La revolución del envejecimiento

No caben dudas de que uno de los cambios más significativos de fines del siglo pasado y del actual es el aumento poblacional de las personas mayores de 60 años. En 2050, la cantidad de mayores de 60 será igual al total de personas que vivían en todo el mundo en 1945. En las últimas seis décadas, esa población aumentó un 8-10% y en las próximas cuatro se prevé que alcance el 22%. Los mayores de 80, que hoy son el 1,6% de la población mundial, para 2050 alcanzarán el 4,3%, o más de 400 millones de personas.

Por José R. Jáuregui | Para LA NACION
Presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría
Jueves 03 de abril de 2014

A este fenómeno del envejecimiento poblacional se le suma la caída de la tasa de natalidad: de 5 hijos por mujer en 1950 a 2,5 actualmente. Esto trae aparejado otro fenómeno demográfico, que es el aumento del índice de envejecimiento (más personas mayores de 60 comparadas con personas menores de 15 años). Casi la totalidad de los países del continente americano a mitad de este siglo tendrán más adultos mayores que niños menores de 15 años. La expectativa de vida al nacer en 1945 era de 45 años; ahora es de 72, y en 2050 será de alrededor de 80 años. ¡Treinta y cinco años más de vida! Cómo los vamos a vivir, qué haremos en todos esos años y en qué sociedad estaremos es el gran desafío.

Los niños de ayer son los adultos de hoy y los mayores de mañana. Los adultos mayores actuales, nacidos en los años de la Segunda Guerra Mundial, realizaron una verdadera revolución cultural y social con los anticonceptivos, los derechos de la mujer, los adelantos sociosanitarios, la industrialización y el acceso a la comida, entre otros. Todo eso hace pensar que estas mismas personas en sus 60 u 80 años no van a quedarse sentadas, retiradas y sin elevar la voz.

En algunos países ya muchos son una fuerza de trabajo, de consumo, de generación de oportunidades, pero a su vez existen otros necesitados de soportes sociales, sanitarios, ambientales y familiares que requieren más creatividad y esfuerzos colectivos.

Las personas mayores no deben ser vistas tan sólo como vulnerables y dependientes, o como víctimas o receptores pasivos de servicios, atención, protección, como una carga o como artículos costosos para el desarrollo económico. Muchos mayores son miembros independientes, saludables, vibrantes y productivos de la sociedad. Participan en todos los ámbitos de la vida, asumen roles de liderazgo, algunos continúan con su carrera durante muchos años más allá de los 60 y, en muchos casos, emprenden una nueva actividad.

Los mayores contribuyen al bienestar económico de un país. Es de suponer que la revolución del envejecimiento se hará a expensas de ellos mismos. Los cambios vendrán por su propio empuje, por el deseo de agregar más vida a esos años conquistados. Como dice la Declaración de Brasilia sobre el Envejecimiento, de la OMS, “el envejecimiento es un factor importante del desarrollo. Las personas mayores saludables son recursos para sus comunidades, sus familias y para la economía”.

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