Campanella: Trucos para una vejez feliz

Juan José Campanella no llegó aún a los 55 años. Por eso me llama la atención que últimamente ande diciendo en las entrevistas que ya es un hombre mayor o cosa por el estilo, mitad en broma mitad en serio. Tal vez, la cuestión del envejecimiento ande rondando en su cabeza a raíz de “Parque Lezama”, la obra con la que acaba de debutar como director de teatro.

31.08.2013
Por Adriana Schettini
Clarín

Es una adaptación, hecha por el propio Campanella, de “I’m Not Rappaport”, de Herb Gardner. Protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco, la comedia gira en torno a dos hombres maduros: un militante del Partido Comunista y un fiel seguidor del “no te metás”. Ambos se enfrentan a la realidad de un mundo que va cambiando vertiginosamente. Pero, yendo a lo nuestro, les cuento que los periodistas de “Tiene la palabra” (TN) —Silvia Fesquet, Cecilia Absatz y Fernando Cerolini— también repararon en la preocupación de Campanella por la vejez. Se lo plantearon anoche, en el ciclo que conducen Lorena Maciel y Luis Otero. Sagaz, él insistió con su edad, ésa de la que habla con exageración: “Yo diría que ya he dejado atrás el tema de la vejez y lo que ahora me preocupa es la muerte. Así que ojalá que la vejez me dure mucho”, sostuvo.

A medida que lo escuchaba caí en la cuenta de que su actitud de mantener un diálogo interno con la vejez desde los 54 años conlleva un beneficio secundario. Tras haber aceptado que envejecer es la única alternativa a la muerte, Campanella se ha armado planes para tener una ancianidad feliz. “El problema es cuando uno deja de reinventarse y de proponer cosas nuevas, porque entonces, estás muerto en vida”, declaró en TN. Es evidente que si pudo dedicarle tres años de su vida a la realización de “Metegol”— la película animada que es un fenómeno extraordinario en la taquilla—, Campanella está acostumbrado a planificar a largo plazo. Así, el ganador del Oscar por “El secreto de sus ojos” comenzó a tomar recaudos para que su futuro encuentro con la vejez no lo sorprenda. Quiere estar preparado para poder disfrutarla a pleno. Les cuento qué anda haciendo, con independencia de los proyectos atinentes a su oficio.

Un día decidió ordenar su alimentación e ir al gimnasio cuatro veces por semana. El resultado está a la vista: adelgazó 20 kilos y se siente mejor. Ahora, acaba de rendir el examen de ingreso a la universidad Di Tella para hacer un posgrado en Ciencias Políticas. ¿Cuál es el objetivo de ponerse a estudiar esa disciplina, cuando su formación académica comenzó en Ingeniería, carrera que dejó por el cine?, le preguntaron en “Tiene la palabra”. “Quiero estudiar para saber un poco más de un tema que me interesa —contestó—. Y me inscribí en la universidad para obligarme a hacerlo, para no relegarlo a los tiempos libres”.

Reinventarse y proponer cosas nuevas para no sentirse un muerto cuando uno sólo sea un anciano, propuso Juan José Campanella. Y él, además de generar novedades, se suma a las que va apareciendo. Con su pequeño hijo Federico, comparte lo que le fascina a un chico de hoy: “La pasión por la computadora, el Ipad y los juegos electrónicos”. En pleno auge de las redes sociales, se decidió a usar Twitter y enseguida, sus opiniones sobre la realidad política y social armaron un revuelo padre. “Ahora la corté un poco con Twitter —contó anoche— porque advertí que genera una falsa sensación de intimidad. Y también es difícil lo del límite de los 140 caracteres: a veces, paso una hora pensando una frase”. No obstante, cuando tuitea, genera todas las reacciones imaginables menos la indiferencia.

Hacia el final del programa le preguntaron con cuál de sus obras le gustaría trascender. Sencillamente, contestó que no sabe. Que en todo caso, su idea de trascendencia pasa por su hijo. Entretanto, Campanella no deja de hacer. Gimnasia, películas, obras de teatro, una nueva carrera universitaria, la apertura a las nuevas herramientas de comunicación y el ejercicio de un sentido del humor que le permite reírse “de casi todo”. Con esos trucos, sabe que no será difícil sentirse a gusto con la vida hasta el último día. Tal vez por eso se da el lujo de presentarse como “viejo” antes de serlo.

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