Antes de la Medianoche: Un ensayo sobre la vida en pareja

La trilogía dirigida por Richard Linklater comenzó como un homenaje a un romance casual que el director vivió en su juventud. Junto con la guionista Kim Krizan crearon los personajes y las situaciones y pusieron a los bellos e inteligentes Celine y Jesse en el mundo.

Pero más que una simple saga cinematográfica donde se relata una historia que es demasiado extensa para ser representada en apenas dos horas, las idas y vueltas de Celine y Jesse por el mundo son un fenómeno cultural de nuestro tiempo: los espectadores nos reunimos cada exactos nueve años en un ritual que es a la vez abierto y secreto, para ver cómo evolucionaron estos personajes y también para ver cómo la vida fue marcando los rostros y las aptitudes expresivas de Julie Delpy y Ethan Hawke, pareja protagónica de los films. Claro que al ser el cine un espejo de nuestro mundo, lo que hacemos al mirar las películas no es más que observar nuestra propia evolución personal, reflejada en las peripecias de los personajes.

ABC Cultural
6-8-2013

Conformando una singularidad cinematográfica, los años van pasando en tiempo real para todos: actores, director, personajes, el planeta que habitamos y, sobre todo, nosotros los espectadores. Quienes vimos las películas sabemos en qué fibra íntima nos toca cada una de ellas, pero seguramente reconoceremos en común que siempre nos cuestionan sobre muchos temas que nos gustaría hablar con nuestras parejas o con nuestros amigos: desde la finitud de la vida o la toma de decisiones para aprovechar nuestras oportunidades, hasta los problemas ambientales y la enceguecedora ambición de poder que caracteriza a los dirigentes contemporáneos.
Antes del amanecer (1995), la primera de estas películas, es en apariencia una comedia romántica edulcorada donde dos personajes jóvenes y bellos se encuentran casi por accidente y todo les sale bien. Sin embargo, la cinta empieza con una pareja de mediana edad discutiendo airadamente en público y continúa, a los pocos minutos, con expresas referencias a la muerte y a la necesidad de valorar cada minuto de nuestro paso sobre esta vida.
El descubrimiento del amor y de una inusual conexión espiritual con otra persona se cruzan con preocupaciones sobre el fracaso personal, el futuro y los problemas de género, expresados en diálogos punzantes brillantemente actuados. Antes del amanecer tiene un final inconcluso, donde se abre la posibilidad (o no) del reencuentro de los personajes.
Nueve años más tarde el mismo equipo artístico se reúne para continuar con la saga. El resultado se llamó Antes del atardecer (2004) y los actores protagónicos asumieron para este proyecto un mayor compromiso creativo, participando en la elaboración del guión. El resultado nos encuentra a todos (protagonistas, personajes, espectadores) nueve años más viejos y más maduros, también más dolidos y menos ingenuos. Celine y Jesse son ambos profesionalmente exitosos, pero sus vidas afectivas quedaron signadas negativamente por el reencuentro que nunca se produjo.
Es memorable la escena en el café donde ambos personajes comentan las marcas del paso del tiempo en los rostros de los actores, al fin y al cabo seres tan de carne y hueso como nosotros espectadores: la realidad entrecruzada con la ficción, al servicio del desarrollo narrativo.
En Antes del atardecer, además de volver a contarnos una historia de amor, Linklater propone hacernos reflexionar sobre problemas ambientales, la magia del universo y, una vez más, el romanticismo a la luz de los problemas de género y de pareja en el siglo XXI, ahora percibidos desde la complejidad de comprensión que a veces otorga el paso del tiempo.
Pasados otros nueve años, Linklater, Delpy y Hawke traen nuevamente a sus personajes a la vida. Los cambios ficcionales, personales y globales propuestos en Antes de la medianoche (2013) confirman que, aún sin claudicar del amor, no es posible olvidarnos que el camino de los hombres también está hecho de dolor y frustración. Ahora Celine y Jesse están casados, con hijos, un hogar, una carrera, un historial de enojos y muchas responsabilidades. Los erosiona, como a muchas parejas contemporáneas, el tedio de la vida en común, la postergación del aspecto profesional de las mujeres ante la necesidad de criar a los hijos, sospechas de infidelidades y divorcios complicados. El desafío de Linklater y sus personajes es abordar estos problemas dejando de lado las ilusiones de un amor por siempre romántico, reivindicar el amor coexistiendo de la mano con el dolor y la dificultad.
Tal vez esta sea la diferencia más notable entre la trilogía de Linklater, Delpy y Hawke y otras películas del género romántico: los aspectos dolorosos no son sesgados en favor de una idealización de la vida de a dos. La pareja discutiendo en la escena inicial del primero de los films es profética. Construir una relación parece ser ante todo un enorme desafío, una suerte de trabajo ciclópeo hecho a la manera de las hormigas: cuentan más los pequeños gestos en la intimidad que la grandilocuencia de los momentos épicos. Y esta cotidianeidad minuciosa hecha de conversaciones y miradas sin grandes artilugios es la materia prima con la que se construyó esta trilogía, tres películas que son a la vez objetos de culto tanto como signos de nuestro tiempo.

Por Sergio Victorino, profesor del Taller de cine contemporáneo de la Escuela de Ciencias del Envejecimiento de la Universidad Maimónides.

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