Prueban que 20 minutos de siesta alcanzan para recuperar la energía

También permiten aumentar la atención y continuar con entusiasmo la actividad laboral

Valeria Román
Clarín
8-9-2013

Se sabe que la siesta después del almuerzo es reconfortante, pero la cuestión es cuánto tiempo conviene dormir por la tarde. Los científicos que se dedican a contestar este tipo de preguntas ya han demostrado que una siesta que no supere los 20 minutos alcanza para recuperar alerta y energía.

Es que los científicos están estudiando y rescatando cada vez más a la siesta como un camino para compensar las horas que no se duermen por las noches, y para hacer que se mejore la productividad y la concentración en el trabajo, especialmente en empleos en los que un descuido puede ser fatal: por ejemplo en el caso de los choferes de trenes, ómnibus y colectivos.

“La duración ideal de la siesta depende de la actividad que haga cada persona y de qué necesitará hacer después de dormir”, explicó Daniel Vigo, investigador médico del Conicet y profesor de la Universidad Católica Argentina (UCA).

“Si una persona duerme alrededor de 8 horas por la noche, le servirá la siesta de 20 minutos antes de las 4 de la tarde. Le llamamos “siesta energética”, porque evita caer en un sueño profundo y permite seguir con más entusiasmo la actividad laboral”, afirmó Vigo.

En cambio, si una persona durmió menos de 6 horas durante la noche, “es conveniente que la siesta sea más larga para recuperar la deuda de sueño”.

Normalmente, el ritmo biológico lleva a una baja en el alerta de cada persona entre las 13 y las 15 horas. Por eso, viene bien la siesta de hasta 20 minutos, ya que permite aumentar el estado de alerta y atención y mejorar el estado de ánimo. Con esa duración, sólo se tiene un sueño poco profundo. De esta manera, no se sufre el problema de la inercia del sueño, que consiste en una sensación de aturdimiento que se experimenta al despertar después de más de una hora.

La siesta de una hora puede favorecer la memoria de hechos, caras y nombres. Como en este tipo de siesta se entra en una etapa de sueño más profundo, se enfrentará la inercia del sueño al despertar. “Durante la inercia, que dura entre 15 y 30 minutos, nadie debería manejar vehículos, tomar decisiones cruciales, ni usar maquinarias, porque aún no está totalmente despierto”, advirtió Vigo.

También hay evidencias de los beneficios de la siesta de los 90 minutos: permite ser más creativo y mejorar la memoria de procedimientos (como andar en bicicleta) cuando vuelvan a despertar. “La siesta de los 90 minutos es muy útil para crear y generar ideas, pero puede resultar difícil que en las empresas le den ese tiempo para dormir”, comentó Daniel Cardinali, investigador superior del Conicet y profesor emérito de la, Universidad de Buenos Aires (UBA). “Desde el campo científico, recomendamos que las empresas o los organismos públicos den la posibilidad de dormir al menos 20 minutos a sus empleados. No sólo porque es beneficioso para la salud sino por conveniencia directa, ya que la siesta corta aumenta la productividad de los empleados”.

En los países desarrollados como los Estados Unidos o Japón, las empresas ya ofrecen espacios especiales para que los empleados duerman la siesta de 20 minutos. O permiten que vayan a “siestarios” cercanos para dormir y volver renovados al trabajo.

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