La hora del planeta nos convoca a todos

Una elogiable iniciativa global nos invita a apagar las luces durante una hora para crear conciencia sobre la necesidad del uso de energías limpias

Editorial de La Nación

La hora del planeta es una iniciativa global del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, según sus siglas en inglés) que consiste en que los individuos, escuelas, organizaciones, empresas y gobiernos apaguen sus luces durante una hora para votar simbólicamente a favor de acciones contra el cambio climático. La decisión de celebrarla cada 29 de marzo nació en Sydney, Australia, en 2006. La adhesión a la propuesta creció sin pausa hasta alcanzar hoy a 153 países y en ellos a los habitantes de 7000 ciudades. Entre nosotros es la reconocida Fundación Vida Silvestre la que coordina las acciones por cumplirse.

La razón del llamado de atención que esto supone es clara y justificada: el mundo debe ganar en conciencia de la necesidad de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, a fin de preservar la vida en el planeta. Con ese propósito se busca acceder al mayor número de habitantes, en todos los continentes, incluso hasta en la Antártida, a fin de que se emprendan acciones reales en favor del uso de energías limpias y se reduzca a la vez el empleo de otras que contribuyen a crear el llamado efecto invernadero.

Es bien sabido que, con el avance de la civilización industrial, sobre todo a partir del siglo XX, se ha venido produciendo una peligrosa contaminación atmosférica, principalmente por efectos de la combustión del carbón, el petróleo y sus derivados. Por ese motivo, se ha elegido una jornada del año y una hora -de 20.30 a 21.30- para realizar actos que revelen de una manera inmediata el afán de incorporar en los hábitos sociales conductas de ahorro de energía que aminoren el calentamiento global. Ese espíritu está presente en la invitación para oscurecer transitoriamente las áreas urbanas y apagar la iluminación de los edificios más representativos de las ciudades. Asimismo, es útil tener en cuenta aspectos elementales como, por ejemplo, que la llama piloto de los artefactos que funcionan con gas consumen pasivamente 0,5 metros cúbicos de gas por día y 6 millones de calefactores encendidos durante las 24 horas usan 3 millones de metros cúbicos en una jornada que ensucia en forma continua la atmósfera, daño que se podría evitar mediante el empleo de dispositivos electrónicos, que eliminan ese efecto indeseado. En la mayoría de los hogares el consumo de energía derivado de mantener los aparatos en modo de espera supone entre un 5 y un 10% del total de la energía consumida. En este caso, los consumidores no son conscientes de que, al no apagar completamente sus aparatos eléctricos y dejarlos en modo de espera, se está produciendo un impactante derroche de energía y de dinero: se calcula que este gasto es el responsable del 1% de los gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera y contribuye entre el 5 y el 20% del total de la factura eléctrica.

Resulta positivo desde toda perspectiva que la población mundial, sus gobiernos, instituciones, centros educativos y empresas se unan para defender el medio ambiente en que respiramos. Es de celebrar este movimiento de unión lanzado para proteger la supervivencia del planeta y a nosotros, sus habitantes. Late en esta convocatoria el afán de llegar más lejos a través de la consolidación de una comunidad que demuestre su voluntad de vivir siendo productivos, pero cuidadosos en el empleo de la energía. Numerosos lemas se han propuesto para este 29 de marzo, en que todos debemos responder para beneficio de la naturaleza, la vida y el porvenir de la sociedad humana. El mensaje que concentra los propósitos de este día y el deseo de sus promotores podría cifrarse así: “Conduzca, inspire y comprometa su acción en la lucha contra la contaminación atmosférica y el cambio climático”.

En realidad, no se trata de una campaña para ahorrar energía, sino de un acto simbólico para reflexionar acerca de nuestra relación con el planeta y las consecuencias de nuestras acciones.

Sería deseable que los monumentos emblemáticos de nuestro país se apagaran por una hora para acompañar esta iniciativa global y así contribuir a una mayor difusión de un problema que nos concierne a todos los seres humanos del planeta. Se trata sólo de un mensaje simbólico y silencioso que muestra que deberíamos estar comprometidos en buscar una solución que requiere de todos..