ACV: diez claves para prevenirlo y saber actuar

Instalaron un cerebro gigante en el Obelisco para concientizar sobre la enfermedad, que afecta cada año a 120.000 argentinos.

Clarín
29-10-2013

Los accidentes cerebrovasculares afectan cada año a 120.000 argentinos. Pueden provocar la muerte o dejar graves secuelas. Pero también reconocer los síntomas a tiempo y actuar rápido puede reducir el daño cerebral. Hoy se celebra el Día Mundial del Ataque Cerebral, y para crear conciencia sobre la detección de síntomas pero también sobre todas las medidas de prevención que pueden evitarlo, el Gobierno de la Ciudad, la Asociación Argentina de Ataque Cerebral y la Fundación para el Estudio de las Neurociencias instalaron un cerebro gigante en el Obelisco. Funcionará hasta las 20, y será una muestra didáctica para informar a la población.

En su página web, el Ministerio de Salud de la Nación explica que “el accidente cerebro vascular es provocado por el taponamiento o la rotura de una arteria del cerebro. Es una causa muy frecuente de muerte y la primer causa de invalidez en los adultos y adultos mayores. Generalmente viene acompañado de arterioesclerosis e hipertensión arterial”. Y destaca que esta afección puede prevenirse. Estas son las principales claves que da el Ministerio y el Fleni para evitarlo y saber actuar:

La enfermedad tiene factores de riesgo no modificables como los antecentes familiares de enfermedad coronaria o cerebrovascular; la edad (el riesgo de sufrir un ACV se duplica cada década a partir de los 55 años); el género (los hombres son más propensos, aunque en ellas el ataque suele ser más grave); los antecedentes personales (quienes ya sufrieron un ACV son más propensos a sufrir otro episodio); y los infartos silentes en las neuroimágenes. Pero hay otros muchos factores de riesgo modificables: presión arterial alta, tabaquismo, diabetes, fibrilación auricular (latido irregular del corazón), colesterol alto, alcohol en exceso, consumo de drogas, alteraciones en la coagulación de la sangre, migrañas, anticonceptivos orales, sedentarismo, obesidad, dentadura en mal estado y procesos infecciosos.
Presión arterial. La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo de los ACV y está presente en el 80% de los casos. Por eso es fundamental controlar adecuadamente la presión arterial.
Colesterol y diabetes. También son factores de riesgo importante y son dos patologías que también deben tratarse adecuadamente con dieta y medicación en los casos necesarios.
Tener un diagnóstico precoz de las obstrucciones arterioescleróticas de las arterias carótidas y su corrección (se realiza por medio de un examen médico y una ecografía de las arterias carótidas).
Controlar el ritmo cardíaco. Cualquier persona puede hacerlo simplemente tomándose el pulso. Esto ayuda a detectar una alteración en el ritmo cardíaco: la arritmia es otro factor de riesgo importante.
Llevar un estilo de vida saludable: no fumar, desarrollar una actividad física regular y moderada, limitar la ingesta de alcohol, consumir frutas, verduras y lácteos, cuidar el peso corporal y controlar el déficit de magnesio.
Las señales y los síntomas de un ataque cerebral aparecen de repente. Por eso cada minuto transcurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora del cuerpo, la palabra, la visión, la actividad psíquica y por supuesto la muerte. Ante la ocurrencia de síntomas es muy importante recurrir al médico que sabrá diagnosticar qué tipo de ataque cerebral está en curso.
Los síntomas más importantes de un ACV son debilidad o adormecimiento de la cara, brazo o pierna, usualmente de un lado del cuerpo; dificultad para hablar, comprender o tragar; dificultad para ver con uno o ambos ojos; visión doble, pérdida del equilibrio o coordinación, vértigo; y dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad, sin causa aparente.
Ante esta situación, se debe ir inmediatamente a un centro médico o llamar al servicio de emergencia público (SAME llamando al 107) o privado (obra social, mutual o prepaga) aclarando que la persona presumiblemente ha sufrido un ACV, lo que constituye una emergencia neurológica con riesgo de vida o de secuelas graves y requiere el inmediato envío de una ambulancia.
Mientras se espera la ambulancia, hay que acostarlo al paciente con una o varias almohadas evitando que se caiga; la persona debe ser colocada de costado para evitar que la salivación o que un eventual vómito bloqueen sus vías respiratorias; y no hay que proporcionarle ningún tipo de medicación, ni líquidos, ni alimentos.

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