Literatura erótica: la inesperada terapia para la tercera edad

Especialistas comprobaron que mantiene activas las funciones cognitivas

Por Fabiola Czubaj | LA NACION
Jueves 03 de abril de 2014

CARTAGENA.- Dicen que la lectura mantiene el cerebro activo y en forma, algo que se vuelve toda una inversión en salud mental con los años. Pero en un encuentro de especialistas en gerontología que finalizó en esta ciudad, los resultados de talleres con grupos de mayores de 65 años dan señales de que la literatura erótica aporta algunos beneficios extras.

“Nada le da más sentido a la vida que el amor. Y puede ser tan efectivo que hasta elimina el uso de antidepresivos”, afirmó el psiquiatra Rafael Alarcón, coordinador de la sección de Gerontopsiquiatría de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (APAL). Frente a una sala llena en el V Congreso Panamericano de Gerontología y Geriatría, contó que la lectura de textos eróticos, no pornográficos, tiene la capacidad de despertar emociones. “Para eso, se utilizan funciones intelectuales como la memoria, la atención, la concentración, la capacidad de pensamiento simbólico y la imaginación. Se da lo que en ciencia llamamos neurogénesis y plasticidad neuronal del cerebro, algo que comprobamos con estudios por imágenes. A través de la lectura, los mayores se dan cuenta de que siguen existiendo, sintiendo y deseando”, precisó Alarcón.

Su botiquín contra el deterioro cognitivo y emocional que puede imponer el envejecimiento incluye 24 libros cuidadosamente seleccionados de autores como Vargas Llosa, Borges, Andahazi, Peri Rossi, Neruda, García Márquez, Amado y hasta el Marqués de Sade o Boccaccio con su Decamerón, entre otros más.

Cinco son las razones para leer literatura erótica al envejecer que citó el especialista: estimular los sentidos y mantener las reacciones corporales; estimular las funciones cognitivas; evitar el avance del deterioro cognitivo; seguir motivados con la existencia, y aceptar la muerte.

Con su grupo de trabajo Literatura y Psique, de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Pereira, en pleno eje cafetero de Colombia, el profesor Alarcón dicta talleres de lectura para adultos mayores. Cada 15 días, los “alumnos” van a clase, donde los profesionales los guían en la lectura con distintos ejercicios y les dan tarea para el hogar. Dos semanas después, los participantes son capaces de recordar hasta los detalles más sutiles de los lugares, los personajes y las historias que leyeron en casa.

“Leer un libro de matemáticas o mecánica automotriz o la sección de política de un diario por ahí podría emocionar a los más aficionados de esos temas. Pero en la práctica vemos que a través de la lectura de los autores que mejor utilizan el erotismo en sus historias se puede atraer por igual la atención de amas de casa, jornaleros, profesores universitarios o profesionales. Lo mismo ocurre con la literatura policial, de misterio. Con otros tipos de texto, no logramos los mismos resultados. Los participantes se aburren”, agregó Alarcón, que es miembro de número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia y, pronto, obtendrá un doctorado en literatura.

El especialista comentó que el 80% de los que participan de los talleres son mujeres y la mayoría son amas de casa. Todos superan los 65 años y una participante de 92 ya casi podría dirigir alguna clase.

Antes de cada taller, a los futuros participantes se les evalúa la memoria, la atención, la capacidad visual y espacial, el pensamiento simbólico con pruebas estandarizadas.

Después de uno o dos meses de taller, los profesionales los alientan a seguir leyendo solos, pero con algunas pautas claras para reforzar los efectos. Al año, les repiten las mismas pruebas. “Los resultados antes del curso suelen ser muy bajos en las escalas de evaluación que aplicamos. Pero cuando repetimos las pruebas al final, la mejoría es de entre el 50 y 70%”, explicó el psiquiatra en diálogo con LA NACION después de su presentación.

Esa diferencia no pasa inadvertida para el paciente ni su entorno: “Están más activos y el avance se da en todas las capacidades evaluadas: atención, concentración, memoria a corto plazo, abstracción, ideación, simbolismo, fantasía, capacidad de análisis, razonamiento, fluidez verbal y funciones ejecutivas. Además, se deprimen menos, sienten menos ansiedad y necesitan menos medicamentos”, agregó.

Al principio de cada taller, una aclaración evita malos entendidos. La literatura erótica no es pornografía, como también se dijo, aquí, frente a los especialistas, que tomaban nota de los “efectos terapéuticos” de obras como El pájaro espino, de Colleen McCullough; poemas de amor de Pablo Neruda y Jorge Luis Borges; Justine, del Marqués de Sade; Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, o Gabriela, clavo y canela, de Jorge Amado, que sabe bien cómo despertar todos los sentidos, la capacidad de asociación y la memoria.

“Los que al principio del curso decían que se desorientaban o se perdían en la calle, después de leer una obra como Justine, por ejemplo, son capaces de describir Salvador de Bahía, sus callejuelas, el mercado y los aromas de la cocina del personaje principal. Memorizan los detalles y los pueden contar -precisó Alarcón-. Y todas esas capacidades las van aplicando en su vida cotidiana y mejoran muchísimo.”

Con su equipo comenzará a utilizar la literatura policial (los textos de Ricardo Piglia tendrán un lugar de privilegio) para poder comparar los resultados con los de la literatura erótica. “Las dos generan mucho interés y estimulan emociones y funciones cognitivas que no se utilizan o están abandonadas [en los mayores]”, resumió Alarcón, que todos los años visita varias veces la Argentina para participar de las reuniones de la Fundación Finteco, sociedad miembro de la Asociación Mundial de Psiquiatría..

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