana.

Los países que valoran a sus pueblos originarios y tienen mejor relación con la autoridad transitan mejor la vejez que aquellos que no han logrado esa integración. A envejecer se aprende en el camino, y envejecer no se puede evitar: por eso el título del libro plantea un absurdo. Por otro lado, los sectores de más recursos sienten que le ganan a la vejez con el dinero y la posibilidad de verse mejor, mientras los sectores más vulnerables caen en la resignación y dejan de cuidarse porque sienten que están fuera del mercado. En ambos extremos no se aprovecha el paso del tiempo como una ganancia; hay que encontrar un término medio para sentirnos orgullosos de llegar a viejos, porque eso significa que hemos vivido y que, de no haber llegado hasta aquí, simplemente estaríamos muertos.

La vejez, de acuerdo con nuestras creencias, nos acerca a la muerte, pero esta puede ocurrir en cualquier momento y no sólo es privilegio de los viejos. Además, si fuéramos consecuentes con nuestras creencias, deberíamos esperar la vejez con más paz y con la seguridad de estar priorizando los afectos y no las cosas materiales.

Por eso, los invito a preguntarse cómo quieren envejecer, a conversarlo con quienes aman y sobre todo, a agradecer siempre el hecho de estar vivos..

http://www.revistasusana.com/1709059-como-envejecer-con-salud