La vitalidad creativa de un gran escritor de apenas 88 años

Por alguna enigmática razón, la literatura brasileña es de las menos leídas en la Argentina (menos que la inglesa y la estadounidense, por supuesto, menos que la italiana y la francesa, también…¡menos aún que la española!). Tal vez la ausencia de buenas ediciones pueda haber funcionado en parte como explicación de este fenómeno. Pero esta situación de a poco va revirtiéndose, sobre todo debido al impulso y la ayuda económica del Ministerio de Cultura del Brasil, que subvenciona traducciones y ediciones de sus autores en distintos mercados, entre ellos el argentino. Así, han sido editados en el país, solo en los últimos pocos años, autores clásicos como Joaquim Machado de Assis y Joao Guimaraes Rosa, y contemporáneos como Joao Gilbeto Noll, Milton Hatoum, Sergio Sant’Anna, Daniel Galera, Luiz Ruffato o Dalton Trevisan. Hasta ahora había quedado excluido de esa suerte de desembarco masivo de la literatura brasileña uno de sus autores más prolíficos, enigmáticos y atractivos: Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925).

Por Maximiliano Tomas | Para LA NACION
Jueves 05 de septiembre de 2013 |

Autor de una veintena de libros de cuentos y de más de una decena de novelas, algunos libros de Fonseca fueron publicados entre los años 90 y comienzos del 2000 (y un poco azarosamente) por la editorial Norma. Después de que esa casa editorial dejara de dedicarse al terreno de la ficción, sus textos flotaron libres por ahí, en el limbo de los escritores huérfanos, hasta que El Cuenco de Plata decidió comenzar con su publicación programática, empezando por sus dos primeros volúmenes de relatos: Los prisioneros , de 1963, y El collar del perro , de 1965 (prometiendo para el año que viene los relatos de Feliz año nuevo y la novela El gran arte ).

Autor de una veintena de libros de cuentos y de más de una decena de novelas, algunos libros de Fonseca fueron publicados entre los años 90 y comienzos del 2000 (y un poco azarosamente) por la editorial Norma
Lo extraño de la falta de circulación de la obra de Fonseca en la Argentina es que todo lo que no es estrictamente literario, y se supone que vuelve a un autor atractivo para el gran público, está ahí: antes de dedicarse a la escritura (cosa que hizo recién a los 38 años) fue policía y abogado; ganó, salvo el Nobel, los premios más importantes de su país, entre ellos el Camões, y también el Juan Rulfo; escribió guiones para la televisión y el cine, y el personaje que creó para sus novelas policiales, el investigador Mandrake, tuvo una adaptación homónima para una serie de HBO; mientras tanto, y por décadas, sigue negándose a aparecer en público gratuitamente y no concede, salvo en contadísimas ocasiones, entrevistas. ¡Hasta puede darse el lujo de decir que es amigo de Thomas Pynchon, y fue elogiado por él! Finalmente, es incluso un gran titulador, como lo demuestran algunos de sus títulos: Vastas emociones y pensamientos imperfectos , Secreciones, excreciones y desatinos , Del fondo del mundo prostituto sólo amores guardé para mi puro o Axilas y otras historias indecorosas . Y a pesar de todo esto ahí está su literatura, aún bajo la equívoca etiqueta de “autor de culto”, lista a ser descubierta por los lectores locales.

Antes de dedicarse a la escritura (cosa que hizo recién a los 38 años) fue policía y abogado
Por supuesto que para un buen lector nada de esto tiene la menor importancia: ahí están sus libros, si es que hacen falta argumentos. ¿Qué tienen para ofrecer, por ejemplo, estos dos títulos que acaban de ser editados y ponen a disposición los primeros pasos narrativos de un Fonseca que ya había vivido lo suficiente como para ponerse a escribir? En principio, una síntesis de su universo narrativo, y de los personajes que suelen poblarlo: asesinos apocados, fisicoculturistas con problemas existenciales, enanos de toda laya, oficinistas de cualquier rubro (vendedores de seguros, encuestadores, agentes inmobiliarios) y unas cuantas mujeres hermosas. Está el humor absurdo, el talento para el registro oral y la construcción de escenas dialogadas, los argumentos irresueltos que sedimentan en la cabeza del lector (para estallar horas o días después), e incluso cuentos policiales que respetan al pie de la letra las convenciones del género: una de las características de los libros de relatos de Fonseca es que presentan este aspecto de desorden y hasta cierto caos, en el que uno podría encontrar, como en el último cajón de la cocina, casi cualquier cosa. Muchas veces el encanto de sus cuentos está en la construcción de protagonistas memorables, más que en lo que efectivamente sucede. Descentrados y capaces de cualquier acción o pensamiento, no sería tan inadecuado pensar a sus personajes como el resultado de un experimento de laboratorio (tan monstruoso como inesperado) que cruzara el material genético de Roberto Arlt con el de César Aira.

Los últimos libros de Fonseca están fechados en el 2011, y nada parece indicar que su capacidad creativa vaya a decaer. Si su obra no ha circulado como debiera, el defecto debe ser nuestro. Y va siendo hora de remediarlo

http://www.lanacion.com.ar/1617054-la-vitalidad-creativa-de-un-gran-escritor-de-apenas-88-anos