“La experiencia es no caer dos veces en el mismo pozo”

POR LUIS SARTORI

Imparable. En su tarjeta puede escribir artista plástica, relacionista pública, secretaria ejecutiva y estudiante permanente. Además, es el motor de una asociación para adultos mayores

Clarín
17.3.2014

“Sólo seremos viejos cuando hayamos perdido nuestros ideales”. Rudyard Kipling

Es gemela, ochomesina, casi nonagenaria; usa un Blackberry. Y preserva memoria milimétrica para las direcciones. Hija de zamoranos, “bien castellanos”, que se conocieron acá y se casaron jóvenes (su padre “hacía cobranzas” en el Hospital Español), Dolores Santos Arroyuelo vivió hasta los 6 en “Independencia 2014” y después en Sarmiento entre Cerrito y Libertad. Fue al jardín en el Colegio del Huerto, y la primaria la hizo en la escuela Wenceslao Posse, “Suipacha 118”. De chica patinaba, hacía teatro infantil y era campeona barrial a la bolita. Monseñor De Andrea le dio la comunión y la confirmación en San Miguel Ancárgel (“Suipacha y Bartolomé Mitre”), donde con su hermana se sumó a los grupos de Acción Católica hasta los 15. “En 2° grado ya nos separaron porque decían que se absorbía una con la otra. Yo sobre todo con mi hermana: ella era muy inteligente. Y yo –que era muy cariñosa– la seguía a ella”. En el colegio Remedios de San Martín se recibió de maestra de pintura y dibujo (con el tiempo, se perfeccionó en Educación Continua de la UBA y hasta fue profesora auxiliar, y más tarde expuso y vendió sus obras en bancos, CGP y museos de la Ciudad). Terminó la secundaria –fue abanderada– y al toque empezó a trabajar: sastrerías Belfast (“Esmeralda 55”, 13 años en la sección créditos); Dirección de Industrias del Estado (DINIE, administrativa), y Racauchi (jugos de frutas Minerva, “Rivadavia 12.300”, Ciudadela, 16 años como secretaria ejecutiva). En el medio estudió Relaciones Públicas. Se jubiló joven, a los 56, cuando Racauchi entró en quiebra. Entonces se zambulló en la pintura y en otra cuenta pendiente: la escuela de psicología social de Enrique Pichón Rivière. También, “soy alumna fundadora del Centro Cultural Rojas, Corrientes 2038”, que frecuentó por diez años y donde estudió desde historia hasta computación: “Aprendí muy poco, porque todavía hoy no la manejo bien. Tendría que hacer un curso…”.

¿Se anima a mandar mails?
Mando, pero no con esa perfección, esa seguridad… no me siento todavía competente. Y tengo una máquina hermosa, divina, pero no la sé utilizar como tendría.

¿Cómo le va con el Blackberry?
Bastante mal. Éste lo cargo y al día siguiente ya está descargado. Asique lo tengo que llevar. ¿No escucha que tiene un ruido raro? Algo se desarma… Lo que me gusta es sacar fotos con esto. Me encantan las fotos y después me las bajan a la computadora. Acá le saco fotos a todo el mundo. Tengo como diez ámbumes.

¿Cuándo arrancó con las fotos?
Siempre me gustó la foto. De chiquita tenía la Kodak. Todavía la tengo. ¡Qué linda que era! Tengo que averiguar si se puede usar todavía. Se la voy a llevar a la japonesa que tengo a la vuelta de casa…

Socia vitalicia de la Asociación Cristiana Femenina, “Humberto 1° 2360” (entró en 1953 y llegó a ser la vicepresidenta), estudió francés en la Asociación Biblioteca de Mujeres, “Charcas 1155”, además de inglés y portugués, y fue alumna por años del Centro Ameghino, “Corrientes 2038”. Un aviso en el diario la acercó a esta última institución, donde hace 42 años nació “Jardín de Otoño”, la asociación civil para adultos mayores que integra hace 25 y preside hoy. Por los talleres de reflexión y aprendizaje psicosocial de Jardín han pasado como expositores, entre muchos otros, Juan Sasturain, Felipe Pigna, Guillermo Jaim Etcheverry y el músico Esteban Morgado.

¿Qué ganó al estudiar psicología social?
Me cambió la vida completamente. Aprendí a querer a la gente como es. Que no todos somos iguales. Acepté las diferencias. Antes era muy rígida. Discriminaba.

¿Y con Jardín de Otoño?
Todo lo que puede encontrar una persona mayor que es acompañada, querida, aceptada, y que da lo mejor que tiene. Porque no solamente se recibe, hay que dar también.

¿Qué representa dar?
Uno siente una satisfacción enooooorme. El pecho se le levanta. Sale todo lo bueno que uno tiene. Si pudiera dar más, daría más. Pero tengo que dividir todo mi tiempo entre Jardín y mi hermana que, al quedar discapacitada hace 12 años, está pendiente de mí. Pero también yo tengo alguien que me está esperando cuando llego a mi casa.

¿Puede vivir sola la gente mayor?
La gente grande tiene que estar acompañada. Y cuando está enferma, tienen que hacer lo posible por no sacarla de su casa. Y el adulto mayor tiene que estar con sus pares, con su gente querida. Para que pueda encontrar el apoyo, la comprensión… porque se tiene que apoyar en la otra persona.

¿Qué le enseñaron sus pares, los adultos mayores?
Mire, yo aprendí que hay que ser humilde. Que no hay que tener soberbia. La única manera que tenemos de captar a la gente es ponernos al nivel de ellos. No querer ser superiores. Si a un adulto mayor le habla con soberbia, el tipo desaparece y no vuelve más. Acá los tratamos con calidez y estamos todos de igual a igual. Yo voy a las clases como si fuera una alumna más.

¿Qué le gustaría hacer de ahora en adelante?
Ay, le voy a decir algo: a mí me gusta bailar el tango. Me gustaría bailarlo, pero perfecto (se ríe).

La veo optimista.
Uy sí, soy optimista. Si no, se envenena una. Lo que pasa es que hay que tener proyectos de vida. Vivir el momento actual como si fuera el último, pero tener proyectos de vida. Porque eso ayuda a vivir. Así vamos tomando fuerzas para seguir adelante.

¿Algo que la enoje mucho?
Ver cómo matan a la gente, la inseguridad que tenemos. A eso le tengo terror.

¿Hacer qué la hace sentir mejor persona?
Si puedo ayudar, si puedo solucionarle el problema a alguien, me siento muy feliz. Pero a veces no se puede.

¿Qué le resulta imprescindible?
El cariño de mi hermana.

¿Sirve la experiencia? ¿existe?
Síííí. La experiencia es tratar de hacer las cosas mejor y no caer dos veces en el mismo pozo.

En la revista que editan dice que “nuestra filosofía es vivir en plenitud”. ¿Qué significa?
Tratar de ser feliz. Tratar de hacer algo que nos gratifique. Me tengo que comprar zapatos. Compratelós, mija, dejate de embromar.

¿Soltera empedernida?
No me casé nunca, y no me arrepiento. Yo de chica veía a mi mamá cómo planchaba camisas, lavaba calcetines y calzoncillos. Yo ni loca iba a hacer eso. Te tenías que casar con un millonario para no hacer eso. Y mis amigas se casaban, tenían sus bebés… Ah, no: a mí nunca me agarró para ese lado. Tuve algunas oportunidades, pero fue todo muy efímero lo mío. Filitos, pero un amor no. Tampoco sé lo que es un dolor por amor, por abandono. Pero como nunca estoy sin hacer nada, el tiempo se me pasó volando, volando, volando.

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