El dilema de envejecer en una sociedad que niega el paso del tiempo

La psicóloga y ensayista chilena Pilar Sordo, que presentará el domingo en la Feria del Libro su flamante obra “No quiero envejecer”, sostuvo que la Argentina está entre los países menos hostiles con el envejecimiento y advirtió sobre la necesidad de revisar las categorías tradicionales para definir la vejez: “Cuando los recuerdos superan a los proyectos, quiere decir que eres viejo”, analizó.

Telam
2.5.2014

La popularidad de Sordo, la mujer que al borde de los 50 lleva publicados seis libros que desafían los alcances de la autoayuda y se funden con otros saberes diplomados, se puede adjudicar a una imprecisa combinación de azar, carisma y poder de observación que le permite revalidar todos los años su condición de best-seller y la deposita cada tanto en algún destino latinoamericano donde sus charlas son siempre multitudinarias.

La autora de “Viva la diferencia” y “Bienvenido dolor” afronta una biografía cargada de infortunios -divorcio, agonías, muertes- que resignificó en sus textos sobre relaciones de pareja y duelos para convertirse en figura destacada de YouTube, el sitio de descargas en el que aterrizó sin decidirlo cuando un seguidor subió el video de una de sus charlas y selló su destino de fenómeno.

En “No quiero envejecer”, su flamante libro que acaba de publicar Planeta, Sordo apunta al retrato de una época en la que todo contribuye al borramiento de los signos que anticipan la llegada de la vejez: “Tortas sin velas, adultos que celebran cuando les dan menos edad de la que tienen, abuelos que instan a sus nietos a llamarlos por su nombre de pila”, según enumeró en tono afable la escritora durante una entrevista con Télam.

– Télam: Tanto en una de tus obras anteriores, “No quiero crecer”, como en “No quiero envejecer” se repite la renuencia a aceptar el paso del tiempo ¿El adolescente que no quiere crecer se transforma invariablemente en el adulto que no quiere envejecer?
– Sordo: No, necesariamente. La resistencia a crecer está fundamentada por la visión que los jóvenes tiene del mundo adulto: ven a sus padres tristes, cansados… Sin embargo a la generación de sus abuelos la ven más contenta y más juguetona.

No necesariamente alguien que no quiere ser adulto luego no tendrá ganas de ser viejo. Es cierto es que cuando empiezan a golpear los 35 años, el envejecimiento se empieza a resistir como proceso. En ambos casos, se da el rasgo común de no aceptar lo inevitable y la poca capacidad para agradecer el acto de estar vivos.

– T: Vivimos en sociedades que transcurren de espaldas a la muerte y a la vejez ¿El miedo a envejecer está relacionado con el temor a quedar invisibilizados, a convertirse en aquello que las sociedades eligen negar?
– S: Más en algunos países que en otros, eso es lo que ocurre justamente: los ancianos son ignorados. En muchos países latinoamericanos como Chile y la Argentina, llegar a viejo implica perder cosas y no ganar nada, mientras que otros que envejecen mejor como Colombia, Guatemala y Ecuador, los ancianos ganan sabiduría, plenitud, descanso. En el resto, parece que sólo perdemos: belleza, éxito, dinero, vínculos…

En el caso argentino, mi investigación reveló una contradicción: por un lado valoran y reconocen el valor de los abuelos y el tema de la edad no parece ser una restricción ni para actuar en un teatro ni para ser un agente social. Se reconoce al viejo como alguien socialmente importante: el rol del abuelo es reconocido.

Sin embargo, por otro lado hay un problema con la flacura. En ningún país latinoamericano existe la locura por ser flaco como en la Argentina. Hombres y mujeres por igual. La contradicción entonces es que cuando se llega a ser abuelo se valora ese status, pero el tránsito para llegar ahí es resistido todo lo posible.

– T: ¿Qué síntomas definen la llegada de la vejez hoy que ya no son determinantes algunas variables como la inactividad laboral, el ocaso del cuerpo o la llegada de los nietos?
– S: Es muy difícil definir eso hoy en día, pero la definición que se terminó adoptando para el libro surgió de las respuestas de dos de los voluntarios consultados para esta investigación. Ambos, un colombiano y un argentino, sostuvieron que la vejez llegaba cuando los recuerdos superaban a los proyectos.

Según las estadísticas, el punto de quiebre para la Argentina será el 2028 mientras que para Chile el 2025: a partir de ahí, habrá más viejos que niños y la población estará cada vez más envejecida.

En ese sentido, hay que revisar cómo los Estados trabajan para generar espacios que integren socialmente a la gente mayor. Con el tiempo, habrá una masa laboral integrada por personas mayores de 65 años que comenzarán a ocupar los cargos que hoy desdeñan los más jóvenes, como cobrador de peaje y cajero de supermercado.

Son pocos los países que tienen una preocupación real por la población mayor. Uruguay, seguido de la Argentina, es hoy el mejor país para envejecer: la clave está en mejores pensiones, mejor oferta de actividades y mayor cobertura de espacios.

– T: ¿Por qué se ha vuelto traumática la relación con el tiempo si hoy paradójicamente disponemos de una expectativa de vida treinta años superior a la de nuestros antepasados?
– S: Justamente porque nuestros vínculos y tradiciones siempre estuvieron pensadas para tener una cierta duración en el tiempo que hoy de repente se ve sobrepasada en casi tres décadas. El matrimonio fue pensado “para toda la vida” cuando la expectativa de vida era hasta los 50 años. Hoy se hace difícil sostener estructuras como ésas en un lapso de tiempo mayor.

Deberíamos cambiar la mirada y empezar a organizar nuestra vida para empezar a envejecer según los propios deseos. Un muchacho de 30 años ya debería empezar a pensar cómo quiere envejecer, planificando para eso su dinero y sus afectos. La vejez se relaciona con la idea de que envejecemos como hemos vivido.

– T: ¿Qué diferencia hay en la manera en que hombres y mujeres afrontan el proceso de la vejez?
– S: La vejez golpea distinto a hombres y mujeres. A ellos les pega por el tema laboral y sexual, y a ellas por el tema estético. Pero en definitiva las mujeres tenemos un plus de ganancia porque ambos con el paso de los años vuelven a casa, una casa que siempre ha sido territorio femenino.

Por lo tanto la mujer siempre vuelve a algo que le es conocido y donde tiene poder. El hombre, en cambio, vuelve a un lugar que no conoce y no domina, por eso su estrés es mucho mayor.

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