Destacan la importancia de la accesibilidad del medio físico para la inclusión de adultos mayores

Las ciudades no se han ido adecuando a la existencia cada vez más creciente de personas mayores y a las particularidades que éstas requieren, consideró el arquitecto y gerontólogo Eduardo Schmunis, para quien “mejorar la accesibilidad del medio físico es inclusión”.

Telam
23.3.2014

“No es lo mismo hablar de arquitectura para discapacidad que para adultos mayores porque no todos los mayores tienen discapacidad. Pero todo lo que hagamos para mejorar la accesibilidad sirve para todas las personas. Esta es la característica de universalidad que tiene la accesibilidad del medio físico”, indicó Schmunis.

El arquitecto, que desde hace 25 años trabaja en la temática, aseguró que “las ciudades, como fenómeno centenario, no se han ido adecuando” al aumento de la expectativa de vida y a las cuestiones particulares que necesitan los mayores.

“Si bien no toda discapacidad es inhabilitante para las actividades cotidianas o funcionales, se estima que un 30 por ciento de las personas mayores de 80 años tiene alguna discapacidad. De hecho a partir de los 60 comienzan a aparecer algunos signos como artrosis en las rodillas, necesidad de uso de anteojos o disminución auditiva”, sostuvo.

En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido “la necesidad de propender a tener entornos favorables en ciudades amigables para las personas mayores”.

“Dicho de otra manera, esto implica que las ciudades tienen que ser accesibles y la `accesibilidad del medio físico`, como se denomina técnicamente, significa la eliminación de las barreras arquitectónicas, urbanísticas, del transporte y de la comunicación, ya sea verbal o no verbal”, sostuvo.

Las barreras arquitectónicas refieren a las que se dan en los edificios de cualquier índole.

“La existencia exclusiva de escaleras sin otro medio de elevación, de pisos resbaladizos o rotos, o de desniveles superiores a dos centímetros que dificultan no sólo la circulación de una persona en silla de ruedas, sino de una persona con un andador o con marcha vacilante, son ejemplos de esas barreras”, sostuvo.

Pero el especialista, autor de los libros “Arquitectura y envejecimiento, hacia un hábitat inclusivo” y “Accesibilidad al medio físico para los adultos mayores”, reconoce detalles aún más sencillos de eliminar: “las alfombras o los patines al pie de la cama sobre pisos generalmente encerados son sumamente peligrosos”.

“También el calzado de taco alto o sin sujeción del tobillo puede producir una luxación del tobillo. Por eso lo que recomendamos son los calzados abotinados, con velcro y suela antideslizante”, dijo. Y añadió: “Otra barrera es la gran cantidad de muebles que dificultan el andar, no sólo de los que tiene problemas motrices, sino también para personas con disminución en la visión”.

Para los baños también hay indicaciones: “lo ideal sería que la puerta abriera hacia afuera o fuera corrediza, que tuviera alguna superficie libre donde pueda girar una silla de ruedas (por ejemplo sacar el bidet) y reemplazar la bañera por la ducha”.

Por su parte las barreras urbanísticas refieren al espacio público y aquí, entre los ejemplos más típicos, figura la falta de rampas en el ascenso a las veredas o la instalación de elementos como heladeras o mostradores por sobre la línea de referencia municipal que en ocasiones no es detectado por las personas no videntes.

“El transporte es directamente el eslabón roto en la cadena de accesibilidad. A pesar de que la ley 24.314, del año 1994, y el decreto reglamentario 914 de 1997 obligaba a las empresas a la renovación total de los micros de corta, media y larga distancia, esto no sucedió”, detalló Schmunis.

“Pero -continuó- esto no sólo afecta para el ingreso de personas en sillas de ruedas, sino por ejemplo, la altura en la que se encuentran los pasamanos que hacen imposible sujetarse”.

Finalmente, la barrera comunicacional se refiere tanto a lo verbal como a lo escrito, como, por ejemplo, “el tamaño de las letras de los carteles de las paradas de los colectivos o los carteles luminosos en los frentes que, para quienes tienen dificultades en la vista, ven sólo una mancha”.

“Otro caso típico es el mal funcionamiento de los altoparlantes de las estaciones que no permiten entender los mensajes de voz”, ejemplificó.

“Cuando uno de estos eslabones se rompe la cadena de accesibilidad no existe. Esto sucede mucho con el transporte y es muy grave porque las personas no siempre pueden pagar taxis o remis para movilizarse”, afirmó.

El resultado de todos estos obstáculos es que “con el tiempo la persona va saliendo cada vez menos de su casa, se va encerrando y deprimiendo y en ocasiones termina con medicación que es innecesaria. De esto hablamos cuando decimos que la accesibilidad es inclusión”.

Schmunis se acercó a la temática de las personas mayores hace 25 años a partir de la construcción de residencias, pero al poco tiempo realizó una maestría en gerontología.

Actualmente dirige el Centro de Investigación y Asesoramiento para el Hábitat Gerontológico, de la Sociedad Central de Arquitectos, y es asesor del Programa de Envejecimiento Saludable del Ministerio de Salud de la Nación y de la Residencia del Arce, además de brindar clases en numerosas instituciones educativas.

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