Los abuelos, la tecnología y muchos desafíos


Por qué algunos adultos mayores se enganchan con los dispositivos digitales mientras que otros no usan ni el cajero automático

Por Débora Slotnisky | Para LA NACION
Sábado 07 de diciembre de 2013

Mercedes Nadal, de 62 años, nunca está offline. “Tengo tres cuentas de correo electrónico, uso un iPhone 4 y una iPad 3. Además, pago a Skype para llamar a bajo costo a distintos países, y tengo un dispositivo llamado Magic Jack con un número telefónico de Estados Unidos para llamar a líneas fijas de ese país, donde vive una de mis hijas, y de Canadá, donde reside mi hermano -explica esta divorciada de Concepción del Uruguay que vive en la provincia de Entre Ríos-. Como mis cuatro hijas están en distintas ciudades, armamos un grupo en WhatsApp para estar comunicadas todo el día. Es increíble lo que nos divertimos a través de este medio, en el que sólo falta mi hijo varón. Él no participa porque dice que hablamos muchas pavadas”, confiesa entre risas esta jubilada que se dedica al mundo de la música, y admite que con sus amigas se comunica a través del e-mail y las redes sociales.

El caso de Mercedes no es la excepción. De hecho, cerca del 25% de las personas que acceden a Internet en la Argentina son mayores de 45 años, según el estudio Futuro Digital Argentina 2013 dado a conocer por la consultora ComScore Media Metrix en octubre de este año.

Al respecto, Ana Laura Zain, gerente de marketing para América latina de la empresa, explica: “Las mujeres mayores de 55 años son las que más horas online consumen desde la PC, con 25,5 horas mensuales, comparado con las 21,7 horas de los hombres de la misma edad. Hablando de usuarias, le siguen las que tienen entre 15 y 24 años con 21,7 horas. Para tener un parámetro, el promedio global y latinoamericano de acceso a Internet únicamente mediante computadoras (y no desde dispositivos móviles como smartphones) es de 24,3 y 23,3 horas, respectivamente”.

LOS QUE NO

Sin embargo, dentro de las personas mayores de 50 años también están aquellos cuyas vidas cotidianas se mantienen al margen de las soluciones tecnológicas. Por ejemplo, en lo que respecta al uso de telefonía celular, la penetración entre los que tienen entre 50 y 59 es del 87%, mientras que apenas llega al 36% entre los usuarios de más de 70, según datos actuales de la Argentina provistos por la consultora Carrier & Asociados.

“En líneas generales, las mujeres mayores se animan más a usar la tecnología que los hombres de la misma edad por una cuestión cultural: mientras que ellas son más propensas a experimentar, ellos por lo general no se permiten equivocarse, ya que lo nuevo los asusta y lo conocido los tranquiliza -explica Alejandro Schujman, licenciado en Psicología y especialista en orientación a familias-. Sin embargo, más allá de las cuestiones culturales y de género, aquí también entran en juego otras variables, como la pulsión epistemofílica, que tiene que ver con el impulso de cada persona por el conocimiento. Esto significa que si todos tenemos de niños un cierto grado de curiosidad y avidez por descubrir cosas nuevas, quien mantiene este espíritu a través del tiempo será más propenso a estar más familiarizado con la tecnología”, explica.

Julio César Blanco, de 73 años, asegura que pasa unas 12 horas diarias conectado desde su smartphone o su notebook. “Como mi esposa es una negada tecnológica, yo soy su operador. De esta manera gestiono lo que ella me pide; por ejemplo, que le lea en voz alta los emails y que le muestre las fotos que envían nuestros familiares, con quienes estamos comunicados a través de un grupo cerrado en Facebook. Incluso realizo las compras del supermercado por Internet, según el listado que ella me prepara”, explica este jubilado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que hasta tiene un perfil en LinkedIn. Su esposa, Adela Raffo Magnasco, de 72, se justifica: “Como mi marido me ayuda cuando necesito hacer algo vinculado con la computadora, realmente no siento la necesidad de aprender a usarla. Prácticamente no uso el celular, porque con el teléfono fijo me alcanza. Además, si me tienen que contar algo, prefiero que me lo digan personalmente”.

Similar es el caso de Jacobo Perlin, un comerciante y productor agropecuario de 53 años, que vive en la ciudad de Victoria, en Entre Ríos. “Sólo sé usar el buscador de Internet para encontrar información, pero no tengo cuenta de correo electrónico ni estoy en las redes sociales. Por eso, cuando necesito realizar una gestión online o encontrar datos precisos le pido colaboración a mis hijos, a mi esposa o a mi contador. Incluso dentro del mundo de la hacienda hay muchos trámites que se realizan de manera digital. En este caso, le pago a una persona para que los haga por mí. En definitiva, siempre encuentro la ayuda que necesito cuando tengo que usar la tecnología”, confiesa.

EL MEJOR REGALO

Felipe Sandler, que es divorciado y vive solo, descubrió en Internet su pasatiempo ideal. De hecho, entre sus actividades preferidas se encuentran mirar por YouTube series de TV de antaño, como El Llanero Solitario, y escribir comentarios en las noticias que más le interesan de los diarios online: “Primero aprendí a utilizar la computadora solo, y luego le enseñé a mi padre cuando él tenía 86 años; usaba Internet a diario hasta 2012, cuando falleció a los 90. Enseñarme a utilizar la notebook es el mejor regalo que podías haberme hecho en toda tu vida, me decía con frecuencia”, recuerda Sandler. Para este ex contador, “detrás de la negativa a usar la tecnología se esconde el miedo al cambio. Y en muchos casos esos temores han sido inculcados durante años tanto por la familia como por las instituciones educativas”.

Si bien es cierto que hay adultos que no utilizan a diario Internet ni telefonía celular, por mencionar sólo dos ejemplos, todo parece indicar que no se trata de personas que viven totalmente al margen de las nuevas soluciones tecnológicas cotidianas, sino que en realidad tienen quien los asiste cuando lo necesitan. “Por lo que veo en el consultorio, entre las personas mayores de 50 hay relación directamente proporcional entre el uso que hacen de tecnología y su nivel de soledad. De esta manera, la gente más sola recurre a Internet como una especie de trampolín para poder rearmar vínculos del pasado o construir nuevas relaciones. En este sentido, las redes sociales son ideales para los que tienen una mayor necesidad afectiva”, explica Schujman. Siguiendo esta línea, el psicólogo agrega: “Las personas solas deben recurrir a la tecnología por una cuestión instintiva, ya que el mundo real está siendo engullido por el virtual, y la gente sabe que para conocer nuevos individuos debe recurrir a soluciones de este tipo”.

Por uno u otro motivo, curiosidad o soledad, si bien es cierto que con el paso del tiempo disminuye la facilidad de las personas para aprender a utilizar nuevas herramientas, lo cierto es que hay muchos adultos mayores que se han convertido en eximios usuarios tecnológicos..

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