Las ventajas y desventajas de ser carnívoros

Vaca, pollo, cerdo y pescado. Los platos argentinos suelen tener, a diario, diferentes cortes de estos animales, ¿pero sabemos qué estamos comiendo? Ventajas y desventajas de ser carnívoros.

Por Verónica Salatino
Revista Maru
15.9.2013

No hace falta casi decirlo: los argentinos somos mayormente carnívoros, y si es vaca, mucho mejor. Ahora bien, no siempre consumimos estos alimentos de manera responsable o equilibrada. ¿Por qué es importante comer carnes? Porque todas son fuentes de proteínas de alto valor biológico, hierro, zinc, vitamina B12, vitamina B6 y otros nutrientes fundamentales para la salud. “Las proteínas están formadas por aminoácidos, que son imprescindibles para la vida, y algunos de ellos únicamente podemos obtenerlos a través de la comida. Cuando una proteína tiene todos los aminoácidos esenciales en cantidad suficiente y en la proporción adecuada se la considera una proteína completa o de buena calidad. Y estas son precisamente las que encontramos en los alimentos de origen animal como la leche, la carne, el pescado y los huevos”, dice la licenciada en Nutrición Adriana Immerso, del equipo de OCMI (Obesidad y Cirugía Mini Invasiva). “Las carnes permiten cubrir nuestras necesidades de hierro, que es fundamental para la formación de la hemoglobina, el componente de la sangre encargado de transportar oxígeno a todas las células del cuerpo. También son importantes para el buen funcionamiento del cerebro y el rendimiento físico”.

La indicación promedio de los médicos es consumir entre 100 y 150 g diarios de carne, pero todo depende de las necesidades calóricas y proteicas de cada uno. “El exceso de carnes en general implica proteínas y grasas de más, según el corte elegido. Como todas las carnes tienen un valor nutritivo similar, es importante alternarlas durante la semana. Ningún exceso es bueno; la alimentación debe ser equilibrada en los diferentes nutrientes y variada entre los distintos grupos de alimentos”, explica la licenciada Adriana Gullerian, vicedirectora y profesora de la licenciatura en Nutrición de la Fundación Barceló.

¿Entonces, qué como?

Están los que aseguran que no se puede vivir sin un buen churrasco, los detractores de la carne roja que dicen que no es vital su consumo y los que afirman que con más pollo y pescado en la dieta se puede disminuir la ingesta de los cortes vacunos. Según la licenciada Immerso, es importante consumir carnes rojas por la gran cantidad de hierro fácilmente absorbible, así como carnes blancas, como el pescado, por su contenido en grasas insaturadas, beneficiosas para el corazón.

Ahora bien, cuánto debés comer de cada una es otra de las dudas más comunes. Una buena medida es consumir carne roja tres veces por semana; y aves, pescados y mariscos, dos veces cada uno. En materia de cantidades, tampoco es cuestión de comerse una res entera: un churrasco mediano, medio plato de carne picada, dos hamburguesas caseras chicas, 250 g de pollo sin piel, una milanesa grande o dos pequeñas, dos rodajas gruesas de carne magra (peceto, colita, paleta). Los excesos pueden jugarte en contra. Si comés todos los días un churrasco, estás dañando tu salud, ya que contiene muchas purinas cada 100 g, y su degradación en el organismo genera ácido úrico, cuyo exceso en sangre puede traer consecuencias articulares como la gota. Del otro lado están los que no consumen ni un bife, y tampoco, según los especialistas, esto es siempre recomendable. “El hierro es un mineral muy importante para el organismo por su papel en la oxigenación de la sangre. La falta de hierro provoca anemia ferropénica, cuyos síntomas son: cansancio, palpitaciones, falta de concentración, palidez de piel y mucosas y dolor de cabeza. También aparecen grietas en los labios y debilidad en el pelo y las uñas”, explica Immerso. “Las personas que no comen carne vacuna o de cerdo y sólo pollo y pescado tenderán a ingerir menor cantidad de hierro. Si bien algunos pescados (como las sardinas y anchoas, o los mejillones, berberechos y almejas) tienen buena cantidad de hierro, se consumen en menor proporción”. Entonces, la recomendación es seguir el sentido común y el camino del medio: una dieta equilibrada, con un poco de carne, bien cocida, te asegura una base de salud.

Cuidado con ese rosadito

Las carnes y pescados crudos o poco cocinados pueden producir toxiinfecciones, ya que podrían estar contaminados por gérmenes. Además, con la cocción coagulan las proteínas musculares, lo que hace más fácil su digestión.

El juego de las diferencias

• Vaca: presenta grasa poco beneficiosa, pero aporta el doble de hierro que otras carnes y es rica en potasio, magnesio y fósforo, además de contener ácido fólico y otras vitaminas del complejo B.

• Pollo: tiene mejor contenido graso; sin embargo, es fundamental eliminar la piel y las vísceras.

• Cerdo: posee más contenido graso, y eso no le hace ningún bien a tu cuerpo. Si vas a comerlo, elegí cortes magros. Esta carne está contraindicada para personas que sufren de colesterol.

• Pescado: es la fuente principal de ácidos grasos de la familia omega 3, que son muy beneficiosos. A diferencia de las grasas de las otras carnes, estas son indispensables en cualquier dieta

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