El porvenir de la vejez

Biología y sociedad. Desde la medicina se logró mejorar la esperanza de vida. Sin embargo, esa prolongación no va acompañada de infraestructuras necesarias para llevarla con salud y dignidad.

POR INES HAYES
Revista Ñ
31/12/13

Dorian, consciente por primera vez de sí mismo, teme el paso del tiempo, que acabará con todo su encanto. ¿Qué ocurriría si todos los estragos de la edad quedaran reflejados en el cuadro”, comienza El retrato de Dorian Gray que el escritor irlandés Oscar Wilde publicó por primera vez en 1890 en una revista literaria de Filadelfia. El temor al envejecimiento ha sido tratado no sólo en novelas sino también en películas y obras de teatro. Inolvidable ha sido La laguna dorada (1981) protagonizada por Katherine Hepburn y Henry Fonda o la argentina Elsa y Fred en la que China Zorrilla y Manuel Alexandre enamoran con su relación de noviazgo. Pero el miedo al paso del tiempo no es una preocupación contemporánea, ni siquiera moderna: ya Cicerón filosofaba sobre el tema en su obra clásica Sobre la vejez : “Todos desean alcanzar la vejez y, una vez que lo han hecho, se quejan de ella”.

En el mundo contemporáneo industrializado la vida se alargó unos 30 años, lo que representa un incremento mayor al de los cinco mil años anteriores. En Inglaterra, por ejemplo, hay más personas mayores a los 65 años que menores de 16 y el número de gente de más de 85 años se duplicó entre 1983 y 2008, según explica en su libro Por ti no pasan los años , el profesor emérito de biología celular Lewis Wolpert. Para el investigador inglés, las razones del retardo en el envejecimiento se deben tanto a los adelantos médicos y científicos como a los cambios en la alimentación, la urbanización y la higiene. Si en 1800, la esperanza de vida no superaba los 30 años, un siglo después sólo había aumentado 15 años y a mitad del siglo XX llegaba a los 61. Hoy supera los 80 años en todo el mundo y es aún mayor en las mujeres.

Los estudios sobre las causas del envejecimiento comenzaron en el siglo XVII con Francis Bacon, pero según Wolpert, las investigaciones de Bacon no lograron progresos adecuados hasta que se dilucidó que eran las células las que determinaban el funcionamiento del cuerpo. Consultada sobre las teorías evolutivas de la senescencia, la bióloga argentina Susana Sommer explicó que si bien desde los 50 hubo avances en el tema, en la actualidad no hay acuerdo sobre las distintas respuestas: el origen evolutivo de la vejez sigue siendo un problema no resuelto de la biología.

En 1952, los biólogos J.B.S. Haldane y sir Peter Medawar hablaban de la teoría de acumulación de mutaciones y enunciaron un argumento que expresaba que la selección natural, que favorece o desfavorece genes útiles o dañinos, pierde influencia pasado el período reproductivo y como resultado de esa acumulación de mutaciones se produciría el envejecimiento. Cinco años más tarde, el biólogo George C. Williams propuso la teoría pleiotrópica antagonista, que sugería que ciertos genes que podían ser ventajosos en los primeros períodos de la vida, podrían resultar gravosos en etapas más avanzadas de la vida. “Esto implicaría la existencia de genes, que promoverían un aumento de la fertilidad en la juventud, y que contribuirían al envejecimiento en una etapa posterior de la vida. Un ejemplo de este tipo de efecto en el reino animal es lo que sucede en la fecundación de la abeja reina. Después del vuelo nupcial y fertilización de la reina, consumada su función reproductiva el zángano muere dado que se desprende su aparato genital”, detalló Sommer. Una de las tesis más novedosas, según la bióloga, fue formulada en 2004 por Atwood. La teoría del ciclo de las células reproductoras propone que las hormonas que regulan la reproducción, promueven el crecimiento y el desarrollo en las etapas tempranas de la vida para alcanzar la reproducción: “Estos niveles de hormona disminuyen lentamente en los varones y en forma abrupta en las mujeres, lo que conocemos como menopausia. Según estos autores la desregulación hormonal promueve la senescencia y podría explicar el envejecimiento de los organismos con reproducción sexual”.

Los investigadores coinciden que aunque no se puede detener el envejecimiento, el secreto para llegar a la vejez lo más sanos posible es mantener una vida activa, lejos del sedentarismo, llevar adelante una alimentación sana y evitar el estrés. Si bien en la actualidad la preocupación por parecer siempre jóvenes está a la orden del día, no es una cuestión excluyente del siglo XXI: ya Cleopatra lo había intentado sin mucho éxito. Los mitos y las leyendas sobre la inmortalidad y la vida eterna son tan antiguos como la humanidad misma. Escrita en el año dos mil antes de Cristo, la de Gilgamesh, el semidiós babilonio que no quería morir, es una de las más antiguas. También circulan las leyendas griegas como la de Titono o las fábulas y relatos de la India sobre los yoguis que tenían la capacidad de saltar de un cuerpo a otro para tener una vida más larga.

En la actualidad, se calcula que el 10 por ciento de la población mundial tiene más de 60 años, cifra que en 2050 se duplicará y la población de adultos mayores será superior a la infantil. Los investigadores y especialistas en el tema hoy se preguntan si esta situación que ha sido buscada a lo largo del tiempo, reportaría una ventaja o, por el contrario, sería un desastre para la humanidad. “Muchos temen que la prolongación de la vida sin reducir las enfermedades aumentaría el tiempo que vivíriamos con capacidades físicas y mentales reducidas”, dice Wolpert en su libro.

Según el Indec, en la Argentina los mayores de 65 años superan el 10% de la población total y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires esa cifra llega al 16%. El fenómeno conocido como “invierno demográfico” tiene su origen en la década del 70 y desde entonces no se ha revertido sino que sigue un camino ascendente. Y en un mundo donde las políticas públicas se reducen a medida que se profundiza la crisis económica capitalista, la situación de la vejez se encuentra en una encrucijada.

En 2012, el Fondo Monetario Internacional recomendó que los países deberían incrementar la edad legal de jubilación de acuerdo con el aumento de la esperanza de vida. “Es importante que las entidades que ofrecen pensiones puedan actuar con flexibilidad: si no es posible incrementar las contribuciones o subir la edad de jubilación, posiblemente haya que recortar las prestaciones”, advirtió el organismo multilateral en 2012. El razonamiento se basó en que si para 2050 el promedio de vida aumentara tres años más, “los costos del envejecimiento, que ya son enormes, podrían aumentar un 50%” y agregó que la longevidad constituía “un riesgo financiero para los gobiernos y las entidades que ofrecen las prestaciones”. Como buenos alumnos, los gobiernos de Francia, España, Grecia e Italia ya aumentaron la edad jubilatoria. En palabras de Lewis Wolpert, “los problemas económicos subyacentes al envejecimiento seguirán vigentes aquí y en otros países. Es uno de los grandes problemas del siglo XXI”.

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