Sin condiciones para la longevidad

En su reciente libro Según pasan los años , la vejez como un momento de la vida , la bióloga argentina Susana Sommer analiza qué clase de momento en la vida es la vejez. A lo largo de su libro, Sommer explica cómo se desarrolla el proceso del envejecimiento, pero no sólo desde un punto de vista biológico sino también social, económico y cultural, también compara en que se parece y en que difiere en hombres y mujeres.

Revista Ñ
31/12/13

Para Sommer, envejecer no es un proceso individual sino que implica la responsabilidad de toda la sociedad civil y política. Sommer es profesora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA. Escribió los libros De la cigüeña a la probeta ; Genética, clonación y bioética y Por qué las vacas se volvieron locas .

–En “Según pasan los años”, usted plantea que “la probabilidad de llegar a los 100 años era 100 veces menor que en la actualidad”, la pregunta es: ¿Cómo se puede explicar el enigma de la longevidad?

–El llamado “enigma de la longevidad” se refiere al aumento de la esperanza de vida y al atraso del envejecimiento. Además de alcanzar edades avanzadas, la gente logra llegar a una edad mayor con una mejor salud. Podemos suponer que la mayoría de nuestros contemporáneos vivirán más años que sus padres o abuelos. Pero, a continuación sufren un deterioro vertiginoso que significaría que no se modificó el envejecimiento: simplemente se pospuso.

–Hoy en día, con los avances científicos y médicos, la prolongación de la vida llega a límites antes desconocidos, pero se corre el riesgo de extender la vida sin garantizar condiciones dignas. ¿En qué estado está ese debate en la medicina mundial?

–Cuando la medicina geriátrica alarga la vida sin mejorar la calidad de ella, realiza intervenciones que no producen beneficios significativos a los pacientes, se comienza a hablar de futilidad médica, es decir, realizar intervenciones médicas que no serán útiles ni efectivas. Aunque no podemos saber ni controlar si nuestra decadencia será mental o física podemos pensar si queremos que nos mantengan vivos a cualquier precio. No podemos modificar cuando vamos a morir, pero sí podemos pensar en decidir cómo preferimos hacerlo. Sin desmerecer los logros de la medicina, podemos opinar cuántas pruebas y estudios aceptaremos, qué técnicas consentiremos, podemos disponer mediante decisiones anticipadas o un testamento vital cuáles son los tratamientos que consideramos agresivos, inútiles o dolorosos. La prolongación de la vida de una persona que sufre puede parecer más una agresión que una bendición, como señala el Talmud : “No está bien evitar la muerte cuando es inevitable”.

–En los países más desarrollados el envejecimiento de la población es cada vez más acelerado, desde su visión y conocimiento, ¿cómo deberían los Estados y las políticas públicas atender esta cuestión?

–Esta etapa presenta enormes desafíos, en especial garantizar la sostenibilidad de las jubilaciones y pensiones, así como asegurar que sistemas de salud sobrecargados se hagan cargo de un mayor número de personas que han aportado a lo largo de su vida para gozar de una vejez sin problemas. Una agenda para la vejez no puede ser reducida a temas de salud y jubilaciones, es un desafío que implica integración social, derechos y bienestar. Lo que está en juego, es la creación de nuevas instituciones sociales capaces de dar cuenta de los cambios y transformaciones del siglo XXI e involucra acciones a nivel nacional e internacional que se ocupen de la salud y el bienestar en la vejez asegurándoles a las personas mayores acceso a la atención preventiva y curativa en salud además del acceso a viviendas acogedoras en entornos adecuados. También debe tenerse en cuenta que cada vez son más los años de vida después de la jubilación lo que implica la creación de programas de inserción social sin distinciones de clase o género para un grupo cada vez más grande de la sociedad. Informes de organismos internacionales como la UNFPA (United Nations Population Fund) o el World Economic Forum, que menciono en un apéndice al final del libro, llaman la atención acerca de la velocidad del cambio y recomiendan incorporar temas de envejecimiento y estrategias de reducción de la pobreza dentro de los temas de los planes de desarrollo de cada país. Señalan que la prevalencia del abuso, negligencia y violencia contra las personas de más edad son más mayores de las estimadas y plantean la necesidad de una legislación que proteja los derechos humanos.

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