“La discriminación por edad está tanto o más arraigada que el machismo o el racismo”

Por: Claudia Peiró

En “Según pasan los años”, la bióloga Susana Sommer analiza los desafíos que representa esta etapa de la vida para el individuo pero también para sociedades que son cada vez más longevas

Infobae.com
viernes 29 de noviembre 2013

Envejecer es parte de la vida y, a medida que la longevidad humana aumenta, crecen también las demandas que esta proporción cada vez más importante de mayores de 65 años le plantea a las sociedades.

“El envejecimiento de la población es una de las tendencias más significativas en el siglo XXI”, dice Sommer. Si en la actualidad una de cada nueve personas tiene 60 o más años, en 2050 la proporción será de una de cada cinco. Dato más que suficiente para justificar el interés y la necesidad de libros como el de esta profesora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

En Según pasan los años. La vejez como un momento de la vida, recientemente editado por Capital Intelectual, ella repasa las teorías biológicas sobre el envejecimiento y los desafíos que éste les plantea a los individuos pero también a las comunidades.

Pese a la condición científica de la autora, se trata de un libro de divulgación, de lectura amena y enfoque multifacético, que va desde la imagen y presencia de la vejez en el cine y la literatura hasta las proyecciones demográficas del tema, pasando por las causas y procesos biológicos de envejecimiento y aspectos filosóficos como el sentido de la vida y de la muerte.

¿Nos acostumbraremos a ser viejos y que no nos importe? ¿Hay causas genéticas en el envejecimiento? ¿Hombres y mujeres envejecen igual? Son algunas de las preguntas que Susana Sommer intenta responder en este libro, además de analizar la imagen que se tiene de los mayores, y los prejuicios hacia esa franja de edad.

La autora cita un ensayo de la escritora francesa Simone de Beauvoir, La vejez, donde ésta escribe: “No sabemos quiénes somos si ignoramos lo que seremos: reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja. Así tiene que ser si queremos asumir en su totalidad la condición humana”.

Sommer es también autora de los ensayos Genética, clonación y bioética y De la cigüeña a la probeta. Los peligros de la aventura científica.

En este diálogo con Infobae, se refiere a cómo luchar contra el prejuicio hacia los viejos y cómo ellos mismos pueden y deben defenderse de la tendencia a ser dejados de lado.

Nos cuesta vivir pensando que alguna vez vamos a envejecer, dice usted en su libro. ¿Es esa una tendencia sólo o especialmente occidental?

El fenómeno del envejecimiento es universal y en todo el mundo se plantea la necesidad de cómo hacerse cargo de los mayores. Antes el cuidado de los mayores estaba incluido dentro de la vida familiar por el hecho de que varias generaciones habitaban juntas y los ancianos eran respetados y considerados importantes. Hoy en día, también en Oriente, hay una tendencia a la familia nuclear, lo que lleva a la soledad de los mayores y al sentimiento de sentirse innecesarios.

¿Qué cosas se podrían hacer para contrarrestar esta negación?

Creo que los gobiernos están empezando a preocuparse por sus adultos mayores, pero esto requiere enormes recursos, además de formación de recursos humanos capacitados.

La discriminación por edad es un prejuicio tanto o más arraigado que el machismo, el racismo o el sexismo, dice también usted. ¿Por qué tiene menos prensa?

La lucha contra los prejuicios implica en primer lugar reconocerlos, mientras se los naturaliza y no se los discute persisten, y en muchos casos se piensa que el trato condescendiente no es discriminatorio cuando en realidad es una forma de disimular el prejuicio se piensa que el trato condescendiente no es discriminatorio cuando en realidad es una forma de disimular el prejuicio -es lo que ha sucedido con el sexismo o el racismo- donde a los diferentes se los trata como niños infradotados. Además los afectados, es decir los que son segregados, deben tomar conciencia de que son discriminados y no aceptar maltrato o menoscabo de sus personas por el simple hecho de tener años. También la publicidad contribuye al prejuicio, al elegir como modelo a personas jóvenes, tanto mujeres como hombres, haciendo invisible a una gran proporción de la población.

En lo que concierne al trato que se les da a los viejos, ¿cómo calificaría a la Argentina, en comparación con otras sociedades?

Para poder comparar debiéramos haber vivido mucho tiempo en distintas sociedades, y evaluar el trato que reciben los mayores, contrastar si existen precios diferenciales para acceder al transporte público, comprobar la presencia de una salud pública que los considere, de políticas urbanísticas que contemplen las dificultades de acceder a ciertos lugares públicos, y que la construcción de las viviendas incluya medidas de prevención como barandas en los baños y escaleras, rampas y pisos antideslizantes, etc.

El papa Francisco insiste siempre en fustigar la cultura del descarte que afecta los dos extremos de la vida: los niños y los viejos. ¿Cree que esta prédica puede contribuir a un cambio cultural?

Creo que en la medida que todos los estamentos de la sociedad resguarden los derechos de los mayores y en la medida que los mayores hagan uso de su experiencia sin dejarse “abatatar” por la prédica de que el mundo es de los jóvenes y que los mayores son prescindibles e innecesarios e incapaces de comprender los cambios sociales y tecnológicos, puede haber cambios. En cambio se debe reconocer la gran cantidad de mayores que son ejemplos desde escritores como Carlos Gorostiza o Alice Munro, o actores maravillosos como el recientemente fallecido Duilio Marzio, o Fernando Heredia o Hilda Bernard.

¿Es la misma idea de nuestra finitud la que le da sentido a la vida? ¿La que nos impulsa a emprender proyectos, soñar con realizaciones, tener grandes metas?

Como comento en mi libro, a través de la lectura de la novela de Simone de Beauvoir Todos los hombres son mortales, vemos que si fuéramos inmortales todo podría dejarse para más adelante si fuéramos inmortales todo podría dejarse para más adelante, no habría la necesidad de completar los proyectos, nada nos afectaría y, sin desafíos, la vida sería muy aburrida.

Considerando que tendremos cada vez más personas mayores, ¿qué cosas debería contemplar una agenda pública en el plano legal, previsional, institucional, cultural…?

En primer lugar, es necesario tomar conciencia de la magnitud del problema, ya que estamos hablando de una parte importante de la sociedad. En segundo lugar, reconocer que estas personas han participado cada una dentro de sus posibilidades en la sociedad a la que pertenecen, han aportado a los sistemas previsionales a lo largo de su vida, por lo que se han ganado el derecho a jubilaciones dignas y reconocer sus necesidades es un derecho, no una dádiva. Además debe incluirse, desde el punto de vista de la salud pública, las necesidades específicas de este grupo, así como las habitacionales y el acceso al esparcimiento.

¿Preconizaría usted la familia extendida, esto es, la convivencia de varias generaciones?

Para preconizar las familias extendidas hay que pensar en viviendas que lo permitan, lo cual es cada vez más escaso. Quizás habría que encontrar soluciones diferentes, como viviendas multifuncionales donde convivan en forma individual pero que tengan acceso a servicios generales de cuidado, salud, alimentación y limpieza.

¿Cómo se supera –o no- la contradicción entre la mayor sabiduría y experiencia de la vejez y las limitaciones físicas que ésta trae?

Ante todo hay que decir que ni todos los viejos son sabios ni todos los jóvenes son tontos, por lo que no sé si estamos en presencia de una contradicción. Además no todas las personas mayores tienen limitaciones físicas, y aparentemente el período de limitaciones físicas y o mentales es una fracción pequeña dentro de la vida de una persona longeva.

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