Día internacional de la prevención del cáncer de cuello de útero

El cáncer de cuello de útero (CCU) es el segundo en incidencia entre las mujeres en nuestro país después de la enfermedad tumoral en las mamas. Se estima que cada año hay 3.000 nuevos casos de cáncer de cuello de útero y se producen 1.800 muertes a causa de esta enfermedad. Según una encuesta realizada por la consultora TNS Gallup en mayo de 2013, si bien 7 de cada 10 argentinos afirmó saber que se trata de una afección prevenible, apenas el 11% conocía la causa. En otro relevamiento del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) sobre 1.200 mujeres de Capital Federal y Gran Buenos Aires, el 85% desconoce las causas de esta patología y el 33% no sabe cómo se previene.

docsalud.com
26.3.2014

Este alto nivel de desinformación abona el terreno para que prevalezca la enfermedad. Es por eso que se considera que el cáncer de cuello de útero es el tumor que refleja con mayor crudeza la desigualdad social en salud.
Un problema social y territorial
En ese contexto, en el marco del proyecto para el mejoramiento del Programa Nacional de Prevención de Cáncer de Cuello Uterino en Argentina, en 2007 se realizó un diagnóstico de situación. Del relevamiento surgió que las provincias con mayores tasas de prevalencia, como Jujuy, Chaco, Misiones, Formosa y Salta, presentaron valores cuatro veces más altos que el de la jurisdicción con menor mortalidad, la Ciudad de Buenos Aires. Las mujeres que residían en las regiones de Noroeste (NOA) y Noreste (NEA) fueron las que mayor probabilidad tenían de no haberse tamizado en los dos últimos años.
“El cáncer de cuello de útero afecta principalmente a mujeres de bajo nivel socioeconómico, socialmente vulnerables y con bajo acceso a los servicios de salud”, indicó el oncólogo, Gonzalo Giornelli, del Instituto Alexander Fleming (IAF). Según el especialista, la baja presencia de este colectivo humano en los programas de prevención se relaciona con la existencia de barreras de acceso al sistema como la “inaccesibilidad geográfica a los centros de atención existentes en algunas zonas, a demoras y esperas prolongadas para la asignación de turnos y resultados”.
Además de este impedimento, “se debe considerar la falta de recursos económicos para cubrir el traslado y cuestiones culturales o de género como el pudor a exponer su cuerpo desnudo, el temor a un resultado anormal, la necesidad de una organización doméstica especial para asistir a la cita del PAP y la falta de apoyo de las parejas y/o de las familias. Este tipo de contingencias atenta contra la posibilidad de controlar esta enfermedad”, agregó el Dr. Giornelli.
Sobre la enfermedad
Este tipo de cáncer es causado por el Virus de Papiloma Humano (VPH), que se transmite por contacto sexual. En la mayoría de los casos, el virus desaparece solo, sin causar ninguna manifestación o síntoma en el cuerpo. Sólo en una pequeña proporción de casos, alrededor del 5%, el virus puede tornarse persistente, pudiendo estas lesiones con el tiempo convertirse en malignas.
Sin embargo, tener VPH no significa tener cáncer. La Dra. Victoria Costanzo, oncóloga clínica del IAF, puntualizó que: “por un lado, no todos los serotipos de VPH se asocian a cáncer de cérvix, esta relación es prevalente con los serotipos 16 y 18. Por otro, la mayoría de las infecciones son transitorias y desaparecen en el lapso de 1 a 2 años. Sin embargo, aquellas mujeres con infección persistente tienen riesgo alto de presentar lesiones preneoplásicas y evolucionar a carcinoma”.
Estas manifestaciones, que puede hacerse presente inclusive en mujeres jóvenes, generalmente no producen síntomas y pueden pasar hasta 10 años antes de que las lesiones precancerosas se conviertan en cáncer. Es por este motivo que resulta fundamental la acción preventiva.
Antes que curar
Exiten tres formas de prevenir la ocurrencia del cáncer de cuello de útero. La primera de ellas es a través de la vacunación contra el VPH, que previene la infección de estos virus que causan aproximadamente el 80% de los casos de cáncer de cuello de útero. Desde 2011, la vacuna es gratuita y obligatoria en todo el país para las niñas de 11 años y son necesarias 3 dosis para conseguir la máxima protección.
Al respecto, la Dra. Costanzo afirmó: “Dado que en este tipo de cáncer la mayoría de los casos se asocian al Virus de Papiloma Humano, es clave evitar la infección viral, es decir, prevenirla a través de la vacunación. Esto equivale a coartar el desarrollo de la enfermedad y las muertes por esta causa. El riesgo de infección por VPH existe desde el inicio de la actividad sexual, por eso, y necesariamente, la vacunación debe ser previa a la exposición al agente viral”.
A pesar de que el Ministerio de Salud de La Nación ofrece la inmunización contra VPH a un público específico, existen otros públicos, como hombres de 9 a 26 años de edad o mujeres de 9 a 45 años de edad, que podrían beneficiarse con la protección que ofrece esta inmunización adquiriéndola en centros privados.
Otra herramienta de prevención es el Test de Papanicolaou o PAP que constituye una manera sencilla y efectiva de anticiparse al cáncer cérvico-uterino. Esta técnica permite detectar células anormales asociadas a lesiones precursoras de cáncer, que al ser tratadas no evolucionarían. Se recomienda que las mujeres a partir de los 25 años se realicen este tamizaje. Si durante 2 años seguidos el PAP da negativo, se puede espaciar a 3 años.
El tercer recurso disponible es el Test de VPH. Este método que está disponible en algunas provincias del país posibilita detectar la presencia de ADN de VPH de ‘alto riesgo oncogénico’ en las células del cuello del útero. Este hallazgo implicaría la posibilidad de controlar el desarrollo de las lesiones, incluso antes de que se produzcan.

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